Visitas de la última semana

domingo, enero 31, 2010

Retomando el camino

Hace rato ya que no paso por aquí. Además de no tener internet el trabajo me ha restado impulso. Quedo al final del día tan seco que las palabras me rehúyen debido a la aridez que encuentran en su camino. Nada hay – al menos para mí – que desespere tanto como una mente en blanco ante una página en blanco. Es a causa de esta involuntaria ingravidez de ideas que he preferido permanecer alejado de las teclas. Ante la dificultad de hilvanar palabras y por lo desmayado de mis ideas preferí acogerme en la lectura. Terminé la novela “La Ladrona de Libros” de Markus Zusak. Novela ambientada en la Alemania nazi y protagonizada por una niña alemana muy pobre de nombre Liesel Meminger. Es la historia del nazismo visto desde adentro por una familia no nazi. Lectura recomendada. Estoy leyendo también “La otra historia de México” de Armando Fuentes Aguirre – Catón – Lectura que va de acuerdo con los tiempos – Centenario de la Revolución y Bicentenario de la Independencia de México – Es una lectura que no aburre por la forma coloquial que utiliza el autor para relatar la parte de la historia que es poco conocida. Es un libro que intimida por sus 828 páginas, y amedrenta más cuando leemos en su título la palabra “historia” que tanto abatimiento nos produce a algunos. Una vez vencida esta doble resistencia descubrí que el libro está escrito como si fuera un libro de cuentos en donde cada relato abarca 3 páginas a lo sumo. Lectura recomendada.

sábado, enero 09, 2010

Días sin gracia

Hoy es un día gris. También lo fue ayer. El cielo está amortajado con una espesa capa de nubes que se extienden como sudario más allá del horizonte. En esta parte del sureste mexicano el frio está pasable y uno pronto se olvida de que existe mientras vista medianamente arropadito. No se puede decir lo mismo de la humedad que una vez que se le acurruca a uno entre los atavíos solo puede ser expulsada por el raquítico calor que con mucho desgano el propio cuerpo genera. Además, el calor de nuestro hogar ha sufrido merma por la poca gente que quedó después de las fiestas decembrinas. Ya cada hijo agarró camino para retomar sus acostumbradas actividades sociales y de trabajo quedando otra vez la casa casi vacía. El “casi” lo representamos, como ya es costumbre, Gladis, Yo y las mascotas. Pedro ya está en Guadalajara. Él se marchó el día de Reyes. Cora y Alejandra están en Villahermosa. Ellas se fueron días antes. La primera a trabajar y la segunda a trabajar y a estudiar. El trabajo de Alejandra es un decir: no gana… pero como se divierte.

