Visitas de la última semana

jueves, septiembre 04, 2008

Dia pesado

Existen días que desde su alumbramiento empiezan a ser hostiles. En la mañana las extremidades se negaban a obedecerme. Por más que las apremiaba no me alcanzaba para sacarlas de su desmayo. El amanecer esta radiante ¡Vamos, arriba! –les decía tratando de parecer animoso. Con mucha dificultad y no pocas ofrendas mis pies empezaron a arrastrarse en dirección al baño acarreando con temblor el peso muerto de un cuerpo adormilado. Las 8:05 a.m. marcaba el reloj cuando apenas traspasaba el umbral de la puerta de salida. Aun tendré que detenerme en la gasolinera –pensaba mientras le echaba una mirada a la llanta trasera del coche que continuaba inflada de milagro. Lamentaba la ligereza con la que avanzaba el reloj cuando recordé que aun tenía que detenerme a mitad del camino a cargar combustible. Al llegar al trabajo la oficina me esperaba ya con la bandeja de entrada copeteada de documentos, todos gritando a la vez que les diera pronta salida. Uno a la vez –les decía animoso. No me hablen todos a la vez porque me atarantan…cundo vine a ver eran cerca de las 7 p.m. Eche una ojeada a la bandeja de entrada y los documentos que había sacado prontamente fueron sustituidos por otros igual de gordos. Ya basta –me dije, primero me vacío yo que ver desocupada esta maldita cosa.

domingo, agosto 17, 2008

Vida urbana

Me sorprende la capacidad de adaptación de los animales al ambiente urbano. Era de noche y me encontraba parado en la puerta de acceso de suburbia esperando a que Alejandra terminara el complicadísimo proceso de elegir trapos. De repente llamó mi atención una esplendida ave de color blanco como del tamaño de una gallina que volaba lenta y majestuosa a escasos diez metros de altura y como a 20 metros de distancia de donde me encontraba. Seguí su vuelo con la mirada hasta que se posó en la azotea de un edificio que sirve de estacionamiento. Descubrí entonces que se trataba de una lechuza albina. Me sorprendió gratamente pues creía que los animales blancos eran endémicos de los ambientes níveos. ¿Qué hace esta lechuza blanquecina en el trópico? –pensé. La observé detenidamente por más de un minuto tratando de determinar la razón de haber seleccionado ese lugar en particular como puesto de vigilancia. No se movía y su pétrea postura acechante le conferían una apariencia de gárgola encalada. El color blanco ayuda a los animales de ese color a mimetizarse con la nieve ¿pero en el trópico, lugar en que predomina el verde? En este lugar su camuflaje es tan efectivo como lo sería un traje de payaso en un jardín de niños. Sin embargo, allá arriba, su actitud era la de un cazador en espionaje pero ¿Dónde estaba la presa? Abajo la gente se movía como en una gusanera, los carros entraban y salían del estacionamiento. ¿Que podría estar acechando esta ave en esta área de ambulantaje, tiendas comerciales, cines, Cafés, restaurantes y cajones de estacionamiento? De pronto distinguí en la obscuridad una pequeña sombra que cruzaba rápidamente en dirección al estacionamiento a la altura del segundo nivel. Me pareció a primera vista un murciélago. Con la misma celeridad dio vuelta en U como presintiendo las malas vibras presentes del lugar. Entonces me dispuse a ver la estrategia de caza del ave depredadora. No quitaba la vista de aquella gárgola inmóvil pero no volvió a aparecer otro murciélago en el siguiente minuto y no veía por donde pudiera aparecer otro sabiendo lo tímidos que son estos ratones alados en presencia de los humanos. Además, los murciélagos buscan lugares oscuros como las cuevas y en esta zona comercial dudaba que hubiera algo que se le pareciera. Pero la lechuza esperaba con la seguridad que le daba su instinto depredador y quizá sus previas experiencias de caza. De pronto abrió sus alas y se lanzó lentamente al vacío, no en picada sino como lo haría un paracaidista, cayendo en forma vertical con las patas hacia abajo y las garras extendidas. ¡Señor! –me habló Daniel. Le traigo las llaves del carro –me dijo. De reojo observé que un ave blanca se posaba en la banqueta a escasos diez metros a la izquierda de donde me encontraba. Gracias Daniel –contesté mirándolo para despedirlo. Ya vinieron por mí y tomé la maleta del coche –dijo extendiéndome la mano. Aún no termino de explicarme como fue que coincidieron: la elección del cazador, la llegada de la presa y la distracción para hacerme perder la escena que tanto deseaba presenciar. Una vez que el depredador encontró lo que seguramente buscaba desapareció. La última vez que lo observé se escondía atrás de un carro estacionado. Ya no lo vi salir. Ya sin el peligro del cazador, los murciélagos empezaron a revolotear por todos lados. Fue entonces que pude darme cuenta que había una pequeña rendija a la altura del segundo nivel del estacionamiento por el que entraban las asustadas presas. Esta rendija estaba ubicada exactamente por debajo de donde la lechuza se puso de vigía. La otra sorpresa mía fue ser testigo del increíble sentido de orientación de estos animalitos voladores a los que todo el mundo hace el feo. Era una rendija de escasos 20 centímetros de largo y su anchura era apenas lo suficientemente grande para aceptar la entrada de un solo animal a la vez. Lo más sorprendente era que la rendija la formaba una tira de lámina instalada seguramente para tapar el espacio que había entre el edificio del estacionamiento y el edificio adyacente. Los intrépidos ratones voladores tenían que chocar primeramente contra la pared del estacionamiento y ascender entonces verticalmente la pared para encontrar la estrechísima rendija. Pude constatar que cada murciélago hacía varios intentos (la mayoría de ellos infructuosos) para encontrar la diminuta entrada a su guarida. ¡Que prodigio de sonar tienen estos increíbles avechuchos!

