Escribir un suceso en un día determinado y a una hora específica, es capturar una instantánea en el tiempo que será única e irrepetible puesto que inmediatamente se convertirá en pasado inamovible que pronto se olvidará. Se me figura que es como lanzar un mensaje al mar en el interior de una botella, nadie sabe a cual playa acudirá, ni en qué momento del futuro, un distraído caminante se topará con ella y la destapará. Pueden transcurrir horas, días, meses o años antes de que este hecho se convierta en realidad. La persona que la encuentre y la destape probablemente desconozca el idioma del mensaje o se interese más en la botella que en su contenido, pero el mensaje en su interior, que sera como una cápsula viajera del tiempo, sobrevivirá. El mensaje no tiene que ser importante para el mundo o para un grupo de personas en particular, inclusive podría ser importante o tener significado únicamente para su autor. Así, por ejemplo, podría contarles que en este momento estoy escribiendo esta nota una tarde de domingo, mientras estoy sentado plácidamente en el acojinado sofá de la sala de mi casa. Decirles que en este día en Villahermosa está nublado y lluvioso. Platicarles que llegan a mí desde afuera, los sonidos chispeantes de pequeños escurrimientos que la lluvia nos ha dejado regados con sus tupidas gotas gordas desde la madrugada. Se escucha también uno que otro pregonero anunciando sus mercancías con voz aguda que acompaña con chillantes pitidos de corneta mientras avanza lentamente por las calles anegadas. Sobresale de entre el murmullo del goteo constante de los canalones, el agudo piar silvante de las aves y el grave ronroneo que acompaña el desplazamiento incesante de los coches. Les puedo contar que recién descubrí que la joven Elvia, la tímida y silenciosa ayudante de Gladis, le gusta susurrar canciones en zteltal mientras trajina trastos en la cocina. Observo a Gladis bajar con lentitud garbosa las escaleras con su bolsa café colgada en su hombro izquierdo lista para salir de compras al supermercado. Me informa que se le antoja comer enchiladas con cecina que venden en el restaurante el “negrito”. Iremos pues sin demora a comer esa delicia.
Visitas de la última semana
domingo, enero 29, 2017
sábado, enero 28, 2017
Corte de caja
Pedro y Ale se fueron a sus respectivos lugares de acogida. Pedro a Guadalajara y Alejandra a NY. La casa vacía nos regresa a Gladis y a mí a la rutinaria realidad en la que generalmente viven los matrimonios de cierta edad avanzada. Mi realidad actual es pura movilidad. En mi porvenir inmediato se avizora un cambio de dirección a todas luces inevitable. La brújula apunta cada vez con mayor determinación hacia territorio Tenochca. Ante este horizonte tan neblinoso, el talante de Gladis es similar (así lo estimo) al semblante que tenía Malinche la víspera de su marcha a Tenochtitlán. La ventaja es que nosotros no cruzaremos las cumbres de maltrata ni el pico de Orizaba a pie como ella las cruzó en el siglo XVI. Kory, su esposo Alejandro y mi nieto del mismo nombre de 3.5 años de edad, están a pocos días de emigrar también a territorio Azteca. Mi queridísimo nieto extrañará el delicioso pozol y los exquisitos guisos de su abuelita pero conocerá también los sabores de nuevas delicias culinarias como las guajolotas acompañadas de atole calientito. Ale está a punto de matrimoniarse. Creo que su soltería terminará en este mismo año. Pensar en ello me trae cierto desasosiego por la tendencia xenófoba, racista y antiinmigrante del nuevo presidente de EU que ha despertado mediante su loco discurso fascista, nacionalista y narcisista la verdadera naturaleza de sus hooligans connacionales y la ha dirigido belicosamente contra todos los mexicanos. Pedro está pasando por una etapa de cambio. Está permutando sus hábitos y redireccionando sus obuses que ya no son de salva. Mientras escribo esto, llegan a mí (de una casa vecina) las notas de la canción “lo que te queda” de Los Solitarios que fue un éxito en mi adolescencia. Espero que no sea un presagio. Mi suegra Maty se fue al municipio de Rayón Chiapas. Recién vi una foto que la muestra tendida en un sofá con un gorro de tejido azul y cubierta de pies al cuello con una cobija lanuda gruesa. En Rayón hace mucho frío en esta época del año. Dobby y la Nena, que así se llaman nuestro perros chihuahueños, retozan en en su casita del patio abrigados entre frazadas y almohadillas. Pachis, nuestro andariego gato de pelo color miel está perezosamente echado en el sofá, seguramente recuperando fuerzas antes de emprender su diario recorrido nocturno en su familiar territorio urbano. Paco, nuestro loro, está quieto y sospechosamente silencioso. Afuera, la quieta noche envuelve las casas y se distrae con la cháchara de los noctámbulos de siempre.
sábado, enero 21, 2017
Semana movida
El pasado sábado por la mañana tenía tareas personales que atender en el centro de Villahermosa. Trabajar en ese fin de semana no era una opción para mí. Antes de las 9:30 am de ese día algo pasó en Tula Hidalgo que cambiaría radicalmente mi programa en Villahermosa. El teléfono sonó y la voz apremiante al otro lado de la línea, que por cierto venía desde Coatzacoalcos Ver., me desencaramó violentamente de mi sueño y de mi cama. Tienes que estar en Tula hoy, me comunicó con ceremoniosa frialdad aquella voz que presagiaba tormenta. Gladis, acostumbrada a los desplantes que, un día sí y un día no, nos hace mi muy voluble trabajo, me pregunto:
-¿Ropa para cuantos días?