jueves, diciembre 24, 2009

Toña

Es el nombre que prefirió utilizar mi hermana mayor para que los demás se refirieran a ella. No es su nombre verdadero, aunque tan propio y familiar es para sus hermanos que ya es como si lo fuera. Entre ella y Yo existen muchas similitudes. Una de ellas es precisamente el nombre al que se refieren nuestros hermanos y conocidos cuando nos señalan a nosotros. Ambos nos apropiamos de nombres que no son nuestros. Ella adquirió (nunca he sabido cómo) el de Antonia, que por cierto, como no le gustaba la fonética despectiva de la palabra, optamos por sugerencia del humor suyo utilizar el grácil diminutivo de Toña o el de Toñita. Por mi parte, desde que era aún un escuincle y que todavía me alimentaba en el regazo de mi madre, ella misma (mi madre) me rebautizó con el nombre de Mario. Esto sucedió por las mohínas que le hacían pasar las personas cuando pronunciaban tan desfavorablemente mi verdadero nombre. Tantas eran sus mustias que seguramente hasta la leche con la que me alimentaba se cortaba. Quizá por eso hoy sea tan huraño, tan falto de palabras y de sesera tan intrincada. Otra similitud se vislumbra en el destierro prematuro y voluntario de la familia materna. Ambos nos vimos en la encrucijada de si permanecíamos y continuábamos con la vida apacible, segura y sosegada que proporcionaba la familia, o íbamos en busca de otros nuevos horizontes que favorecieran nuestro desarrollo personal. Ambos nos vimos inmersos de un día a otro en costumbres diferentes, urbanidad desigual, comidas distintas, gente desconocida, pero sobre todo enfrentamos la soledad. Esa soledad implacable que se siente aún estando rodeado de gente. Otra afición que compartimos es la lectura. Esa simpatía por las descripciones tejidas con verbos y sustantivos es quizá el resultado de nuestro largo tiempo de introspección solitaria que si bien puede abatir a los faltos de temperamento, puede por otro lado hostigar a los habidos de conocimiento. Ambos disfrutamos (como otros hermanos) la paz y tranquilidad que nos proporciona la jardinería. El rodearnos de ese remanso perene y colorido de vegetación y enredaderas donde circula la clorofila, nos proporciona un escape a nuestras tribulaciones y nos da un medio para platicar con nosotros mismos. Así, entre el desojar de las ramas y el remover de la tierra, nos olvidamos del mundo y de sus ajetreos y terminamos felizmente estrechando la mano a nuestro otro yo. Ahora, la vida me recuerda con bastante frecuencia su dicho preferido que nos lanzaba cuando nos veía desfallecer “ya nacimos”, con el que quería ejemplificar que se deben enfrentar los malos momentos con la sola justificación de habérsenos regalado la vida. Aún recuerdo mi primera partida, mi única maleta, grande y de color azul celeste, era su maleta (que por cierto nunca le regresé). Entonces, puso Toña en mi mano un elefante pequeño, del tamaño de una nuez, no recuerdo ya de qué material, mientras me decía: este animalito te traerá suerte, llévalo contigo. Así fue, aquel paquidermo diminuto me acompañó por muchos años dándome dosificadamente la suerte que traía de encargo. Ahora Gladis ha puesto en cada mesa de la casa una figura de elefante y cada que reparo en ellas viene a mi memoria aquella primera despedida. Recuerdo también muy vívidamente el repaso de mis lecciones de gramática y matemáticas que Toña tenía como responsabilidad meterme a como diera lugar. Fue el tiempo en que con mayor frecuencia escuché de sus labios la sentencia lapidar que en aquel entonces resultaba para mí la frase de “ya nacimos”. Fue desde aquellas tempranas enseñanzas que quedó grabado en mis atolondradas neuronas que la persona mediana que estudia mucho con bastante frecuencia pasa por inteligente. Hoy mi hermana Toña está convaleciente después de una segunda intervención quirúrgica. Van para ella esta retahíla de semejanzas que nos hermanan aún más esperando que este día recuerde la impaciencia y la felicidad con que hace 50 años esperábamos todos los hermanos la madrugada del 25 de diciembre para “comernos” los regalos que el Niñito Dios nos había traído a casa. Gracias hermana.

domingo, diciembre 20, 2009

De malas y de males

Sin duda existen días en que uno se ve tentado a lanzarle toda clase de improperios a la vida. Principalmente cuando ella le arroja a uno dardos punzantes tan repetidamente y con tan certera puntería que ni Robin Hood lo haría mejor. Es fácil atribuirle a la casualidad (o al resultado de un mal comportamiento) el advenimiento de un mal. Pero cuando los males se suceden uno tras otro entonces es difícil imputarlos a la pura casualidad o a la mala fortuna. Es entonces que quisiera uno ver al que está moviendo los hilos tras bambalinas para arrojarle tantos sapos y culebras como se pueda (todos venenosos por supuesto) y dejarlo encerrado con todos ellos adentro. En estos días pues, mi tranquilidad se ha ausentado sin duda a causa de mi agreste humor. Se ha marchado para aliviarse la migraña que le ha sobrevenido de escuchar tanta refunfuña que suena a su alrededor. Hay problemas que son pasajeros y otros que son residentes. Ojalá los míos fueran pasajeros.