sábado, agosto 16, 2008

Vacas y guajolotes

Casi siempre me abstraigo del entorno al dirigirme al trabajo cada mañana. Veo pasar difuminado el verdor de la espesura que como un vallado se extiende por el borde del camino. Me he acostumbrado a la uniformidad de esmeralda del denso herbazal que se desparrama generoso por donde uno mire. Me he habituado al tránsito por la cenagosa laguna el limón, por el casi extinto río mezcalapa y por el exquisito túnel modelado por el enramado de los cocoites. Pero afortunadamente hay días como hoy en que una manada de vacas me obliga a hacer un alto desacostumbrado en el camino alejándome de la constante rutina. Mientras espero que hagan un espacio (que no tienen ninguna intención de hacer), marcho despacio tras ellas divirtiéndome con su desparpajo y parcimonia. Después de un minuto de ir a la zaga me asalta la idea de que puedan estar confundiendo el carro con un bovino de su manada. Entonces decido hacerles patente que no soy un cuadrúpedo y acelero un poco el motor. Ninguna vaca se inmuta y empiezo a perder la calma. Pasa otro minuto y en lugar de hacerse a un lado se desparraman aún más tan cachazudas como al principio. No me quedó más remedio que utilizar el claxon y ronronear con más estrépito el motor. A esta altura de los acontecimientos ya tenía otros conductores desesperados atrás de mí queriendo hacer uso de su derecho de vía.
De regreso del trabajo sucedió lo mismo. Esta vez fue un grupo de guajolotes que tomó la carretera como vía de tránsito. Otra vez me detuve ante la reticencia de estos emplumados de moco rojo de despejar el camino. De paso, los machos se dieron el tiempo de ponerse rijosos y altaneros esponjándose repetidamente frente al carro. De no ser por la suerte que les espera en navidad con gusto hubiera quitado el pie del freno.