-Para una semana, respondí con el tono del que ya no quiere queso...
-¿Ropa de trabajo, ropa formal o ropa informal?
-Tres mudas de ropa de trabajo y dos mudas de ropa informal. Esta vez no me apetecía vestirme de Sr. Godínez.
A las 7 pm estaba pisando tierra en Tula de Hidalgo y de allí arranqué directo y sin demora a ver el asunto que me trajo tan a la pela vacas desde Villahermosa. Casi al terminar el día, como a las 11 pm, caí en la cuenta de que había olvidado mi cepillo de dientes en casa. Por razones que desconozco, en Tula tuve que bañarme con agua fría durante tres días seguidos con una temperatura ambiente de 6 grados Celsius. El miércoles, mientras viajaba al D.F. me sentía afortunado de no haber pescado una pulmonía con esos terribles baños que me dejaban el cuerpo entumecido por espacio de varios minutos. Dos días en el D.F. y cuatro baños con agua caliente fueron suficientes para hacerme un mal en las vías respiratorias. El viernes, recién llegado a Villahermosa, lo primero que hicimos Gladis y Yo antes de llegar a casa, fue visitar al doctor. Ahora, en este nuevo sábado, 7 días después de aquella ingrata llamada, el único plan que tengo es seguir al pie de la letra las indicaciones del médico.
viernes, enero 06, 2017
De Huejuquilla a La Soledad
“Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga” Nos han dado la tierra. Juan Rulfo.
Salimos de Huejuquilla el viernes 30 de septiembre poco antes de mediodía. El trayecto de Huejuquilla a La Soledad es una aglomeración de cerros y valles escarpados de escasos asentamientos humanos. El cielo estaba despejado y corría un aire fresco. Donde quiera que los ojos se posaban encontraban matorrales en floración. Es la época en que explota la clorofila y hay en los campos un arrebato de flores silvestres. El fondo de cada valle conduce arroyos transparentes que abrazan las piedras formando orlas de espuma blanca a su alrededor. Después de media hora de manejar en la estrecha carretera pavimentada, llegamos a una bifurcación en el camino. Calculé que nos encontrábamos como a la mitad del recorrido. Uno de aquellos ramales continuaba pavimentado y el otro era terracería. Obviamente elegí la desviación pavimentada. Me tomó 20 metros advertir, después de salvar la primera curva, que la carretera había sido engullida por un manto verde de huizaches. Después de descolgar los ojos de aquellas ramas espinosas, desandamos el camino hasta llegar de nuevo a la bifurcación. El día anterior había llovido y el sendero de terracería se había transformado en lodo. A partir de allí, el chasis del carro optó por hacer una decidida protesta que expresaba mediante unos chirridos que me helaban la sangre. En la Cuesta de Yugos la situación del chasis se tornó más machacona; el chirrido inicial se convirtió pronto en un continuo martilleo al azotar el fierro contra el empedrado del camino. Yugos; nombre muy acertado para esta condenada cuesta tapizada de cantos rodados del tamaño de sandías. Mi boca descanso de expulsar conjuros y jaculatorias cuando llegamos a la cima de la escabrosa cuesta de Yugos. A partir de allí las condiciones del camino mejoraron parcialmente: con la ayuda de los vehículos que nos cruzaban, el carro adquirió pronto el aspecto de chiquero de cochino. Todo se me olvidó cuando alcanzamos el llano. Entramos a una área plana y despejada. Hasta allá lejos, en el horizonte, se distinguían los cerros azulados que rodeaban aquel llano grande. Sentí una grata sensación de libertad, de silencio y de nostalgia. En la lejanía, me pareció ver a un niño güero como de 5 años que vestía un raído pantalón corto. Totalmente abstraído, arrastraba mediante un cordón de ixtle una lata de sardinas llena de guijarros.
miércoles, enero 04, 2017
Las Bolitas
El tiempo es vida, y la vida reside en el corazón dice Michael Ende en su novela Momo. Aforismo que me recordó el modo en que empleé mi tiempo vivido. Puedo jurar ante la tumba de “niño” (nuestro difunto perro boxer) que mi tiempo fue utilizado todo en las bolitas. La bolita es un término que utilizamos en la época de estudiantes para referirnos al grupo que nos reunía en las horas de receso. Aún recuerdo con nostalgia algunos nombres de mi bolita de primaria, secundaria, bachillerato y universidad. Pertenecí a bolitas que yo elegí aunque también hubo otras que no elegí. Ejemplos de las que no elegí son mi familia o mis compañeros de clase. Sin embargo, las bolitas con las que yo me relacioné por elección propia fueron muchas y de muy diversa catadura. Mi vida ha sido una sucesión de bolitas encadenadas como vagones de ferrocarril en cuyos pasillos me hice adicto en menor o mayor grado a algo. En cada bolita aprendí o desaprendí algo, avancé o retrocedí algo, mejoré o desmejoré algo. Ahora entiendo que las bolitas son al individuo lo que los ecosistemas son a la flora y a la fauna. Vivimos dentro de ellas en equilibrada simbiosis compartiendo los mismos recursos disponibles en su interior: nos facilitan o nos complican la vida. Clasificando a las bolitas actuales en orden de popularidad y apetencias podría citar a: los hidalgos caballeros de la barrica redonda, la liga popular de los saltimbanquis de fiesta, la organización democrática de los sereneros anónimos, la congregación de bailarines de zumba o la asociación internacional para la conciencia del nirvana. Así pues, el tiempo es vida, y la vida reside en la bolita.