miércoles, diciembre 16, 2009

Los adornos navideños

Por fin terminamos de colgar la última serie de luces en la casa. Ya la fachada no esta tan lúgubre como lo estaba hace unos días. No relumbra tanto como lo hacen otras casas de la cuadra pero con todo y eso despierta la curiosidad de los paseantes. Tenía casi decidido no instalar luces este año pues mi ánimo ha estado un tanto devaluado pero como mis hijas se ofrecieron de ayudantes esto nos dio el arrojo necesario para comenzar. Así pues, Gladis y Yo fuimos por Ale a Villahermosa y nos dirigimos luego a comprar el pino y sus accesorios. Por lo avanzado del mes batallamos un poco para encontrar un pino de nuestro agrado. Los adornos también escaseaban y los que había estaban rotos por tanto manoseo de la gente. Por fin conseguimos lo necesario y regresamos ya tarde a casa. Kory, Alejandro y Pedro ya nos esperaban bien dispuestos para iniciar con las tantas veces postergada iluminación. Sin embargo muy poco avance hubo en cuanto al tejido del ajuar de luces de la casa ya que lo avanzado de la noche terminó con el brío original de los ayudantes. Aún con los exiguos resultados de ese día agradecemos el empujón que nos dieron ya que nos sirvió a Gladis y a mí para romper la pesada inercia del desgano.

miércoles, diciembre 09, 2009

La visita

Hoy llegó Pedro de vacaciones. Lo vi como con 10 kg menos de cuando se fue la última vez. Me trajo unos riquísimos tamales y una estupenda ración de capirotada que Adelita nos envió de Guadalajara. Apenas llegué del trabajo, di cuenta de tres tamales y de una porción de capirotada. Mientras comía, los recuerdos llegaron en tropel a atropellarme. Todas las evocaciones querían ser las primeras en salir aunque sea por un segundo del letargo en el que viven. A cual más se disputaban el privilegio de volver con su ropaje setentero y repetir lo sucedido hace 40 años. Son múltiples las cosas que nos remontan al pasado en forma instantánea. Puede ser un aroma, una canción, un libro. La condición requerida para que alguna cosa nos transporte al pasado es que debió haber coexistido con la escena evocada al mismo tiempo y en el mismo lugar. En este caso fue el sabor de un tamal que me trajo la escena vivida hace 40 años. Gracias Adelita.

martes, diciembre 08, 2009

Noches de luces

Pasé un fin de semana lluvioso entre tazas de humeante chocolate. En esos días el agua cayó día y noche, minuciosa y uniforme. Fueron días para entretenerse en casa con un buen libro en las manos. Me encuentro disfrutando plácidamente de días frescos y en consecuencia pasando noches de buen dormir. Hoy por la mañana la neblina tocó tierra y me acompañó durante todo el trayecto al trabajo. El aire se miraba como enharinado. Como si las nubes, aburridas de la uniformidad de la altura, se hubieran puesto de acuerdo para bajar a la tierra. El único inconveniente es (como cada año sucede en estas fechas) que por las noches al mirar el exterior de la casa parecería que se mira el interior de un agujero negro en medio de una galaxia. Estoy empezando a sospechar que existe entre nuestros vecinos una competencia velada para ver cuál casa enceguece más rápido al prójimo. Es seguro que continuaremos quedándonos rezagados en este juego que bien podría llamarse “a que te enciendo la pupila al primer pestañazo”. Por lo pronto, sigo posponiendo el tendido de las luces en la casa hasta que un buen samaritano venga y me ayude, cosa bastante dudosa que suceda.