lunes, agosto 11, 2008

Aguacero

Ahora mismo esta cayendo un aguacero cerrado acompañado de arremolinados vientos. Recién llegamos de Reforma Gladis y Yo. Fuimos a dejar a José Manuel y su familia a su casa y la lluvia nos acompañó de ida y de vuelta. No estaba planeado que yo me uniera a la comitiva pero la amenaza de lluvia hizo que Gladis me pasara la estafeta. El espacio celeste era una gran mancha negra intimidante preludio del diluvio que se gestaba y que luchaba por salir de su interior. Los desamparados cocoites se mecían violentamente al compás de las caprichosas ráfagas de viento y sus tiernas hojas volaban al garete arrancadas del maternal regazo de sus ramas. La carpeta asfáltica era un depósito de hojas y ramas, primeras víctimas de lo que apenas era un bosquejo de la verdadera tempestad. Poco tiempo después, ya en la carretera, los relámpagos se sucedían casi sin demora y luego que sus estelas centellantes rompían el aire en su viaje hacia la tierra nos dejaban su estruendo como corolario. Siempre me he preguntado como hacen las aves para sortear estas agitadas borrascas que descuajaringan sus nidos y zarandean sus condominios de enramadas sin el menor atisbo de pena. La tierra incapaz de absorber el agua con la misma rapidez con la que cae, empieza a formar arroyos que deslavan rápidamente la superficie creando zanjas que se convierten luego en verdaderas trampas para los incautos. Escucho el agua aporreando el toldo y la veo escurriendo por el parabrisas mientras los limpiadores riñen en su fallido intento por aclararme el camino. Mi temor más inmediato era caer en uno de tantos baches que aderezan el trayecto de Reforma disfrazados ahora de inofensivos charcos. Así pues, mi propósito de disfrutar en casa una tarde tranquila de domingo (después de una agitada guardia de trabajo) se vio frustrada por este loco e inoportuno vendaval. Lo bueno de esto es que de regreso pasamos a la tienda a comprar un queso que Gladis usa como ingrediente en un flan napolitano con el que me podría envenenar si quisiera, así que dejo esta bitácora para comerme una rebanada que justo ahora me puso al lado y que no me dejará continuar.

sábado, agosto 09, 2008

La olimpiadas de Beijing

El viernes iniciaron los juegos olímpicos de Beijing. Tenía la intención de ver aunque sea un resumen de lo que sospeché sería una bonita inauguración. No me equivoqué en cuanto al despliegue combinado de tecnología y tradición mostrado por este país milenario, pero tristemente erré en mi propósito de ver una repetición sustanciosa. Ese día, como tantos otros, fue difícil dejar la cama. Canija costumbre mía de guardar en la noche tanta reticencia de subir al colchón para luego, después de un sueño corto, sufrir en la mañana la gota gorda para apearme de él. Una vez de pie, casi siempre me hago la promesa de que la próxima noche será distinta, entonces seré bueno, me iré a la cama temprano y no diré malas palabras. Avanzado el día y con el ajetreo del trabajo invariablemente me olvido de aquella primogénita promesa, y otra vez vuelvo a ser víctima del desorden. Nunca hace falta fiesta para retrasar la marcha de este cuerpo mío y demorar su viaje al mundo donde los sueños practican su magia de renovación y encantamiento. Mi sueño se queja siempre del poco tiempo que le dejo a sus artilugios soporíferos y me encara con el puño amenazador advirtiéndome que no le eche después la culpa del decaimiento que pueda atosigarme más adelante. Pero llegada la noche no puedo resistir la tentación de echar una mirada a algún texto que me guiñe su ojo de cíclope haciéndome sucumbir al encanto de sus dichos y carantoñas.

domingo, agosto 03, 2008

Encaminando a Pedro

Hoy nos tumbamos de la cama más temprano que de costumbre. Encaminamos a Pedro en su retorno a Guadalajara. Estuvo un mes con nosotros, y dicho sea de paso, nos pareció poco tiempo. Fueron días de comer todos lo que su antojo le dictaba.Hoy, la mañana apareció afligida. El cielo amaneció vestido con un tapiz grisáceo estampado con ondulaciones obscuras que le dan un aspecto de llanto anticipado. Resulta obvio que llovió en la madrugada. La vegetación se mira recién bañada, muy mona. El olor a humedad que se levanta me recuerda la fragancia matutina de un bosque alfombrado de agujas y hojarasca. Miro el cielo y mi vista se posa perezosa en unas aves amarillas que revolotean complacidas en la copa de unos altos guayacanes.