viernes, diciembre 30, 2016
El curioso caso de los libros olvidados
Llamó mi atención el dato compartido por Dany, compañero de preparatoria, sobre el curioso caso de los libros olvidados a la vista (y a la mano) de los peatones. Libros abandonados en la batea de una camioneta estacionada en la calle con el único propósito de que otros se deleitaran con su lectura. Los libros estuvieron expuestos 4 días al sol y soportaron pacientes el sereno de 4 noches sin sufrir una sola baja. El mexicano, listo como es, abierto siempre al conjuro de oscuras conspiraciones, sospecharía inmediatamente de las azopilatadas intenciones escondidas detrás de aquella inocente acción de abandonar en la calle 4 cajas llenas de paquetes de papel reciclado. Ante un escenario como este un mexicano promedio dibujaría una sonrisa irónica en su cara de bronce a la vez que se preguntaría ¿Para qué llevar a mi casa la basura de otros? ¡A quién se le ocurriría tal despropósito! Aunque pensándolo bien tal vez lo hiciera recapacitar la irrupción violenta de algún pensamiento huérfano fugaz ¿Necesito hacer una lumbrada? ¿Tengo algún mueble con pata coja? ¿Necesito una silla temporal? ¿Necesito material para origami?.
Aunque existe otra posibilidad en este curioso caso de los libros olvidados. Quizás tenga que ver con la extravagante honestidad de los habitantes de esa colonia que les repelió apropiarse del valioso activo familiar de algún distraído vecino. Quizás hizo falta un anuncio con la leyenda “se regalan libros”. Me gustaría pensar en la veracidad de esta utópica y cándida posibilidad.
jueves, diciembre 29, 2016
Las visitas
Nuestra familia se reúne completa una vez al año. Generalmente estas reuniones coinciden con la última semana del año. Esta vez la celebramos en navidad para que Pedro pudiera cumplir un compromiso en año nuevo. También nos visitó Alexa que llegó el domingo de Guadalajara. El lunes nos fuimos todos a Palenque y a las cascadas de Agua Azul que son destinos obligados para los visitantes de este hermoso estado de Chiapas. El martes le festejamos el cumpleaños a Pedro en el Rodizio y el miércoles su abuelita Maty le obsequió una ración de la comida exótica que tanto le gusta: asado de tepezcuntle y armadillo acompañado de una rica salsa con harto chile habanero.
-¿Que cosa es el tepezcuintle? Preguntó despreocupadamente Alexa mientras sostenía con su mano derecha una gorda porción de pierna de tepezcuintle.
-Es como un cerdo de monte, le informó Pedro en su calidad de enterado y comensal aventajado de estas exquisiteces. Mientras Alexa paladeaba un bocado de carne magra del tepezcuintle.
-Es una especie de roedor de color castaño y rayas longitudinales blancas, tercié yo en mi carácter de chocarrero mediador. Además me asistía el derecho que tiene todo comensal de conocer el origen de todo aquello que trituran sus molares.
-Las facciones de Alexa reflejaron inmediatamente la batalla interior que libraba para no lanzar lejos aquella porción de pata que le quemaba la mano.
-Son totalmente herbivoros. Se alimentan de tubérculos, vástagos, hojas, semillas y frutas, dije a Alexa tratando de componer un poco la situación que descompuso mi lengua suelta y franqueza desatinada.
Ya no hubo manera de dirigir por buen camino su apetito. Estuvo buen rato cavilando en la mítica experiencia que acababa de tener. Probablemente tenía el mismo temor que invadía al doctor Jakyll en vísperas de ser visitado por el señor Hyde.
jueves, diciembre 22, 2016
Las antiparras
El martes recibí mis nuevos lentes. Antes no los utilizaba más que para leer. Según la opinión del oftalmólogo ya va siendo hora de que los utilice para siempre. Me informó también que debido al exceso de carnosidad que tengo en el cuerpo, parte de ella se me está colando al interior de los ojos. El ojo derecho está siendo más acaparador que el izquierdo. Válgame, resulta que la igualdad no existe ni en los ojos. No estamos haciendo buenas migas las antiparras y yo. A cada rato me quieren zancadillear. El miércoles trastabillé en la escalera de la oficina y poco faltó para que mis dientes quedaran regados en el piso. Hubiera sido lamentable ensuciar desde temprano ese piso tan lustroso además de que hubiera representado un fastidio para las personas que hacen la limpieza. Que fácil es romperse la crisma sin ayuda, y sin siquiera pensarlo. Un dolor sordo en la rodilla izquierda me recuerda cada rato esa traicionera zancadilla. Por más que los especialistas echaron mano a los últimos adelantos en la óptica, y por más que realizaron un sinnúmero de cálculos peliagudos (la persona de la óptica en ratos cerraba un ojo, en ratos se mordía la lengua, en ratos fruncía el ceño y en ratos se limpiaba la sudoración), creo que estos lentes nomás no se lograron. Su sistema progresivo parece que quedó chueco o quizás los resortes de mi sistema óptico perdieron ya su brío. Estoy convencido de la dificultad que enfrenta la tecnología al intentar copiar lo que la naturaleza hace sin ningún esfuerzo desde hace miles de años. El caso es que esta semana me di de alta (como elemento sobresaliente) en el concurrido grupo de débiles visuales.