domingo, diciembre 06, 2009

La guitarra

No recuerdo bien en qué momento sucedió mi primer encuentro con la guitarra. Soy muy malo para registrar fechas pero probablemente esto sucedió en los primeros años de la década de 1970. Estudiaba la secundaria. No entiendo cual fue la motivación que me hizo hermanarme con este instrumento. No había en mi familia nadie con esta afición, ni amigos, ni vecinos. Nuestro primer encuentro fue cundo mi hermano Jesús llegó a casa un día cualquiera acompañado de una guitarra. Su rostro risueño reflejaba el firme propósito de aprender los secretos de la música y esperaba confiado que aquella caja sonora de seis cuerdas se los enseñara. No transcurrió mucho tiempo para que Jesús se decepcionara de los pobres resultados musicales obtenidos. Después de intensas sesiones de aporrear cuerdas finalmente reconoció que esto no era lo de él y la guitarra terminó colgada de una pared. Aquél día en que la descolgué inició ente nosotros una larga relación de mutuo respeto. Con este instrumento aprendí algunas lecciones importantes de vida: ser tenaz y esperar con paciencia las recompensas. Me quedó claro, después de interpretar medianamente algunos valses venezolanos de Antonio Lauro, que la recompensa llega solo después de un intenso trabajo de repetición. Esta misma formula la practiqué en la escuela y aún la sigo practicando en el trabajo y en otros muchos aspectos de mi vida. Después de terminar la universidad y salir de Guadalajara fui posponiendo gradualmente las citas con la guitarra hasta llegar el día en que me olvidé completamente de ella. Esto ocurrió ¡hace aproximadamente 20 años! Hace unas semanas Gladis me preguntó por la guitarra y mi respuesta fue un lacónico: no sé. Gladis terminó diciendo: seguramente Pedro la dejó en casa de un amigo. Tal vez –respondí. Pobre guitarra –pensé, después de haber andado del tingo al tango durante estos últimos 20 años, muy maltrecha y sin dueño, fue a quedar quien sabe dónde. Ella, que me ayudó a interpretar en sus mejores días a Carulli, Carcassi, Sor, Aguado, Sagreras y muchos más, ahora sirve probablemente para acompañar a algún intérprete vernáculo o cumbiero. He sentido mucho su suerte. En este mes pasado cumplí un año más de vida (que barbaridad) y en recompensa por mi reciente pérdida Gladis y Kory me regalaron una guitarra. Aunque mis dedos no son lo que eran antes (ni la memoria tampoco) he disfrutado otra vez el sonido agradable de este popular y magnifico instrumento.

martes, noviembre 17, 2009

Mosquitos

En estos días han proliferado los moscos. Los encharcamientos son la causa de este fecundo brote cuyo enjambre se abalanza sobre todo lo que se mueve. Por lo general era solo en las tardes cuando salían estos bichos alados a punzarnos con su chuzo y a sorbernos como malteada. Sin embargo en estos días ya zumban en la oreja desde la mañana y debe uno andar con cuidado para no abrir la boca y tragarse una docena de zanquilargos. No se salva nadie de servir de abrevadero y contribuir con su dosis de morcilla para alimentar a estos ávidos chupadores. Son días malos para trabajar en despoblado, y todavía peor si hay vegetación. Luego es un suplicio el empeño que uno pone en calmar la comezón para quedar después como cacahuate garapiñado: con ronchas sobre ronchas.

lunes, noviembre 16, 2009

Días frescos

Aquí el clima es templado la mayor parte del año, por eso es que me resulta agradable el aire fresco del último trimestre del año. Además, este aire fresco me trae algunos recuerdos de cuando era estudiante en Gdl. Recuerdo vivamente aquél humeante café con el que solía recibir la primera clase matutina en la universidad. Era agradable sentir entre mis dedos ateridos la tibieza de aquel vaso de unicel. Así, sorbo a sorbo, transcurría la primera clase del día: enfundado en un grueso suéter de algodón y viendo la pizarra a través de una nube de vapor.

viernes, noviembre 06, 2009

Buena oreja

Mi oído está mucho mejor. Escucha igual que lo hacía antes de caer enfermo. Desde hace ya un par de días me ha dejado dormir plácidamente. Encuentra gozo otra vez en los ruidos nocturnos y matinales que nos trae a soplos la obscuridad. Se deleita con el susurro que producen las nubes al soltarnos su vaho húmedo de la tarde. Se apacigua y se le compone el semblante al percibir el goteo incesante del agua al hundirse sobre los charcos. Hasta los maullidos escandalosos de pachis le provocan cierto gusto. Así está ya de sereno y sano mi oído. Estoy tan feliz con él como Juanito está con su estatua. Tan despierta quedó mi orejita que escuchó muy bien el bonito aforisma que pronunció ayer en México un príncipe de Holanda “camarón que se duerme se lo lleva la chin…” Sí, es el príncipe heredero de los Países Bajos.

lunes, noviembre 02, 2009

Muertos, vivos y recuerdos.