viernes, agosto 01, 2008

La partida de un blogero

Ayer murió Alejandro Aura. Me afectó la noticia. Desde hace ya largo tiempo tengo en mis favoritos su blog. Como tantos otros días, ayer abrí su página para leer su canto rodado del día. Porque han de saber que escribía diariamente un texto y lo cerraba siempre con la publicación de un poema de su autoría. Tenía por costumbre, en fechas significativas, enviar una poesía personalizada a los correos de sus miles de lectores. Quizá sea esta la razón que su muerte la sienta como si se hubiera ido un amigo. Era bueno para hilar palabras con las que transformaba su devenir cotidiano en cosa digna de leerse. Ahora, en lugar de su canto rodado del día leí su poema “despedida” publicado quizá por Milagros junto a un breve texto comunicando su partida. Gracias, Alejandro Aura.

lunes, julio 28, 2008

25 Aniversario

Este mes de julio cumplo 25 años de haber salido de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Guadalajara. No lo hubiera recordado si no recibo un mail de José Antonio López, compañero de carrera de Arandas Jalisco. Hace aproximadamente como 5 años, por pura casualidad, coincidí con Él en una ciudad que no recuerdo (tal vez Monterrey). Ambos íbamos a la misma reunión de trabajo relacionada con la industria petrolera. Fue una agradable sorpresa enterarme que continuaban reuniéndose cada año algunos exalumnos de aquel grupo de ingenieros mecánicos electricistas y me invitó a la reunión del siguiente año si acaso planeaba ir a Guadalajara. Y así fue. En aquella ocasión se me dio la oportunidad de saludar a una veintena de compañeros, algunos ya calvos, otros canos, otros igualitos, los más ya gruesos, pero todos con el mismo carácter que yo aún rememoro. Ahora que escribo estas líneas me vienen en bola los recuerdos; se me amontonan, se me amotinan, me abruman. Todos están vestidos muy monos tratando de seducirme para que los exhiba al público contemporáneo después de haber estado momificados por un cuarto de siglo en una caverna muy húmeda y obscura ubicada en lo más recóndito de mi subconsciente. Les digo que ya están viejitos, que sus trapos no están fashion, que su corte de pelo es retro, que sus chistes arrancarán exclamaciones como ¡que oso! No creen que “sábado por la noche” ya no se escucha, ni mucho menos se baila. Platico con ellos, evocamos lugares, amigos, maestros, materias. Por fin se dejan convencer que su tiempo ya pasó, que ahora es momento de dejear espacio a los hijos. A ellos les toca ahora caminar por aquellos pasillos, respirar el aroma de aquellos jardines, escuchar aquel rumor de voces que se mezclan, saborear las tortas y los tacos durante los recesos y disfrutar un humeante vaso de café escuchando la clase en una mañana fresca de noviembre. Feliz 25 aniversario generación 78-83 de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Guadalajara.

viernes, julio 25, 2008

Los sonidos y la mente

Estoy en el sillón de siempre acomodado cuan largo y ancho como todos los viernes. Afuera la penumbra devora con avidez los últimos trazos débiles de luz. Escucho y veo de soslayo, como no queriendo, un video de Joe Cocker cantando con su inconfundible voz ronca y áspera “you are so beuatiful” mientras agita sus manos y dedos con la intensidad que refleja su concentración. Pienso en la belleza de algunos momentos, por desgracia casi siempre fugaces. A medida que el día cierra los ojos escucho truenos largos y amortiguados señal de que en algún lugar distante el cielo descarga sus enormes vejigas negras. Respiro el ambiente húmedo dejado por las últimas lluvias. Mis alvéolos se alborotan al recibir el aire fresco y renovado concientes de lo efímero de la ocasión. Las aves también sienten que algo distinto flota en la noche, lo demuestran sus trinos que me hacen recordar la toccata y fuga de Bach o la pequeña serenata nocturna de Mozart. Oigo el ruido de un motor, luego un portazo, niño y patón ladran como cuando viene visita. Por breves segundos me asalta la idea de que esto pueda ser verdad y me encuentren aquí tan despatarrado como estoy. Rápidamente vuelvo a la realidad al recordar que mi estado de relajación es precisamente gracias a que vivimos algo retirado del ajetreo urbano razón que hace pensar dos veces a los interesados en ver estas caras nuestras de ermitaños. De pronto, mientras escucho la canción “wonderful tonight” de Erick Clapton me veo transportado al pasado y aterrizo en aquel café de Reforma en donde en compañía de Gladis disfruto una humeante taza de café.

