Visitas de la última semana

viernes, diciembre 26, 2008

Noche buena

La noche del miércoles la pasamos bien. Estuvimos con la familia de Maty disfrutado una estupenda velada. Cenamos pavo, pierna de cerdo y bacalao acompañado de espagueti y un riquísimo postre de manzana. Fue una noche transparente, fresca y tranquila en la que me deleité estando cerca a mis tres hijos. Recibí una llamada de Guy e intercambiamos saludos y buenos deseos. Al día siguiente organizaron el recalentado en nuestra casa y estuvimos inmersos en la plática hasta bien entrada la noche. Ambas reuniones se realizaron sin estar planeadas y en ellas participaron personas que generalmente no están. Quizá por eso me resultaron perfectas.

martes, diciembre 23, 2008

Solo es cuestión de buscar

Hay días grises y sin chiste como el de hoy en que ni un hilo de luz traspasa la gravedad y densidad de las nubes. La lluvia se desparramó lenta, minuciosa e incesante sobre la solidez que nos rodea. La humedad furtiva se deslizó por las hendiduras de las puertas para luego flotar libre por el interior de la casa hasta perderse o posarse en el primer objeto sólido que encontró. Pero aún en días lánguidos como este es posible observar si se quiere (o se sabe buscar) belleza en el escenario. No hay sol, es cierto, pero el aire está vaporoso, húmedo y oloroso. El jardín y la tierra beben y se hidratan después de un prologado periodo de sequía. Las hojas se doblan por el peso del rocío que después de mucho acumularse rueda en forma de gota por su tersa superficie hasta desprenderse como lágrima de su temporal refugio. Es fácil añorar la calidez del sol y menguar mérito a la brisa. Hoy me empeñé en buscar belleza y la encontré.

viernes, diciembre 19, 2008

El ajedrez

Fue a finales de los 60’s (¿o principio de los 70’s?) cuando me interesé por este juego de estrategia y ejercicio neuronal. En aquella época de agitación ideológica (la guerra fría, la conquista espacial, el espionaje y el contraespionaje estaban en su apogeo) se reunían con bastante frecuencia los González y los Conchas a ejercitar el agradable arte de la ya casi olvidada convivencia familiar. El lugar de las reuniones no era un antro, tampoco un club de membresía, mucho menos un estadio atestado de bullicio, no, nada de eso. Las tertulias se hacían en la casa de ellos o en la casa de nosotros. Nunca fueron planeadas. Empezaban con uno o dos pares de individuos ante un tablero de ajedrez al que se sumaban luego algún trovador voluntarioso con una guitarra acústica y zalamera o algún bohemio con una o dos botellas con agüita que ataranta. El objetivo en las partidas de ajedrez era mantenerse ante el tablero el mayor tiempo posible. Al perdedor lo sustituía inmediatamente otro jugador y el ganador permanecía en su trono regodeándose de sus victorias hasta que otro, más ducho o menos cansado, lo despachaba. El perdedor siempre buscaba acomodo en la siempre jubilosa trova que se hacía llamar los tres tristes cuajináis, o en algún acalorado grupo conversador que le hiciera olvidar pronto su aplastante y sufrida derrota anterior. De esta forma se daba el tiempo para resanar su orgullo maltrecho mientras esperaba pacientemente el próximo juego y muy probablemente también su siguiente descalabro. Cuanto mas desciendo en la caverna de mis recuerdos mejor se perfilan los nombres (aunque ligeramente empolvados por el tiempo) de algunos de aquellos entrañables personajes y primos a la vez: Lencho, David, José, Lolo. Hay más, solo que el resto de los nombres han sido borrados de mi antiguo y poco transitado archivo general, victimados por la humedad, el calor del trópico y la poca ventilación. Archivo que por otro lado se ha venido deteriorando lentamente con el tiempo como si hubiera sido impreso en cinta celuloide y guardado en el interior de un boyante termitero. Nos dejamos de ver hace más de 30 años debido a los trajinares naturales de la vida. Ellos salieron de Guadalajara después de terminados sus estudios y cada uno siguió su propio derrotero. Ahora andamos desbalagados a todo lo largo y ancho del país con muy pocas posibilidades de encuentro pero siempre unidos por aquel maravilloso pasado común. No cabe duda que aquella época dejó sembrado en mí la semilla de la introspección y me llevó con los años a convertirme en un ser felizmente monosilábico. Vinieron a mi los recuerdos de aquellos años por la triste noticia del fallecimiento de mi tío Félix padre de David. Toña me comunicó hace apenas unos días el lamentable suceso y me uno a la pena que embarga a mis primos. Lanzo a todos ellos un afectuoso saludo a través de la red con la misma secreta esperanza con que Mario Benedetti lanzó su botella al mar y cuyos versos aquí les dejo:

Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.

lunes, diciembre 15, 2008

Vacaciones

Estoy de vacaciones desde el lunes pasado. Es la primera vez que logro hilar de corrido mis días de vacaciones y ahora no se que hacer con ellos. Cuando estoy anegado de trabajo deseo incesantemente tener un pequeño espacio de sobra y que al mismo tiempo me alcance la cuerda para hacer algo con él. En días de trabajo casi nunca se me dan juntas las dos cosas, si me sobra brío me falta tiempo o viceversa. Ahora, tanto tiempo me esta indigestando y ya no recuerdo lo que me prometí hacer de tenerlo a manos llenas. Mientras me adapto a mi nueva condición empezaré por hacer algunos trámites que he estado posponiendo por incompatibilidad de horarios con mi trabajo. Ya se me irá ocurriendo en que más ocupar mi tiempo libre que ahora me abruma.

domingo, diciembre 14, 2008

El paseo

El viernes nos fuimos a Palenque para que Aranza conociera la zona arqueológica de la antigua ciudad Maya que gobernó el rey Pakal hace 1400 años. La primera vez que visité este lugar me produjo una grata impresión. Si tuviera que utilizar una sola palabra para definir ese momento usaría la palabra sorpresa. La razón de esta impresión es que a diferencia de otras ruinas mayas (o aztecas) las de Palenque están en medio de una densa selva. Por ejemplo en Uxmal o en Chichen-Itza uno puede ver las pirámides desde la entrada a la zona arqueológica pero en Palenque es diferente. Aquí uno puede estar parado a 30 metros de la pirámide más cercana sin observar nada todavía. De pronto, al dar vuelta en el último recodo del andador ¡sorpresa! Aparece majestuosa y magníficamente conservada la pirámide de las inscripciones que sirvió de tumba al rey Pakal. Los ojos no se cansan de ver estas pirámides incrustadas en mitad de la selva que producen en quien las mira una intensa paz interior y el deseo de permanecer inmóvil en su contemplación por tiempo indefinido. Con algún pesar abandonamos Palenque para continuar nuestro recorrido a las cascadas de agua azul. En mitad del trayecto hicimos un alto para visitar la cascada misol-ha que tiene una caída de agua de aproximadamente 30 metros y que llena de brisa fresca los alrededores. Aquí se respira el olor de la montaña y se escuchan los ruidos naturales de la selva. Existe un andador que lleva a los visitantes que buscan emociones diferentes a caminar detrás de la caída de agua. Este andador fue construido detrás de la cascada aprovechando un espacio natural entre la roca modelado seguramente por la erosión del agua durante algunos milenios. Después de media hora retomamos el ondulante camino que nos llevaría a nuestro último destino; las cascadas de agua azul. Este trayecto es el más sufrido por Gladis debido a la gran cantidad de subidas y bajadas que serpentean a todo lo largo del camino. Durante todo el recorrido no cesó de hacerme un sinfín de recomendaciones; ve más despacio, adelante hay una curva, ¡tope! (grito y salto casi siempre fueron simultáneos), cuidado con ese carro, no rebases, adelante hay grava suelta, no te acerques a la orilla, ¿no es eso un deslave?, etc., etc. No es fácil describir las emociones que produce este lugar cuando sus efluvios entran en contacto con nuestros sentidos. La naturaleza nos regala una de sus mejores escenografías utilizando como elementos un ancho río de agua azul que fluye en sucesivas cascadas y remansos entre grandes, redondas, blancas y lisas piedras calizas; todo rodeado de una cerrada vegetación cubierta por una capa de oloroso musgo y todo tipo de enredaderas. Llegamos a casa todos molidos como a las 8 p.m. directo a la regadera y a dormir de corridito hasta al siguiente día. Hoy alrededor de las 6 a.m. Gladis y Pedro encaminaron a Aranza de regreso a Gdl dando así por terminada su visita de una semana por estas tierras del sureste.