Ayer todo el día llovió. Fue una lluvia menudita y obstinada que se divirtió lindamente con un jueguito llamado “a que te empapo la grupa”. Con todo, Gladis y Yo nos fuimos a comer a casa de José Manuel un rico horneado de pollo con su respectivo consomé. Pasamos una tarde agradable disfrutando cabalmente su hospitalidad y la de su familia. Pasamos un rato a la nueva vivienda de Don Lucio y Doña Maty, vivienda que también fue nuestra en años pasados. En el tiempo que vivimos en esta casa Kory terminó la primaria y cursó la secundaria, Pedro y Ale cursaron el Kínder y empezaron la primaria. Esta casa fue la que conocieron mis hermanos: Yolanda, Gustavo y Gregorio. Fue el tiempo en que Pedro y Ale hacían preguntas inocentes pero difíciles de responder. Recuerdo aquella que Ale hizo a Yolanda cuando ambas se bañaban juntas ¿Por qué estas goida tú Tía? Ahora, sin duda, Ale sabe la respuesta. Fue en esta casa en la que Pedro acostumbraba correr en el zaguán totalmente desnudo contraviniendo las recomendaciones de su apenada mamá. Fue en esta casa que Kory dio el salto a la adolescencia y se plantó cara a cara con sus múltiples interrogantes. En esta casa la familia se formó el carácter que iba a predominar en los años venideros. Ahora Pedro estudia en Guadalajara Jalisco (espero que vestido), Kory y Ale viven juntas en Villahermosa Tabasco, la primera trabajando y la segunda estudiando, Gladis y Yo continuamos en Reforma Chiapas tratando de terminar bien (o por lo menos no mal) lo que juntos iniciamos hace poco más de dos décadas.

Hoy es día de muertos. Es un día especial para recordar en familia a los que ya no están con nosotros. Es día de ir al panteón a limpiar la residencia permanente de nuestros queridos catrines y catrinas. Es día de ofrendarles a la luz de titilantes velas la comida que más disfrutaban en vida, de llevarles sus cigarritos y su tequila (al cabo ¿qué daño podría hacerles ya?), de llenar su última morada de esas majestuosas esferas de pétalos amarillos llamados cempasúchil, de romper el silencio con rezos y aderezarlo con anécdotas. Es un buen día para que sepan de ellos las nuevas generaciones, y estas, para que conozcan su genealogía y sus raíces. Pero lo mejor de todo es que los vivos conviven, estrechan lazos, se miran como entes que forman parte de un todo aunque muchos kilómetros los separen. Va un recuerdo lleno de añoranza para ti María Patrocinio y para tu compañero de toda la vida Pedro: Ella, con su ajuar de gala, montada en su bellísimo corcel blanco. Él a su lado, montado con garbo sobre lomos de un brioso caballo alazán, vistiendo a la usanza, con sombrero charro y pistola al cinto. Esta estampa se me dibujó al escuchar hace unos días la evocación que mi hermana Toña hacía de su niñez.