martes, diciembre 13, 2016
Bachilleres II
Que
memoria tan mala la mía. Recuerdo muy poco de la preparatoria. Para ser
honesto, no toda la culpa la atribuyo a la memoria. Comprobada es su
volatilidad cuando, con los años y por distintas circunstancias, dejamos de utilizar
algunos recuerdos. Sin que nadie los traiga y los lleve al bullicio, a la
fiesta o a las tertulias, los recuerdos mueren encadenados en las húmedas mazmorras
del olvido. Me acuerdo por ejemplo del libro de texto “Lecciones preliminares
de filosofía” del español Manuel García Morente. Era el año de 1975. Seguro este
retazo de pasado resistió el paso del tiempo a consecuencia de la impresión que me produjo
su lectura. El maestro de filosofía, chileno de nacionalidad, de cuerpo
flaco, estatura regular, pecho hundido, cabello y bigote negro, y voz rasposa, era de inclinación socialista. Nos
referíamos a él como “el chileno”. Este maestro cautivó a sus alumnos con su heterodoxia
y clara retórica. Permeó mayormente entre las mujeres quienes lo llegaron a proponer como profesor del siguiente curso. Sus argumentos no alcanzaron para convencer
a las autoridades de poner en práctica aquél plan iluminado. El chileno cerró
su curso mediante el sesudo análisis que explicaba la nefasta conducta
imperialista de aquel famoso personaje de historieta estadounidense, ahora ya
desaparecido, llamado “El súper ratón”. Los demás sucesos relacionados con este personaje han
quedado ocultos bajo numerosas capas de obscuro barniz añoso. Nunca supe si
este maestro llegó a México exiliado como consecuencia del cuartelazo
perpetrado por Augusto Pinochet en Chile; golpe que derrocó en 1973 (y motivó
su muerte) al entonces popular presidente socialista electo Salvador Allende.
En aquella época yo estudiaba guitarra en una academia particular ubicada en
Av. Chapultepec bajo la floja supervisión del maestro Guillermo Díaz Martín del
Campo. El grupo Mocedades, Camilo Sesto, Julio Iglesias, José Luis Perales y
Roberto Carlos sonaban hasta el cansancio en la mayoría de los radios del
trasporte urbano de Guadalajara. El deportista mexicano del momento era el tenista
Raúl Ramírez famoso por sus continuas victorias sobre nuestros pesados vecinos
del norte.
domingo, diciembre 11, 2016
Las marchas blancas
Tenemos a mi hija Alejandra de visita en casa desde el
jueves. Hoy después del desayuno (que en domingo, para este que escribe es casi comida) la vi
entrar sola a la casa; venía de la calle.
-Pensé que andabas con tu mamá -le expresé plácidamente semiacostodo desde mi sillón-cama favorito.
-Fui a la marcha con Kory –fue su lacónica respuesta
mientras cerraba la puerta con la mano que tenía libre porque con la otra sostenía
un globo blanco en forma de corazón con las palabras “paz” en una cara y “justicia”
en la otra cara.
No existe nada capaz de consolar a una madre que ha
perdido a su única hija asesinada por sus secuestradores. La mataron aun
habiendo pagado su familia el monto de su rescate. Esto solo se explica cuando
la maldad es pura. Así, sin más adjetivos que la califiquen. Maldad atávica de
seres vivos primigenios.
Este cobarde asesinato fue el que detonó, con el esfuerzo
de esta madre tan acongojada por la impotencia y la tristeza, el movimiento social que ha iniciado en Villahermosa como
consecuencia de la inseguridad en que están viviendo sus habitantes. Todo ocurre ante
la mirada impasible de su gobernador Arturo Núñez quien vive días de acuartelamiento en la casa
del gobernador conocida como “la quinta Grijalva”.
viernes, diciembre 09, 2016
Bachilleres I
El 9 de noviembre de 2015 nació el grupo H en WhatsApp. De
esta forma se dio el reencuentro de bachilleres 1975-1978 egresados de la
preparatoria número dos de la Universidad de Guadalajara en Jalisco. El grupo comenzó
con 7 elementos entre los cuales destacó Susy quién fue la promotora del
reencuentro. Hoy agrupa 29 de los 60 alumnos que fuimos hace 40 años.
Agradezco la oportunidad que se me brinda de conocer
el paradero de mis antiguos compañeros de lápiz y de papel. Fuimos condiscípulos
del mismo pesar en nuestras andaduras por la rocambolesca mayéutica de Sócrates.