miércoles, diciembre 10, 2008

19 años

Ale cumplió 19 años hoy. Gladis y Yo fuimos ayer a Villahermosa a comprar un pastel y carne para asar. Como Ale no nos dijo la cantidad de amigos que vendrían (seguramente porque tampoco lo sabía), decidimos comprar solo 3 kilogramos de carne. Mal cálculo. Llegaron mucho más personas de lo estimado. Complementamos el faltante con varias decenas de quesadillas y unos buenos tamales de chipiln. Un dato curioso es que del 10 al 27 de diciembre Ale y Pedro tienen la misma edad. Si alguien preguntara su edad en uno de esos días pensaría que son gemelos o que están bromeando.

lunes, diciembre 08, 2008

De pata de perro

La mala suerte se nos vino a meter de inquilino a la casa. La camioneta esta aún en el hospital de los enfermos motorizados y el coche ha estado perdiendo agua desde hace ya un mes. No he podido llevarlo a la agencia por estar esperando la compostura de la melindrosa camioneta. Lo que he venido haciendo es recuperar el agua perdida casi diariamente para que pueda seguir rodando. Pero hoy fue el colmo. Gladis me ayudó a recuperarle el nivel y parece que el tapón quedó flojo o trasroscado y llegando a Reforma empezó salirle humo del cofre como si ardiera una fogata en su interior con madera de pirul. Al abrir el cofre encontré el recipiente de agua vacío y sin tapón. Mal presagio –pensé. Afortunadamente no pasó a mayores y con una cajita de chocolates de aluminio improvisamos un tapón y así pudimos regresar a casa. Ahora sin coche quien sabe como vamos a salir del atolladero de llevar a Aranza a conocer Palenque, o ya de perdis el parque museo La Venta.
Hablando de cosas más pasaderas les comento que la fiesta de Kory salió bien. Estuvimos hasta las 2 a.m. y regresamos a casa en medio de una densa neblina. Don Lucio hizo a un lado el bastón y se puso a sacudirle el polvo a la pista de baile que daba vértigo. Como suele suceder en estas reuniones, llegaron personas que por lo regular no se ven. Entre el ruido de la música y el mucho mover los pies se intercambiaron numerosos saludos, abrazos y añoranzas. Kory y Emmanuel han de estar ya en Cancún pisando la arena blanca y sumergiéndose en aquel claro y transparente mar turquesa. Enhorabuena.

domingo, diciembre 07, 2008

Noche de fiesta

Hoy en la noche es la fiesta de Kory. Ayer llegaron Pedro y Aranza ya muy avanzada la noche. A Gladis se le iluminaron los ojos como faros cuando vio los dulces de guayaba con relleno de cajeta que Toña le envió. Pronto salió a relucir el cuchillo (seguro sorprendido de que alguien lo arrancara de su gaveta a tan altas horas de la noche) para cortar gordas rodajas de dulce y apaciguar un poco los brillantes ojos de Gladis. En días como este todo es ajetreo. La cabeza por artes desconocidas se desconecta del cuerpo y ambos marchan por su lado como verdaderas mulas tozudas. La camioneta como ya es su costumbre continúa con sus ilimitados achaques. Ya tiene cerca de un mes en el taller victima de su edad y su mala suerte. El taller que la agencia tiene por acá es un verdadero fiasco y sus atentos trabajadores asumen que los clientes no necesitan sus carros. Así las cosas, Gladis se vio en la necesidad de aceptar ayer el ofrecimiento que le hizo la vecina de prestarle su camioneta para que saliera de apuros en estos días de auténtica necesidad. Pedro salió con Ale y Aranza por unas amigas de Kory que vienen del DF y apenas 15 minutos después de su salida llamó para comunicarle a su mamá que se le poncho una llanta. Gladis olvidó el teléfono en el coche y no puede recibir ni hacer las llamadas a las que esta acostumbrada (cada media hora) más aquellas que se pudieran ofrecer en un día tan azaroso como este. Todo camina a marchas forzadas como si manos de diablillos traviesos escondieran las cosas necesarias o sembraran otras innecesarias para que uno con las prisas se tope con ellas.
Ayer me vi en la necesidad de abandonar la escritura de este texto a fin de salir a buscar un par de llantas al coche. Luego me dirigí al talachero para que las cambiara porque ya estaban de dar lástima.. Por esta razón publico asta ahora lo que ayer de carrera escribí.