sábado, octubre 31, 2009

Aniversario

Mañana cumplimos nueve años de vivir en la colonia las garzas. Esta colonia es para empleados que laboran en el Complejo Procesador de Gas Cactus. A partir de esta semana dejé de trabajar oficialmente para Cactus. Ahora mi base está en el Complejo Procesador de Gas Nuevo Pemex. Esto nos convierte a partir de esta semana en habitante cachirules de esta colonia. Aunque ya trabajaba desde abril de 2007 en Nuevo Pemex, fue hasta esta semana que mi transferencia se hizo oficial. Nuestros vecinos de colonia ya no son los mismos de hace nueve años. Algunos de ellos dejaron de trabajar para Pemex, otros decidieron vivir en sus propias casas, otros ya se jubilaron, y los más se marcharon a otras colonias por haber sido transferidos de Centro de trabajo. Todas las casas que estaban vacías hasta hace muy poco ahora están habitadas por un grupo nuevo de familias jóvenes. Puedo decir que la casa que ocupamos en las garzas esta ya casi vacía de bípedos. Deambulamos en ella solo Gladis y Yo. Eso sí, no puedo decir que somos los únicos habitantes. Nos acompañan: Niño, nuestro viejo, canoso y ciego perro bóxer; Patón, nuestro orejudo, chaparro y larguirucho perro basset hound; Paco, nuestro perico parlanchín; la Gorda, una bola de pelos que doña Maty llama curí (cuyo) y que cada vez que lo ve se le antoja de merienda; y Pachis, nuestro gato maullador y jacalero. Cada uno de nuestros hijos dizque tiene a su cuidado a una o dos mascotas (al menos esa fue la intención original). Puedo decir que cada hijo está representado por al menos una mascota: Kory tiene a Niño, Pedro a Pachis, Ale a Paco y a la Gorda, Y Patón (regalo de Guy y familia) es de los tres. Ahora me veo como Don Teofilito (de los polivoces) diciendo a Andobas “Cundo digo que no quiero mascotas en la casa es que no quiero…y cuando digo que no quiero es que no quiero…”

jueves, octubre 22, 2009

Poesía

La poesía es el medio con que el poeta manifiesta sus estados de ánimo. El poeta escribe sus emociones con alegorías y metáforas personalizadas. Él escribe sus versos como catarsis, como medio de liberación, como desahogo. El verso nace cuando la emoción del poeta se desborda. Las pocas veces que he leído poesía, lo primero que espero descubrir es la emoción o el sentimiento que orilló al poeta a exteriorizarla. Si los versos transmiten la emoción que los originó, entonces el poeta cumplió su cometido.

CANCIÓN DE OTOÑO
Paul Verlaine

Los largos sollozos
De los violines
Del otoño
Hieren mi corazón
De una languidez
Monótona.

Del todo sofocado y
Pálido, cuando
La hora suena,
Me acuerdo
De pasados días
Y lloro.

Y me voy
Con el viento malvado,
Que me lleva
Aquí, allá
Semejante a
La hoja muerta.

Los poetas utilizan el otoño como sinónimo de tristeza (hojas muertas). Así pues, el estado de ánimo de Paul Verlaine al escribir esta poesía era de melancolía. Estos versos pueden tener más de una interpretación. La escena que yo imagino es la de un poeta que describe en la soledad de su habitación el estado de ánimo (nostalgia) que le produjo escuchar cierto día de otoño la evocadora melodía de una orquesta de violines.
Los primeros versos de esta poesía fueron transmitidos por la radio BBC de Londres días antes del desembarco de los aliados en Europa como clave secreta para que la resistencia francesa intensificara las operaciones de sabotaje en la Francia ocupada por los nazis durante la segunda guerra mundial. Nada que ver con el sentimiento que Verlaine plasmó en su poesía.