sábado, julio 19, 2008

Día nublado

Este día estuvo plagado de nubarrones grises sobre un cielo lechoso y sin gracia. Los rayos de sol se toparon con la dificultad de sortear esa gruesa capa esponjosa de humedad cerrándoles el paso e impidiéndoles cumplir su acostumbrada rutina de evaporarle a uno el cerebro. Aún así, Gladis se animó a ir con su mamá Matilde y su hermana Matilde a Balancán, uno de tantos municipios de Tabasco, a una graduación. Se fueron con la intención de regresar hasta mañana en la tarde. Por otro lado, Ale se fue a una fiesta a Huimanguillo, otro municipio de Tabasco, con una familia conocida, su intención es también regresar hasta mañana. Pedro y yo nos quedamos en casa con Daniel que esta con nosotros de visita antes de marchar a Puebla.
Este mes ha tenido días cargados de fuertes ventarrones. Me ha sorprendido el daño que ha dejado el viento en árboles, algunos de los cuales ha arrancado de raíz. Nuestra bugambilia bicolor no fue la excepción y sucumbió mortalmente abatida por uno de estos mini tornados. Las ramas de muchos árboles tampoco soportaron el efecto arremolinado de los vientos encolerizados quedando colgadas grotescamente retorcidas y astilladas. Lo que me parecía más curioso, es que la extensión del daño se limitaba a áreas pequeñas del tamaño de una manzana. Pude observar que había árboles cruelmente mutilados de sus ramas mientras su vecino frondoso ubicado a escasos diez metros se encontraba en perfectas condiciones. Lo peor de todo fue la pérdida de nuestra bugambilia, ni modo.

domingo, julio 06, 2008

De regreso

No he tenido ánimos de escribir. Hace casi dos meses que me aparté de esta bitácora. Ayer Pedro llegó, vino a pasar un mes de vacaciones con nosotros. Su viaje estuvo salpicado de inconvenientes. Apartamos su boleto con casi un mes de anticipación. Su vuelo estaba programado para el viernes en la tarde. Ese día, al llegar a documentar su equipaje le informaron que no fue posible cubrir el costo del boleto con la tarjeta. No tengo problemas con mi tarjeta, por lo que supuse que había sido una maniobra desleal de la línea de aeromexico para justificar alguna omisión de su parte. En ese momento Gladis empezó a hacer llamadas a otras aerolíneas pero no hubo suerte. No fue posible encontrar conexión en México sino hasta el día siguiente a las 6:45 a.m. con mexicana. Pedro se las arregló para que una amiga le diera posada en su casa de Puente Grande esa noche. Al día siguiente una fuerte tormenta le impidió llegar a tiempo y perdió el vuelo una vez más. Otra vez se las arregló para que lo pusieran en lista de espera hasta que le buscaran un nuevo horario de viaje. Para ese momento su mamá estaba hecha un manojo de nervios. Llegó ayer casi a la 4 p.m. a Villahermosa. Fue hasta entonces que su mamá se relajó. Hasta esa hora Gladis puso atención a la tripa que le empezó a recordar que no le había depositado alimento sustancioso en las últimas 24 horas. Pasamos por Kory a Villahermosa y enfilamos a Reforma para aplacar el hambre que a todos nos aguijoneaba. Me comí tres tamales y medio que Adelita tuvo a bien empacarme. Buenísimos. Su sabor me hizo evocar tiempos pasados con la familia en la colonia oblatos. Desempacamos el alfajor y el dulce de guayaba que Toña nos envió. La imagen de los dulces me transportó momentáneamente al mercado de San Juan de Dios recordándome sus sabores, sus olores y sus colores. Con el riesgo de no poder dormir, me comí otros dos tamales en la cena. Gracias Adelita, Gracias Toña.