sábado, noviembre 22, 2008

Diez lustros

Hoy se agrega un año más a la historia de mi caminar bajo el cielo. Contándolos de uno en uno la suma llega a 50. Agrupar los años de este modo no me resulta atractivo. Mejor será de aquí en adelante apiñarlos de forma más conveniente para mis importes y sosiegos. Es de todos conocido que la muerte siempre viene aparejada con los muchos años vividos y siempre será mejor que la cantidad de estos se oiga poca a que se oiga mucha. De este modo, será siempre más alentador decir que en este día cumplí cinco decenios, más, para no sonar tan lozano mejor será agruparlos en lustros. Así pues, podré decir sin que suene fatalista y sin faltar a la verdad que acabo de alcanzar la pequeña cifra de diez lustros.

lunes, noviembre 17, 2008

Tiembla la tierra

A las 5 pm, mientras comía unas ricas mojarras la tierra tembló a la vez que el aire nos traía el ruido grave y sordo de una explosión. Los vidrios de las ventanas traquetearon al mismo tiempo que Gladis y Yo nos mirábamos con expresión interrogante pensando seguramente en el mismo derrotero. Ella se llevó la mano izquierda al pecho como tratando de detener un poco los tumbos que en ese momento daba su corazón. Mi mente empezó a trabajar en las hipótesis que pudieran explicar el motivo y el lugar de la explosión que a todas luces no era normal. Inmediatamente una de las hipótesis empezó a tomar relevancia: Accidente en Cactus. Pronto mi temor se hizo realidad al escuchar el ulular de las sirenas pasando a un lado de la colonia, sin duda ambulancias. Dos personas muertas y una herida es el saldo hasta el momento de esta explosión. Llaman a la casa los familiares de Gladis para preguntar por la integridad física del que escribe. Él está bien –les informa. Recibo también una llamada de mi hermana Toña. Aprovechamos para intercambiar saludos y noticias.

domingo, noviembre 16, 2008

Cambio de estado

Kory esta diciendo adiós a su soltería. Gladis y Ale están en Villahermosa con ella. Yo estoy en casa algo cansado. Tengo poco de haber llegado de trabajar. Luego de comer un caldito de pollo me dispongo a reanudar la lectura “En busca del unicornio”. A un lado mío esta también, guiñándome el ojo, una edición conmemorativa de “Cien años de Soledad”. Decido leer la breve semblanza que de García Márquez hace su amigo y paisano Álvaro Mutis y el aporte personal que de esta obra hace Carlos Fuentes. Mientras leo, llega a mí el sonido inconfundible del agua de lluvia rebotando en el cristal de los ventanales. La lluvia fue intensa pero de duración corta. Me embargó de pronto el deseo de salir a respirar la humedad que normalmente flota en el aire cuando la vegetación recién se ha bañado. Al abrir la puerta el sol ya se había ocultado y la penumbra hacia su último rondín. Recibí de inmediato las caricias de pequeñas ráfagas de viento que gráciles me soplaban al oído su saludo vespertino. Llegaba a mis oídos desde la cima de las palmeras un leve cascabeleo producido por el frotamiento de sus anchas y largas hojas fibrosas y palmeadas. La gardenia se alzaba henchida de verdor mostrando con soberbia sus brillantes hojas danzantes que se movían al compás hipnotizante de aquella música de viento. El olor del césped recién cortado intensificaba el aroma dulce de la clorofila aún presente en la pedacearía de grama esparcida abundantemente en el jardín. Paco (el perico) me observaba fijamente como él acostumbra mirar a las personas, con su cabeza de lado para que uno de sus ojos redondos como canicas apunte directamente a su objetivo. Tenía las plumas esponjadas y su forma me recordaba la de una pelota de algodón de azúcar pero de color verde. Miré al cielo tapizado todo de nubes grises. Había solo pequeñas aberturas azules esparcidas aquí y allá que asomaban tímidas por entre los rollizos nubarrones. El cielo tenía una coloración anaranjada y titilante producida por el reflejo de las grandes lumbreras de los muchos mechones de gas encendidos en esta tierra de antiguas chapopoteras.
Nota: Este texto fue creado el sábado 15 de noviembre de 2008