También fuimos mudos testigos de los crudos dramatismos de las tragedias de
Eurípides. Fuimos un grupo de impertérritos bohemios dulcificados en medio de un
México priista convulsionado por las refriegas guerrilleras que se oponían al mismo
sistema de gobierno que Mario Vargas Llosa calificaría de “dictadura perfecta” un
par de décadas después. En esa época se disputaban el liderazgo de los alumnos dos
facciones antagónicas. Se pensará que las discrepancias de estos grupos se debatían
en el terreno de la dialéctica que estaba muy de moda entre los combativos universitarios
de aquel tiempo. No era posible pensar de otro modo puesto que en filosofía se leía
el libro rojo de Mao y en lógica aristotélica se aprendía a argumentar en el
mismo argot combativo de la época. Pues nada de esto sucedía. Sus diferencias generalmente eran dirimidas
a garrotazos en el campo de batalla (dentro o fuera de las aulas). Nosotros,
bohemios dulcificados, llegamos a participar en forma involuntaria (como daño
colateral) en más de una riña cuando deteníamos el vuelo de un garrote con el
lomo o con la choya.
jueves, diciembre 08, 2016
Mamá, estas tastigada
- No…no vas a tomá tu labto ma, ni tu labtubetses
- ¿Por qué?
- Poque no
- ¿Y por qué?
- Poque estas tastigada
- ¿Yo estoy castigada?
- Sí.
- ¿Y yo que hice?
- Tidaste el…e vas… e… e la esa chosa e boste e… e belastico en el chile… y tas tastigada.
- ¿Yo estoy castigada?
- Sí.
- Yo no lo tiré
- Sí. Si lo tidaste.
- ¿Ha si?
- Tú tidaste e plato e quistál.
- ¿El plato de cristal?
- Sí.
- ¿Tú lo viste?
- Sí.
- ¡Ha! ¿Y ahora estoy castigada?
- Sí.
- mmm… ¿y se lo vas a decir a papá?
- Sí.
- mmm… tú también estás castigado.
- ¿Poqué?
- Porque le pegaste a una niña con un palo ayer.
- … risa nerviosa.
- Estás castigado también.
martes, diciembre 06, 2016
Llegada a Huejuquilla
Llegamos el jueves 29 de septiembre a Huejuquilla. Eran
como las 4 o 5 de la tarde cuando me estacioné a un costado de la plaza. La
única referencia que llevábamos de la tía Jesusita era que uno de sus hijos
vendía chicharrones en la plaza del pueblo los fines de semana. Amenazaba
lluvia cuando descendimos del coche cerca de la iglesia. Mientras estiraba las
piernas mis hermanos oteaban los alrededores tratando de encontrar caras
conocidas.
“Canija carretera; es
justo decir que está atiborrada de curvas muy cerradas, sobre todo antes y
después de San Cristóbal de la Barranca. También existen no pocos tramos de
carretera en los que abundan los traicioneros vados. El trayecto es como una
víbora que zigzaguea penosamente ascendiendo y descendiendo escabrosas laderas húmedas
y pedregosas. Más allá de los arroyos cimarrones cuyos lechos rocosos se abren
paso por hondos acantilados, lo más digno de mirarse es ese bosque frondoso formado
por encinos, robles y pinos que escoltan la carretera igual que gallardos
guardianes celosos de su deber. Este fresco bosque pródigo en aromas dulcificados
confiere a los excursionistas una tranquilidad absoluta. Su verde frondosidad cautiva
y empequeñece a los buenos observadores.”
Un rico olor a fritanga me sacó de mis
cavilaciones. Como aquél que disimuladamente mete baza en una disputa, la nariz me
incitó a encontrar el origen de lo que ya me estaba produciendo un afluente de jugos
gástricos sin control; pronto di con él. Resultó ser un sencillo puesto de
comida en donde una buena señora cocinaba unas típicas enchiladas rojas de
queso añejo. Resultó ser que la carnicería de nuestro primo chicharronero,
según nos informó Chepina quién no perdió tiempo en iniciar con los trabajos de
inteligencia, estaba ubicada en la misma cuadra del puesto de enchiladas que acabábamos
de descubrir. Mientras esperábamos al hijo que nos llevaría a la casa de la tía
Jesusita, sin demora nos acercamos al puesto y dispusimos de unas ricas y
auténticas enchiladas ¡Guisadas con manteca!
domingo, diciembre 04, 2016
Tres años y medio
-“Dile a yoyó que venga a mi tasa” es el recado que siempre
me manda mi nieto Alex con Gladis cuando ella se despide de él en su casa.
Tiene tres años y medio pero recién este año se permitió el
acceso al espacio cognitivo en donde el ser humano tiene el reservorio de la
magia y la prestidigitación con los que crea todas las ciencias y las artes. Ya
encontró la punta de la hebra que le permitirá desenmarañar los estímulos que
sus sentidos perciben de la realidad, y como si de un juego se tratara, transformarlos
luego en palabras con las que expresará claramente sus deseos mediante oraciones cada vez más complejas. Ya aprendió que lo real y lo concreto se pueden codificar en
imágenes y símbolos que luego podrá utilizar a su antojo para crean ideas
totalmente abstractas en su mente mediante el uso de la prodigiosa imaginación.
Ahora nada lo desviará de este proceso que lo motivará a aprender más vocabulario
y crear con él nuevas y más complejas combinaciones de palabras que lo ayudarán
a desentrañar poco a poco el mundo y entender con mayor certeza las
complejidades de las personas. Yo creo que va siendo hora de enseñarle el
proceso inverso: descubrirle un mundo abstracto, construido únicamente de palabras que luego él pueda transformar a su realidad concreta utilizando para ello sus propios medios. Leerle.
sábado, diciembre 03, 2016
La tía Jesusita
Nada. La calma que tanto anhelé aquel lejano febrero de
2015 no llegó. Tampoco el año que le siguió fue pródigo. La economía de México
está mal. Y próximamente con la ayuda del recién electo presidente de EEUU, el
republicano Donald Trump, sin duda se pondrá peor. Él tiene el bate en las
manos y nosotros somos las pelotas. Este juego disparejo iniciará recién
comience el 2017. Ni el screwball de Fernando Valenzuela nos salvaría de esta
paliza que ya se logra atisbar en el cercano horizonte de los mexicanos.