domingo, mayo 18, 2008

Lluvia y sueño

Hoy empezó a llover. Fue una lluvia densa de gotas gordas y tupidas. Estaba recostado en el sillón tratando de convencerme de hacer algo de provecho. Recién había terminado de comer y ya la digestión estaba tomando el control de mis acciones. Escuché truenos. La electricidad falló. Cerré los ojos para disfrutar el aroma a tierra mojada que la lluvia arrebataba a la tierra. Afiné bien el oído para escuchar los muchos matices que la lluvia hacia al hacer contacto con las diferentes superficies: duras, blandas, lisas, rugosas, metálicas, orgánicas…

…Me encontraba en una calle que no conocía. Veía pasar gente desconocida. Levanté la mirada para observar a mí alrededor con la intención de que mis ojos se toparan con algún punto de referencia que me sirviera de orientación. No había duda, estaba en San Onofre, en Guadalajara. Lo confirmaba la iglesia que tenía frente a mí. De repente vi a dos figuras conocidas que caminaban una al lado de la otra. Eran mi Papá y Guy que venían caminando hacia mí por la misma acera. Su paso era apresurado. Apenas alcanzó el tiempo para un fugaz intercambio de miradas como sustituto de saludo. Ambos me cruzaraban con paso rápido y firme. Yo marchaba atrás de ellos sin hacer preguntas para no entorpecer su asunto. Unas calles más adelante un conocido me detuvo para saludarme, intercambiamos algunas palabras, las suficientes para que mi Papá y Guy se adelantaran más allá de la vista. Continué adelante. Caminé sin rumbo ni estrategia definida. De alguna forma apareció en la escena Toña. Platicamos brevemente hasta que apareció Adelita. La acompañaban sus hijos Chuy y Cecy. Después de saludarnos desaparecieron…¿o fui yo el que me esfumé?...
…Me desperté sudando. La lluvia había cesado. La electricidad y yo habíamos regresado. Recordé entonces mi reciente caminata onírica por la perla de occidente.

lunes, mayo 12, 2008

Uf

El calor es sofocante. El termómetro del carro ha alcanzado hasta 44 grados Celsius en días pasados. El interior es un horno. Lo sé por que al abrir la puerta me lanza su vaho directo a la cara haciéndome patente su enojo por haberlo dejado expuesto a los inmisericordes rayos solares. El calor me obliga a bajar ambas ventanillas para que el aire menos caliente del exterior desaloje al malhumorado calor interior. La radiación que escapa del interior se me lanza al rostro como gato encolerizado clavando sus garras afiladas en las ya de por si maltratadas mejillas. No sopla viento que ayude al cuerpo transpirado a deshacerse del exceso de temperatura que lo agobia. El sol no se anda con rodeos a la hora de hacernos participes de su fogoso gusto veraniego de echar brazas a la tierra. No hay más que aguantarse.

Calle solitaria

Francisco Lopez Merino
Los Poetas de Florida (Centro Editor de América Latina)

Amo el silencio humilde de esta calle ennoblecida de árboles serenos por donde nunca pasó otra alma que no sea la del viento...las nubes se detienen a mirarla con sus ojos etéreos, y saben, por la ausencia de las hojas, si está en ella el otoño o el invierno. Amo el silencio humilde de esta calle ennoblecida de árboles serenos por donde caminé tantos domingos con mi pequeño huerto de recuerdos...Cuando yo muera, amigo, habrá quedado en esta calle lo mejor que tengo: El rosal escondido de mis penas y la música vaga de mis sueños...

sábado, mayo 10, 2008

La luna

Por Jaime Sabines

La luna se puede tomar a cucharadas o como una cápsula cada dos horas. Es buena como hipnótico y sedante y también alivia a los que se han intoxicado de filosofía. Un pedazo de luna en el bolsillo es el mejor amuleto que la pata de conejo: sirve para encontrar a quien se ama, y para alejar a los médicos y las clínicas. Se puede dar de postre a los niños cuando no se han dormido, y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos ayudan a bien morir. Pon una hoja tierna de la luna debajo de tu almohada y mirarás lo que quieras ver. Lleva siempre un frasquito del aire de la luna para cuando te ahogues, y dale la llave de la luna a los presos y a los desencantados. Para los condenados a muerte y para los condenados a vida no hay mejor estimulante que la luna en dosis precisas y controladas.