viernes, octubre 31, 2008

Otra vez aquí

Ya transcurrieron varios días desde la última vez que escribí algo en este espacio. Han sucedido muchas cosas desde entonces empezando porque mi entorno se anego una vez mas. Las carreteras quedaron tan llenas de hoyos que se hace difícil llegar a tiempo a cualquier parte. Los negocios inician poco a poco a abrir sus puertas después de haber permanecido un buen tiempo alojando todo tipo de animales acuáticos. También como ya es su costumbre, la camioneta esta por enésima vez en el taller para que le alivien su crónica hipocondría. Decir que ya me tiene harto es poco, siempre se destartala cuando mas la necesito. Como pintan las cosas, tendré que sobornar a alguien para que se la lleve lejos de mí. Ale se empeñó en ir a un congreso de contaduría a la UNAM y ya tiene tres días por allá. Yo me acabo de desprender de una tarea que me tenía con dolor de cabeza desde hace como un mes, por consiguiente, ahora me siento livianito y con ganas de emprender cosas nuevas. Por lo pronto me he entretenido viendo a los animales que por la inundación se han visto obligados a huir de sus dominios regulares para aventurarse a deambular por los secos caminos asfaltados. La laguna bellamente renovada recibe la visita de innumerables garzas blancas que llenas de gozo planean y caminan con sus largas patas flacas por entre los juncos en busca de su ración diaria de alimento. Algunos pobladores se aventuran a tirar el anzuelo en sus orillas seguros de encontrar entre sus aguas algún pez atarantado por la abundancia de agua de su otrora raquítica laguna. Muchos tienen suerte y regresan a su casa con la comida del día. Eso si, no hay garantía de que se encuentre libre de cólera. Continua habiendo muchas casas en el agua, sobre todo al sur de Tabasco. El año pasado fue el río Grijalva el que inundo al centro de Villahermosa y sus alrededores. Esta vez toco el turno al caudal del Usumacinta. El próximo año quien sabe cual corriente nos mojara.

viernes, octubre 03, 2008

Tierra mar

Esta última semana ha sido de mucha lluvia. La tierra se hizo pantano, el charco se convirtió en laguna y el arroyo se transformo en río. Volvió el sentimiento de impotencia a reflejarse en la cara de la gente que vive cerca de tierras anegables. A los costados de las carreteras se alzan improvisadas viviendas hechas con lona, lámina o cartón en las que viven hacinadas las personas cuyas casas están ya entre el agua. El trayecto normal a mi trabajo sigue bloqueado por una fuerte corriente lo que me obliga a dar un largo rodeo sorteando innumerables vados. Hubo días en que todas las carreteras que comunican Reforma con Villahermosa llegaron a tener un metro de altura. Se interrumpió el flujo de personal de Villahermosa a los complejos Cactus y Nuevo Pemex y se tuvo que montar un puente aéreo con helicópteros para transportar al personal de guardia necesario para la buena operación de las instalaciones. La inundación empezó el sábado después de una fuerte y prolongada lluvia que azoto desde la tarde del viernes. Apenas ayer jueves dio señales de disminuir. Este año casi se repitió la inundación del año anterior salvo que ahora el agua perdono el centro de Villahermosa. Se esperan lluvias peores para el mes de octubre y hay poco optimismo en que se logre contener el agua del río Grijalva ante el reclamo que hace de su antiguo territorio. El hecho es que no he presenciado lluvias más abundantes como las de estos dos últimos años. Esto refuerza mis temores de que el clima ha cambiado y que los niveles del mar están subiendo a causa del descongelamiento del hielo de los polos. Villahermosa esta a 8 metros sobre el nivel del mar ¿Será que en unas décadas mas nuestra casa tendrá habitantes de aletas y agallas?