domingo, octubre 18, 2009

Clima loquito

La mañana de hoy salí de la casa rumbo al trabajo no sin antes haber batallado indeciblemente para apearme de la cama. Esto siempre me sucede los fines de semana y se recrudece todavía más si la madrugada es fría. Además, ahora se sumó el desvelo producido por las malas noches que me ha hecho pasar las dolencias de mi oído. Debido a que ayer llovió, la madrugada de hoy amaneció fresca. ¡Cuánto trabajo para separarme de los mullidos edredones! Cuando salí de la casa no llovía, apenas llevaba recorridos un par de kilómetros y empezó a lloviznar, otro par de kilómetros más y la lluvia ya caía en forma. Antes de completar la primera mitad del recorrido ya los limpiadores no daban abasto para quitar el agua del parabrisas. Al iniciar la segunda mitad del recorrido la intensidad de la lluvia ya había disminuido y así fue reduciéndose a medida que avanzaba. De pronto terminó tan abruptamente como empezó. En el trabajo no había ningún indicio de haber caído una sola gota de agua. Todo esto pasó en un trayecto de aproximadamente 10 kilómetros. Igual que la lluvia repentina de hoy, ayer recibimos la visita inesperada de los papás de Gladis. Estuvieron con nosotros Maty y su familia, la familia de una prima, la abuelita de Gladis, Cory y su nuevo novio Alejandro, y Ale. Ayer pues, la casa estuvo alegre y bullanguera.

sábado, octubre 17, 2009

Achaques

Desde hace días me ha molestado mi oído derecho. Esto no fuera tan malo si me gustara dormir sobre mi costado izquierdo, pero da la casualidad que mi deleite para conciliar el sueño esta sobre mi costado derecho. En la mañana mi oído se levanta sordo y así permanece una buena parte del día. Solo en la noche se despabila un poco y empieza a deleitarse otra vez con los sonidos nocturnos de la laguna el limón. Hoy llovió un poco en la tarde, apenas lo suficiente para mojar escasamente la tierra pero lo suficiente para extraerle abundante olor. El vapor que el asfalto deprendía era cálido, muy parecido al vapor que flota en un comal húmedo en el fuego. En la noche fuimos por Ale a Villahermosa. De ida flotaba en el aire una mezcla de aromas dulces como de anís, yerbabuena, orégano y menta. De regreso, además de oloroso, el aire estaba frio. Al fin .

domingo, octubre 11, 2009

Un receso

Esta semana que recién termina fue de mucho trajinar en el trabajo. Este atosigue se está convirtiendo ya en una cosa de costumbre. Espero salir pronto de esta lluvia de madejas enmarañadas cuyo trabajo de escarmentar no exige esfuerzo físico pero sí deja grandes palpitaciones de cabeza. Por otro lado la lluvia se dio un respiro y el calor sustituyó a la fresca briza. Este paréntesis cálido sirvió para que los ríos escurrieran el exceso de agua que ya se estaba convirtiendo en algo amenazador. La neblina se dejó ver en las mañanas envolviéndolo todo con ese característico velo de misterio y de nostalgia. Es tradición vincular estas madrugadas vaporosas con la llegada de oleadas de calor en horas posteriores. Enmudecieron los truenos y se apagaron los relámpagos, una tregua exigua por lo que toca a la lluvia. En estos días pasados el cielo volvió a mostrarse azul con muy pocas nubes amenazantes. Esto es cosa pasajera ya que en los últimos dos años este mes se ha caracterizado por traer agua en abundancia.

miércoles, septiembre 30, 2009

Capsula del tiempo

Hace días mi hijo me comunicó por teléfono que había encontrado entre las hojas de un viejo libro una carta que mi madre escribió hace muchos años. Le dije que eso era improbable debido a que ella era poco adepta a escribir. Mi hijo replicó que tal vez alguien escribió por ella ya que el remitente no dejaba duda, tenía el nombre de mi madre. Le solicité que me la enviara escaneada en la primera oportunidad. Sabedor del carácter olvidadizo de Pedro pensé que hasta ahí llegaría el asunto. Me equivoqué. Hoy leí lo que mi madre pensó decirme hace 25 años. La carta está fechada el 24 de julio de 1984. Su mensaje me llegó nítido a pesar de los muchos años transcurridos. Me abrumaron las emociones mientras avanzaba en la lectura de esta capsula del tiempo. Mi pensamiento se echó a volar por un instante hasta aquel lejano pasado ayudado por esta inverosímil máquina del tiempo. Vi a mi madre sentada en el extremo del sofá viendo por televisión su programa nocturno favorito: Para Gente Grande conducido por Ricardo Rocha. A su lado estaba su hijo Mario de 25 años recostado en el otro extremo con ambos pies en su regazo.