domingo, mayo 04, 2008

Recordando el 66

Recuerdo vagamente un día de octubre o noviembre de 1966 en el que iba junto a mis padres y hermanos en un autobús de pasajeros con rumbo a la ciudad de Guadalajara. Tengo guardado en la memoria una noche en particular en la que miraba a través de la ventanilla de un autobús de pasajeros las estelas de luz de los faros cortando la oscuridad de la noche. Recuerdo también la sensación cálida de protección que la familia me proporcionaba. Esa sensación alejaba de mi interior cualquier sentimiento de ansiedad o miedo por el cambio de vida que recién iniciábamos. Era para mí como adentrarme en lo desconocido con la visión de un aventurero estimulado por la promesa de descubrir cosas nuevas. Para mis padres la sensación era con seguridad contraria a la mía. De aquí deduzco que ambos eran muy valientes y que su confianza en si mismos era grande. El salto de la Soledad –una pequeñísima población rural perdida en los confines del norte Jalisco– a la capital del estado era descomunal. Estos saltos culturales requieren una capacidad camaleónica de mimetismo, de adaptación, de ingenio, de saber marchar contra corriente, pero sobre todo de trabajo y solidez de principios. En aquella noche de estelas de luces íbamos en el autobús mi padre Pedro Conchas de 41 años, mi madre María Patrocinio Muñiz de 39 años, mi hermano Gregorio de 18 años, mi hermana Josefina de 14 años, mi hermano Jesús de 12 años, yo, que en aquella noche contaba con 7 años, mi hermana Yolanda de 5 años, y mi hermano Gustavo de 2 años. Mi hermana toña de 20 años no nos acompañaba. Ella ya estudiaba y trabajaba en Guadalajara. Íbamos a visitarla de paso para posteriormente continuar a Nayarit nuestro destino final. Añoro esa época temprana de los primeros años en Guadalajara en que todos cuidábamos de todos, más concretamente, los grandes cuidaban a los chicos. Las carencias económicas eran grandes pero la unión familiar las compensaba. En el mundo, el socialismo parecía ganarle terreno a la democracia capitalista (delantera que se notaba especialmente en la conquista del especio). El Che Guevara salía de Cuba a ganar espacios para la revolución en Latinoamérica y Mao Tse Tung iniciaba la sangrienta revolución cultural en China. En EU se desarrollaba la lucha antisegregacionista con Martín Luther King y Malcom X a la cabeza. EU y la URSS median fuerzas en la guerra de Vietnam. Los Beatles estaban en la cúspide de la fama.

miércoles, abril 30, 2008

Buscándome trabajo

Estoy aquí en la sala, reclinado en mi sillón sobre mi costado izquierdo como siempre hago cuando veo televisión. Tengo una ligera jaqueca resultado de hacer trabajo físico que no acostumbro. Se me ocurrió lavar, pulir y encerar la camioneta aprovechando un apaciguamiento solar gracias a 5 días de chaparrones. Que trabajo ha de ser capar –pensé. Cuan equivocado estaba. Terminé cansado, dolorido y pegajoso de tanto movimiento circular con ambos brazos, casi siempre doblando la cintura (o la parte del cuerpo en donde debería encontrarse). Solo Paco, el miembro alado de la familia (un perico parlanchín), fue testigo de mis no pocos intentos de tirar la franela sin alcanzar a terminar el trabajo. Luego de muchas penas, pausas y sendos vasos de limonada mi castigo por soberbia llegó a su fin ya casi entrada la noche. Quedé satisfecho después de todo. Haber cuanto tiempo dura limpia.