jueves, septiembre 04, 2008

Dia pesado

Existen días que desde su alumbramiento empiezan a ser hostiles. En la mañana las extremidades se negaban a obedecerme. Por más que las apremiaba no me alcanzaba para sacarlas de su desmayo. El amanecer esta radiante ¡Vamos, arriba! –les decía tratando de parecer animoso. Con mucha dificultad y no pocas ofrendas mis pies empezaron a arrastrarse en dirección al baño acarreando con temblor el peso muerto de un cuerpo adormilado. Las 8:05 a.m. marcaba el reloj cuando apenas traspasaba el umbral de la puerta de salida. Aun tendré que detenerme en la gasolinera –pensaba mientras le echaba una mirada a la llanta trasera del coche que continuaba inflada de milagro. Lamentaba la ligereza con la que avanzaba el reloj cuando recordé que aun tenía que detenerme a mitad del camino a cargar combustible. Al llegar al trabajo la oficina me esperaba ya con la bandeja de entrada copeteada de documentos, todos gritando a la vez que les diera pronta salida. Uno a la vez –les decía animoso. No me hablen todos a la vez porque me atarantan…cundo vine a ver eran cerca de las 7 p.m. Eche una ojeada a la bandeja de entrada y los documentos que había sacado prontamente fueron sustituidos por otros igual de gordos. Ya basta –me dije, primero me vacío yo que ver desocupada esta maldita cosa.

domingo, agosto 17, 2008

Vida urbana

Me sorprende la capacidad de adaptación de los animales al ambiente urbano. Era de noche y me encontraba parado en la puerta de acceso de suburbia esperando a que Alejandra terminara el complicadísimo proceso de elegir trapos. De repente llamó mi atención una esplendida ave de color blanco como del tamaño de una gallina que volaba lenta y majestuosa a escasos diez metros de altura y como a 20 metros de distancia de donde me encontraba. Seguí su vuelo con la mirada hasta que se posó en la azotea de un edificio que sirve de estacionamiento. Descubrí entonces que se trataba de una lechuza albina. Me sorprendió gratamente pues creía que los animales blancos eran endémicos de los ambientes níveos. ¿Qué hace esta lechuza blanquecina en el trópico? –pensé. La observé detenidamente por más de un minuto tratando de determinar la razón de haber seleccionado ese lugar en particular como puesto de vigilancia. No se movía y su pétrea postura acechante le conferían una apariencia de gárgola encalada. El color blanco ayuda a los animales de ese color a mimetizarse con la nieve ¿pero en el trópico, lugar en que predomina el verde? En este lugar su camuflaje es tan efectivo como lo sería un traje de payaso en un jardín de niños. Sin embargo, allá arriba, su actitud era la de un cazador en espionaje pero ¿Dónde estaba la presa? Abajo la gente se movía como en una gusanera, los carros entraban y salían del estacionamiento. ¿Que podría estar acechando esta ave en esta área de ambulantaje, tiendas comerciales, cines, Cafés, restaurantes y cajones de estacionamiento? De pronto distinguí en la obscuridad una pequeña sombra que cruzaba rápidamente en dirección al estacionamiento a la altura del segundo nivel. Me pareció a primera vista un murciélago. Con la misma celeridad dio vuelta en U como presintiendo las malas vibras presentes del lugar. Entonces me dispuse a ver la estrategia de caza del ave depredadora. No quitaba la vista de aquella gárgola inmóvil pero no volvió a aparecer otro murciélago en el siguiente minuto y no veía por donde pudiera aparecer otro sabiendo lo tímidos que son estos ratones alados en presencia de los humanos. Además, los murciélagos buscan lugares oscuros como las cuevas y en esta zona comercial dudaba que hubiera algo que se le pareciera. Pero la lechuza esperaba con la seguridad que le daba su instinto depredador y quizá sus previas experiencias de caza. De pronto abrió sus alas y se lanzó lentamente al vacío, no en picada sino como lo haría un paracaidista, cayendo en forma vertical con las patas hacia abajo y las garras extendidas. ¡Señor! –me habló Daniel. Le traigo las llaves del carro –me dijo. De reojo observé que un ave blanca se posaba en la banqueta a escasos diez metros a la izquierda de donde me encontraba. Gracias Daniel –contesté mirándolo para despedirlo. Ya vinieron por mí y tomé la maleta del coche –dijo extendiéndome la mano. Aún no termino de explicarme como fue que coincidieron: la elección del cazador, la llegada de la presa y la distracción para hacerme perder la escena que tanto deseaba presenciar. Una vez que el depredador encontró lo que seguramente buscaba desapareció. La última vez que lo observé se escondía atrás de un carro estacionado. Ya no lo vi salir. Ya sin el peligro del cazador, los murciélagos empezaron a revolotear por todos lados. Fue entonces que pude darme cuenta que había una pequeña rendija a la altura del segundo nivel del estacionamiento por el que entraban las asustadas presas. Esta rendija estaba ubicada exactamente por debajo de donde la lechuza se puso de vigía. La otra sorpresa mía fue ser testigo del increíble sentido de orientación de estos animalitos voladores a los que todo el mundo hace el feo. Era una rendija de escasos 20 centímetros de largo y su anchura era apenas lo suficientemente grande para aceptar la entrada de un solo animal a la vez. Lo más sorprendente era que la rendija la formaba una tira de lámina instalada seguramente para tapar el espacio que había entre el edificio del estacionamiento y el edificio adyacente. Los intrépidos ratones voladores tenían que chocar primeramente contra la pared del estacionamiento y ascender entonces verticalmente la pared para encontrar la estrechísima rendija. Pude constatar que cada murciélago hacía varios intentos (la mayoría de ellos infructuosos) para encontrar la diminuta entrada a su guarida. ¡Que prodigio de sonar tienen estos increíbles avechuchos!