lunes, septiembre 28, 2009

Futuro incierto

Vivimos tiempos difíciles. Los cambios suceden rápido sin darnos tiempo de acomodarnos a las nuevas condiciones. Tenemos en puerta el cambio climático global responsable de provocar el recrudecimiento de inundaciones y sequias en el país, estamos siendo testigos de uno de los peores colapsos económicos de la historia que ha recrudecido la pobreza en el mundo, ha surgido una nueva cepa gripal clasificada ya como pandemia y que se ha esparcido con rapidez en ambos continentes, estamos siendo víctimas de depredadores que se llaman a sí mismos hombres de estado cuyo código moral parece estar basado en los siete pecados capitales, estamos inmersos en una violencia fratricida cuyo número de víctimas ya es posible comparar con cualquiera de las 2 guerras revolucionarias del siglo pasado, nos invaden los inteligentes prohombres encargados de hacer política y que han dividido al país en dos bandos: buenos y malos, donde cada uno se alza como dueño de la verdad o la razón ¿o debería decir artimaña? Estamos siendo testigos del resurgimiento de grupos radicales o fundamentalistas que le apuestan a la violencia o al caos como medio de alcanzar su fin, están surgiendo otra vez países que se dicen no alineados como Corea del Norte, Venezuela e Irán que están reforzando su aparato bélico y que gozan de no poca simpatía e influencia en sus respectivas latitudes, está también el resurgimiento del terrorismo internacional que se ha beneficiado del internet como medio de propaganda para sumar más adeptos a su causa. No es necesario tener grandes dotes de perspicacia para suponer que se está cocinando tras bambalinas un brebaje que puede resultar bastante amargo.

miércoles, septiembre 23, 2009

Contra toda resistencia

En ocasiones no tengo nada interesante que decir (en realidad casi nunca). Presiento que cualquier intento por transformar algunas ideas en palabras será algo muy complicado además de estéril. Pero bueno, aquí estoy, cumpliendo con mi cuota diaria de trabajo en el teclado aunque sin mucha gracia ni ánimo. Todo sea por postergar el alzheimer. Hoy terminó el día cerrando el telón con una tormenta de antología. Estaba en el trabajo cuando se desató la lluvia como a las 7 pm. Se dejó venir con una gran variedad de relámpagos y truenos, y con la furia e ímpetu suficientes como para sobresaltar hasta al más bragado. Cuando empezó a llover estaba en la oficina ante la PC dando los últimos toques a un informe, en ese momento escuché un fuerte estruendo al tiempo que la oficina quedaba en penumbras. Salí, caminé a obscuras por el corredor que me lleva a las escaleras que van a la planta baja, iba con la idea de llamar a Gladis para que pasara por mí al trabajo. Tengo que hacer esto cada que quiero hablar por teléfono porque en la planta alta en donde se encuentra mi oficina nunca hay señal. Me disponía a marcar cuando a escasos 20 metros de donde me encontraba vi una columna de fuego como de un metro de ancho (o así me pareció) que se abría paso cortando el aire en dirección al suelo al mismo tiempo que se dejaba escuchaba un terrible estruendo. Miré a ambos lados para ver si había alguien más que hubiera sido testigo del acontecimiento. Nadie más había en el lugar. Me lamenté, hubiera sido un buen tema de conversación: ¿Viste lo que yo? ¿Habías visto antes algo parecido? ¿Te imaginas lo que le hubiera hecho a alguien con la mala suerte de haber estado en ese lugar? Un par de minutos después muchos salieron de las oficinas llegando a donde me encontraba llevados por la inquietud que les había provocado el estrepitoso ruido que hizo cimbrar los vidrios de las ventanas. Todos se burlaban de alguien que venía con ellos y que se había sobresaltado tanto que había saltado como chapulín por el estrepitoso ruido. Y eso que solo escuchó el trueno –pensé.