Hablando de otra cosa, Kory reanudará sus labores el martes próximo. Aún se queja de dolor. Según la opinión de los médicos, pasará algún tiempo para que el cuerpo se adapte al andamiaje de titanio que se le injertó en los huesos. Antes se quejaba por no poder abandonar la cama, ahora parece que no quiere despedirse de ella. Por sus comentarios, se resiste a retomar el tren de vida que traía antes de la cirugía. No es para menos teniendo en cuenta que lleva más de tres meses de inactividad. No es para nada alentador pasar del reposo total al ajetreo vertiginoso del trabajo. Le costará un poco adaptarse, de eso no hay duda.

lunes, abril 28, 2008

El clima

Ya consumí la mitad de mis muy escasos días de vacaciones. Quisiera que el tiempo faltante marchara más lento pero entiendo que su función no es precisamente la de cumplir caprichos, y menos de menesterosos. Por el contrario, creo que esta semana se desplazará a zancadas largas debido a que antes de que llegue a su fin deberé resolver algunos asuntos pendientes que venía aplazando por motivos de trabajo. Por otro lado el clima de la semana pasada estuvo tan caluroso que el refrigerador parecía no enfriar, ahora que, existe también la posibilidad de que se haya dañado, ya esta muy viejito el pobre. El árbol de mango es el único que parece disfrutar la temperatura de 40 grados que se alcanzaron en días pasados. Hasta eso, el clima ha sido este año ciertamente piadoso ya que no ha soplado como en otros años el destructivo viento del sur. Este viento sopla muy caliente y enjundioso desde una dirección totalmente opuesta a lo que suele soplar la mayor parte del año. Precisamente estas características son las que lo hacen tan destructivo porque ataca a las hojas y a los frutos desde un flanco para el que no tienen protección. Después de que la calma llega, la mitad de las hojas y los frutos de todos los árboles estarán con seguridad en el piso listos para servir de abono a los que tuvieron la suerte de permanecer encaramados. Como dije, este año fue particularmente benévolo porque esta vez no sopló el viento del sur como normalmente suele hacerlo. Esto ayudó a que las frágiles flores amarillas del guayacán se sostuvieran por más tiempo en el árbol. Esta floración dura escasamente una semana, tiempo en el que la naturaleza transforma su perenne y uniforme verdor en un verdor moteado de amarillo encendido. Dejo aquí una imagen que tomé a un lado de la casa.

sábado, abril 26, 2008

Otra perspectiva

A las 6:30 a.m. la luna aparecía suspendida en el cielo muy por encima del horizonte como si algún imprevisto la hubiera demorado o apartado de su natural trayectoria. Daba la impresión de ser un círculo recortado en papel color rojo que estaba pegado en una pared tapizada de un azul muy tenue. La ausencia de nubes daba a la escena un aspecto sencillamente hermoso digno de una postal. Normalmente no veo el alba en su nacimiento porque a esa hora mi cerebro me tiene entretenido con las mafufadas que me hace repasar cuando estoy dormido. Hoy fue distinto. Aprovechando que estoy de vacaciones Gladis me dio la tarea de llevar a Ale a su escuela, así que, con todo el dolor de mi corazón, me vi obligado a interrumpir la perorata matinal de mis neuronas para cumplir con tan tremenda tarea. No estuvo mal. Observé el mundo con otra iluminación, con otros matices, con diferentes tonalidades de luz y sombra.

domingo, abril 20, 2008

El descanso

Ya mi cuerpo pedía a gritos un descansito. Ayer salí de mi trabajo con la firme intención de no regresar hasta dentro de 15 días. Siento alivio de pensar que el próximo lunes romperé el hábito de levantarme de un salto de la cama para correr apresurado al trabajo. Hoy me levanté a las 9:30 a.m. Muy temprano para ser domingo. No importa, tengo 15 días para dormir hasta que el cuerpo aguante –pensé. Fuimos a Reforma Gladis, Ale y yo a desayunar barbacoa. Luego pasamos por Doña Maty y enfilamos rumbo a Juárez Chiapas a comprar queso. A Gladis le gusta el que venden por ese rumbo y recorre el trayecto de buena gana con tal de llegar hasta el lugar en que lo hacen.