sábado, agosto 16, 2008

Vacas y guajolotes

Casi siempre me abstraigo del entorno al dirigirme al trabajo cada mañana. Veo pasar difuminado el verdor de la espesura que como un vallado se extiende por el borde del camino. Me he acostumbrado a la uniformidad de esmeralda del denso herbazal que se desparrama generoso por donde uno mire. Me he habituado al tránsito por la cenagosa laguna el limón, por el casi extinto río mezcalapa y por el exquisito túnel modelado por el enramado de los cocoites. Pero afortunadamente hay días como hoy en que una manada de vacas me obliga a hacer un alto desacostumbrado en el camino alejándome de la constante rutina. Mientras espero que hagan un espacio (que no tienen ninguna intención de hacer), marcho despacio tras ellas divirtiéndome con su desparpajo y parcimonia. Después de un minuto de ir a la zaga me asalta la idea de que puedan estar confundiendo el carro con un bovino de su manada. Entonces decido hacerles patente que no soy un cuadrúpedo y acelero un poco el motor. Ninguna vaca se inmuta y empiezo a perder la calma. Pasa otro minuto y en lugar de hacerse a un lado se desparraman aún más tan cachazudas como al principio. No me quedó más remedio que utilizar el claxon y ronronear con más estrépito el motor. A esta altura de los acontecimientos ya tenía otros conductores desesperados atrás de mí queriendo hacer uso de su derecho de vía.
De regreso del trabajo sucedió lo mismo. Esta vez fue un grupo de guajolotes que tomó la carretera como vía de tránsito. Otra vez me detuve ante la reticencia de estos emplumados de moco rojo de despejar el camino. De paso, los machos se dieron el tiempo de ponerse rijosos y altaneros esponjándose repetidamente frente al carro. De no ser por la suerte que les espera en navidad con gusto hubiera quitado el pie del freno.

lunes, agosto 11, 2008

Aguacero

Ahora mismo esta cayendo un aguacero cerrado acompañado de arremolinados vientos. Recién llegamos de Reforma Gladis y Yo. Fuimos a dejar a José Manuel y su familia a su casa y la lluvia nos acompañó de ida y de vuelta. No estaba planeado que yo me uniera a la comitiva pero la amenaza de lluvia hizo que Gladis me pasara la estafeta. El espacio celeste era una gran mancha negra intimidante preludio del diluvio que se gestaba y que luchaba por salir de su interior. Los desamparados cocoites se mecían violentamente al compás de las caprichosas ráfagas de viento y sus tiernas hojas volaban al garete arrancadas del maternal regazo de sus ramas. La carpeta asfáltica era un depósito de hojas y ramas, primeras víctimas de lo que apenas era un bosquejo de la verdadera tempestad. Poco tiempo después, ya en la carretera, los relámpagos se sucedían casi sin demora y luego que sus estelas centellantes rompían el aire en su viaje hacia la tierra nos dejaban su estruendo como corolario. Siempre me he preguntado como hacen las aves para sortear estas agitadas borrascas que descuajaringan sus nidos y zarandean sus condominios de enramadas sin el menor atisbo de pena. La tierra incapaz de absorber el agua con la misma rapidez con la que cae, empieza a formar arroyos que deslavan rápidamente la superficie creando zanjas que se convierten luego en verdaderas trampas para los incautos. Escucho el agua aporreando el toldo y la veo escurriendo por el parabrisas mientras los limpiadores riñen en su fallido intento por aclararme el camino. Mi temor más inmediato era caer en uno de tantos baches que aderezan el trayecto de Reforma disfrazados ahora de inofensivos charcos. Así pues, mi propósito de disfrutar en casa una tarde tranquila de domingo (después de una agitada guardia de trabajo) se vio frustrada por este loco e inoportuno vendaval. Lo bueno de esto es que de regreso pasamos a la tienda a comprar un queso que Gladis usa como ingrediente en un flan napolitano con el que me podría envenenar si quisiera, así que dejo esta bitácora para comerme una rebanada que justo ahora me puso al lado y que no me dejará continuar.