En septiembre de este año visité mi tierra, La Soledad municipio
de Huejuquilla el Alto Jalisco. Tuvieron que pasar más de 40 años para que este
deseo se concretara. Me acompañaron en esta aventura Gladis y mis hermanos
Gregorio, Josefina y Yolanda. Este viaje lo motivó mi deseo muchas veces aplazado
de conocer a mi tía Jesusita; la hermana mayor de mi madre. Ella es una
viejecita lúcida, platicadora y muy receptiva. Cuando platicaba de sufrimientos
parecía hablar de banalidades. Los 98 años que cargan sus huesos la hacen
caminar muy despacito. Su humor es excelente y su apetito es voraz. Se desplaza
por su casa ayudada por un bastón que la acompaña a donde quiera que vaya. Su timbre
de voz es agudo y rasposo, seguramente de tantos años que tiene platicando
consigo misma. Escucha bien pero ve mal. Su estatura es bajita y su complexión
delicada. Diría que un ventarrón la podría derribar. Podría afirmar que su
estatura es la misma que tenía mi madre. Su tez morena está apretujada de
pliegues que le dan un aire de estoica antigüedad. Su cabeza coronada por un
manojo de pelos ondulados blancos está llena de gratos recuerdos de su difunto
esposo y de un pasado de duro trabajo en el campo junto a sus hijos.
-¿Y quién es este niño? –preguntó cundo su vista se topó con
la figura de Gladis (unos días antes ella se había cortado el pelo al estilo
castrense).
-Es mi esposa tía. Parece niño pero en realidad es niña. Su
nombre es Gladis, aunque bien pudo llamarse Magnolia. Comentario que acompañé con un guiño a mi esposa.
sábado, febrero 21, 2015
Aqui sigo
Hoy pase por aquí. Me sorprendió ver la fecha de mi penúltimo post. Mas de seis meses de no escribir ni la mitad de una cuartilla. Me han pasado muchas cosas nuevas desde entonces. Estuve seis meses en Cd. Madero Tamaulipas. Ahora estoy casi por cumplir dos meses en México. He estado muchas horas en aeropuertos y terminales moviéndome de un punto a otro. He tenido poco tiempo de reposo y casi nada me queda para escribir. Espero adaptarme pronto a mis nuevas condiciones de trabajo para retomar las cosas que me gustan y que el ajetreo vertiginoso de mis nuevos deberes me obligan dejar de lado. Espero que la calma llegue pronto a poner pausa a este continuo movimiento.
viernes, enero 09, 2015
Palenque, patrimonio de la humanidad.
Una vez mas recorrí con beneplácito el yacimiento arqueológico maya de Palenque Chiapas. Además de ser un hermoso parque nacional, fue declarado dignamente patrimonio de la humanidad. Cada vez que visito este apacible rincón de apretada selva verde, mis sentidos quedan muy agradecidos. Mis neuronas comienzan a alborotarse desde el momento mismo de entrar a la ciudad, y su excitación se incrementa con cada metro de acercamiento. Es una sinfonía de formas, sonidos, aromas y colores; un amasijo entrelazado de vegetación siempre húmeda y perenne. El oído, liberado del ruido y contaminación de la ciudad, corre y salta lleno de alegría entre los trinos de las aves que se descuelgan como lianas desde las copas de los formidables árboles centenarios para luego rodar alegres entre decenas de montículos llenos de frondosos setos y jugar en el tapiz tupido de pasto verde. Los ojos bailan al esparcir su mirada entre el follaje de las altas y robustas ceibas, sagradas para los mayas. Selva de señoriales guacamayas, de monos araña, de tucanes y del parloteo potente de los monos aulladores. Se camina por los andadores bajo la atenta mirada de silenciosos monos araña que deambulan entre las copas de los árboles, alimentándose de tiernos brotes o retozando en sus delgadas ramas que se arquean bajo el peso de sus panzas protuberantes. Su presencia se delata por las hojas y ramas que desprenden cuando se alimentan; residuos que luego caen oscilando lentamente sobre las cabezas de los turistas. Mientras algunos de ellos dirigen su cámara fotográfica a lo alto de los árboles para inmortalizar la escena, otros animan a sus hijos pequeños a dirigir la vista hacia arriba para que aprovechen una de las poquísimas oportunidades que tendrán en su vida de admirar una escenas similar fuera del entorno de un zoológico. Siempre que visito este yacimiento arqueológico, que muestra como pocos otros la grandeza de nuestros antepasados, me invade la misma sensación de admiración que me oprimió el corazón la primera vez. El fuerte impacto inicial que me produjo esta ciudad fue que su monumental arquitectura no se revela a primera vista por la protección que le brinda la selva. Su magnificencia se revela solo cuando el visitante tiene las pirámides pegadas a la nariz. En esta selva no existe horizonte más allá de 50 metros. Para que su belleza y esplendor se revelen es necesario traspasar la ultima cortina de vegetación que la esconde de las miradas. Cuando finalmente se traspasa la ultima cortina de vegetación, queda expuesta a los ojos de los afortunados esta maravilla milenaria, el magnífico e imponente palacio de las Inscripciones, lugar en que se encontraron los restos del rey Pakal. Más allá de este majestuoso edificio, se llega al acueducto que conduce un plácido arroyito de agua fresca y cristalina que brota vigoroso de entre las piedras, para luego correr alegre y cantarín, por un lecho de blanquecinos cantos rodados. Siempre se me hace difícil abandonar esta fuente de quietud; demostración de la grandeza de los antiguos Mayas: Hoy abrazan al visitante y lo mueven a la reflexión.