sábado, agosto 09, 2008

La olimpiadas de Beijing

El viernes iniciaron los juegos olímpicos de Beijing. Tenía la intención de ver aunque sea un resumen de lo que sospeché sería una bonita inauguración. No me equivoqué en cuanto al despliegue combinado de tecnología y tradición mostrado por este país milenario, pero tristemente erré en mi propósito de ver una repetición sustanciosa. Ese día, como tantos otros, fue difícil dejar la cama. Canija costumbre mía de guardar en la noche tanta reticencia de subir al colchón para luego, después de un sueño corto, sufrir en la mañana la gota gorda para apearme de él. Una vez de pie, casi siempre me hago la promesa de que la próxima noche será distinta, entonces seré bueno, me iré a la cama temprano y no diré malas palabras. Avanzado el día y con el ajetreo del trabajo invariablemente me olvido de aquella primogénita promesa, y otra vez vuelvo a ser víctima del desorden. Nunca hace falta fiesta para retrasar la marcha de este cuerpo mío y demorar su viaje al mundo donde los sueños practican su magia de renovación y encantamiento. Mi sueño se queja siempre del poco tiempo que le dejo a sus artilugios soporíferos y me encara con el puño amenazador advirtiéndome que no le eche después la culpa del decaimiento que pueda atosigarme más adelante. Pero llegada la noche no puedo resistir la tentación de echar una mirada a algún texto que me guiñe su ojo de cíclope haciéndome sucumbir al encanto de sus dichos y carantoñas.

domingo, agosto 03, 2008

Encaminando a Pedro

Hoy nos tumbamos de la cama más temprano que de costumbre. Encaminamos a Pedro en su retorno a Guadalajara. Estuvo un mes con nosotros, y dicho sea de paso, nos pareció poco tiempo. Fueron días de comer todos lo que su antojo le dictaba.Hoy, la mañana apareció afligida. El cielo amaneció vestido con un tapiz grisáceo estampado con ondulaciones obscuras que le dan un aspecto de llanto anticipado. Resulta obvio que llovió en la madrugada. La vegetación se mira recién bañada, muy mona. El olor a humedad que se levanta me recuerda la fragancia matutina de un bosque alfombrado de agujas y hojarasca. Miro el cielo y mi vista se posa perezosa en unas aves amarillas que revolotean complacidas en la copa de unos altos guayacanes.

viernes, agosto 01, 2008

La partida de un blogero

Ayer murió Alejandro Aura. Me afectó la noticia. Desde hace ya largo tiempo tengo en mis favoritos su blog. Como tantos otros días, ayer abrí su página para leer su canto rodado del día. Porque han de saber que escribía diariamente un texto y lo cerraba siempre con la publicación de un poema de su autoría. Tenía por costumbre, en fechas significativas, enviar una poesía personalizada a los correos de sus miles de lectores. Quizá sea esta la razón que su muerte la sienta como si se hubiera ido un amigo. Era bueno para hilar palabras con las que transformaba su devenir cotidiano en cosa digna de leerse. Ahora, en lugar de su canto rodado del día leí su poema “despedida” publicado quizá por Milagros junto a un breve texto comunicando su partida. Gracias, Alejandro Aura.