sábado, noviembre 15, 2014
La tarjeta del insen
Fui la noche de hoy a un Chedraui de Tampico. Solo fui por acompañar en las compras a mis compañeros de infortunio. Estando ahí se me ocurrió comprar una caja de espaven enzimatico previendo el impacto nocturno de 6 tacos de cecina que recién había engullido con más voracidad que gusto
-¿Cuanto es? pregunté a la diligente dependienta de la farmacia.
-Son 110 pesos, me respondió mientras empacaba mi compra en una bolsita de plástico.
Le extendí un billete de 200 pesos
-Aquí tiene, dije apresurado mientras buscaba con la mirada a mis compañeros entre un hervidero de consumidores que en ese momento aprovechaban las "ofertas" del "buen fin". Luego, escuche aquella pregunta que la dependienta lanzó al aire frío de la noche como sin nada
-¿Trae su tarjeta del insen?
Yo busqué a mi alrededor a la persona encorvada, menguada en carnes, rostro enjuto y apergaminado, de pelo ralo y cano oloroso a naftalina, que fuera la posible destinataria de aquella pregunta tan ¿obvia?. Descubrí horrorizado que en ese momento yo era la única persona presente en el mostrador. Con la duda y el desconcierto pegadas a mi rostro comprendí entonces que esa pregunta tan mal intencionada estaba dirigida a mi. Fue entonces que sentí el peso de los años que llevo encima (que sin ser dramático ni son tantos). Como si se tratara de un continuo tañer de campana, en mi interior se siguió escuchando por largo tiempo el eco de aquella ingratitud de sentencia ¿Tarjeta de insen? ¿Tarjeta de insen? ¿Tarjeta de insen?
-¿Cuanto es? pregunté a la diligente dependienta de la farmacia.
-Son 110 pesos, me respondió mientras empacaba mi compra en una bolsita de plástico.
Le extendí un billete de 200 pesos
-Aquí tiene, dije apresurado mientras buscaba con la mirada a mis compañeros entre un hervidero de consumidores que en ese momento aprovechaban las "ofertas" del "buen fin". Luego, escuche aquella pregunta que la dependienta lanzó al aire frío de la noche como sin nada
-¿Trae su tarjeta del insen?
Yo busqué a mi alrededor a la persona encorvada, menguada en carnes, rostro enjuto y apergaminado, de pelo ralo y cano oloroso a naftalina, que fuera la posible destinataria de aquella pregunta tan ¿obvia?. Descubrí horrorizado que en ese momento yo era la única persona presente en el mostrador. Con la duda y el desconcierto pegadas a mi rostro comprendí entonces que esa pregunta tan mal intencionada estaba dirigida a mi. Fue entonces que sentí el peso de los años que llevo encima (que sin ser dramático ni son tantos). Como si se tratara de un continuo tañer de campana, en mi interior se siguió escuchando por largo tiempo el eco de aquella ingratitud de sentencia ¿Tarjeta de insen? ¿Tarjeta de insen? ¿Tarjeta de insen?
martes, noviembre 04, 2014
Correo a un compañero de universidad
Arturo, te envío un afectuoso saludo. Supe por este medio, aunque tarde, del gran acontecimiento que los reunió el año pasado derivado de haber terminado nuestra carrera (y no al contrario) de Ingenieros Mecánicos Electricistas en la Universidad de Guadalajara hace ya 30 años. Celebro que aun los una ese fuerte vinculo fraterno que se fortaleció poco a poco gracias a las dificultades y peligros que sorteamos juntos en aquellos campos tecnológicos minados de pesadas integrales y espantosas derivadas. Me dio mucho gusto y también una desmesurada nostalgia cuando vi las fotografías que acertadamente enviaron en forma masiva a todos los destinatarios de nuestro grupo. Aquí las caché, en Ciudad Madero Tamaulipas, lugar en el que provisionalmente me encuentro trabajando dese hace poco más de dos meses. Fue pura casualidad haberme enterado de este importante acontecimiento debido a que desde hace años no utilizo los correos que ustedes tienen registrados. Padecí un poco para reconocer a algunos de nuestros condiscípulos. Llegar a reconocerlos me obligo a hacer acopio de amplio esfuerzo para retirarles mentalmente la pátina (más gruesa en unos que en otros) que sin nuestro consentimiento, nos dejo en depósito el inmutable y omnipresente tiempo.
Recuerdo vivamente el día en que tú y yo íbamos montados en aquel jeep rojo descapotable que tú tenías en aquella época y que me gustaba tanto por su desparpajada originalidad. Recuerdo que en él recorríamos una amplia avenida, quizás se trataba de la calzada independencia. Ninguna originalidad hubiera tenido aquel día de no haber sido por la copiosa lluvia que nos sorprendió en el camino y que nos hizo blanco del agua turbia de todos los encharcamientos que gustosamente y con mucho tino nos lanzaron los camiones y los coches que nos rebasaron. Sale sobrando decir que llegamos a nuestro destino empapados como esponjas de fregadero y escupiendo larvas vivas de ajolotes y charales.
También recuerdo la excursión que se organizó a tu tierra natal Tlalpujahuilla con la idea de rescatar los despojos de una avioneta siniestrada y abandonada por razones para mi "desconocidas" en un terreno agreste y despoblado colindante con esa población. Lo que aun conservo fresco en la memoria relacionado con esos días fue el susto que nos hizo pasar una madrugada el maestro que nos dio la materia de control (no recuerdo su nombre) cuando al llegar a una sorpresiva T (él, su bochito, y tres o cuatro de nosotros) se siguió despreocupadamente de frente sin disminuir la velocidad. Gracias a los chicoteos que las ramas producían al golpear la laminación, a los violentos tumbos y reparos como de jaripeo, y a los desesperados volantazos que el conductor daba tratando de evitar colisiones graves, descubrimos con horror que el asfalto de la carretera había desaparecido, y había tomado su lugar una llanura empedrada, algunas depresiones traicioneras y un enjambre de breñales punzantes y chapuceros. Afortunadamente el bochito se detuvo metros adelante gracias a una cuneta de poca profundidad y también al temple y a la pericia de nuestro conductor.
Recuerdo gratamente las grandes "disertaciones filosóficas" en que nos ocupábamos, entre clase y clase, mi entrañable amigo y compañero Eliseo y Yo; disertaciones que giraban en torno a la cosmovisión que se adueñó de las mentes de la generación beat estadounidense; pláticas que siempre acompañábamos con bastante humo de cigarrillo barato y de abundante café caliente "pintadito" servido en un vaso de unicel. Son treinta años de no saber absolutamente nada de este notable amigo huesudo de tez blanca parecida a la cera, de pelo cano y aspecto de boxeador aventajado, de andar garboso y pausado, y de apariencia algo ajada. Todo esto lo hacía proyectar a los demás una cierta hosquedad y un sobrado aire de experto perdonavidas. Sin embargo, todo esto era un ensayo bien montado a la manera de Salvador Dalí o de Juan José Arreola. En realidad era una persona hospitalaria, de brazos abiertos, de trato sincero y muy generosa.
Recuerdo a nuestro líder universitario Gaudencio que era nuestro vinculo con la otrora poderosa (y ahora tristemente célebre) Federación de Estudiantes de Guadalajara.
Podría continuar dando cuerda a la máquina oxidada en la que tengo guardados los recuerdos de esa época; pero el crujir de sus engranes y el rechinido de su poleas me recuerdan que sus fierros oxidados ya no están en condiciones de emprender grandes esfuerzos. Así que mejor le paro antes que se me reviente una banda o se me fracture una polea.
Te envío un abrazo acompañado de mis más sinceros deseos de salud y bienestar para ti y tu familia.
sábado, octubre 04, 2014
Monólogo de Alex Jr
Es una lástima que nadie registrara el día en que yo dejé de apoyarme en los muebles para empezar a caminar libre como el viento. Mi abuelo, ese que siempre anda ausente (y por consiguiente el menos indicado para opinar), cree que esto sucedió en alguna semana de septiembre de 2014. No sé si creerle o no. Máxime que el tiene un mes lejos de aquí y cerca de la playa Miramar de Tampico Tamaulipas. Además, es muy dado en hacerse acompañar de eso que muchos llaman despectivamente fantasía. Ésta lo reclama con bastante frecuencia y prontitud. A veces llega con el cuento ese de haber estado platicando en una cueva de una "Isla Misteriosa" con el ingeniero Ciro Smith y el famosísimo capitán Nemo ¡háganme ustedes el favor! Luego se brinca sin más a aquella narración que le hizo nada menos que la propia muerte relacionada con una niña de nombre Liesel Meminger que gustaba de robar libros en la Alemania nazi y los leía entre los escombros dejados por los bombarderos de la Segunda Guerra Mundial. Para mi tía Ale estos robos no tienen explicación ¿En qué mente enferma cabe robar libros? ¡Guacala! ¡Ella lo entendería mejor si en lugar de libros hubieran sido botellas de "Johnnie Walker Gold Label" Luego, como si esto fuera poco, se va por la libre a narrar la historia que un chico de 15 años con síndrome de Asperger de nombre Christipher John Francis Boone le contó quien sabe cuando, sobre el "curioso incidente del perro a media noche"; o aquellas sabrosas tardes dice él, en que sentado en una confortable banca metálica en un apacible parque a la sombra de un imponente auheuhete escuchaba el parloteo sostenido entre la inteligente y dulce anciana Margueritte y aquel adulto grandulón con alma de niño del que todos se aprovechaban llamado Germain Chazes mientras daban migas de pan a las palomas. Por todo esto y más, está en grave duda creer en la aseveración que hace el abuelo: la que afirma que yo empezé a caminar, pero de verdad a caminar, en alguna semana de nuestro muy queridísimo mes patrio ¿Alguien que lo confirme o lo desmienta? Claro, mi tío Pedro queda excluido. Él esta peor de noticias mías que el abuelo. Además, en lugar de robar libros, él hubiera preferido que Liesel robara cervezas heineken de la competencia de Mosto&Malta.
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