Visitas de la última semana

martes, junio 28, 2011

La fuga

Es ya costumbre que tras los primeros desahogos pluviales vengan otros de ímpetus desusados. Tal fue el caso de hoy. Ya desde la tarde las nubes tenían un aspecto amenazador. Flotaban en las alturas como una mancha tinta negra. Pronto llegó la esperada lluvia acompañada de su comparsa bailarina: viento, truenos y relámpagos. Esta vez los truenos se llevaron el Oscar a la mejor actuación. Los vidrios de los ventanales vibraban como afiebrados por picadura de mosquito de dengue. No eran esos rugidos graves de león a los que estamos acostumbrados sino auténticos estallidos con un eco ensordecedor. Claro, como ya han de suponer se nos fue la energía coma al tercero de los ya mencionados estampidos. Vamos a Villahermosa –le propuse a Gladis como a las 8:30 pm. Ella no dejaba de pasearse de un extremo al otro de la casa con su lamparita de leds encendida en la mano como ánima del purgatorio. La luz no regresará. Existe algún problema en las lineas que no podrán reparar hoy –le confirmé. Ya es tarde. Además continúa lloviendo –se lamentó. Olvidé el asunto y me sumergí de nuevo en la aventura de Atreyu, Fújur y Bastián en el mundo de Fantasía creado por la mente febril de Michael Ende en La Historia Interminable. Me regresó a este mundo donde los pelliscos duelen la voz de Gladis con la frase ¡Ya estoy lista! emitida desde algún rincón obscuro de la casa. El perfil petrificado de Gladis como el de una gárgola gótica, junto con el escenario desolado y tétrico del tramo carretero que separa la colonia Las Garzas de la glorieta de Boca de Limón me pareció tan obscuro, lúgubre e irreal como el habitado por los Ayayai de la novela que recién acababa de interrumpir. En este momento que escribo ya estamos en Villahermosa y Gladis ya luce otra vez el garbo y su buen talante de siempre. Este tramo carretero dejó una huella indeleble en nuestro subconsiente que ya contaré algún día.

domingo, junio 26, 2011

De quesos y barbacoa

Este domingo terminó mi segunda semana de vacaciones y me levanté de buen ánimo como para salir a desayunar barbacoa de borrego a Reforma.  Ale llegó a casa acompañada de su ya acostumbrado pegoste Dobby, su mudo perro chihuahueño que extrañamente no sabe aún como ladrar. Dobby es del color de la leche bronca y como contrasta poco con el piso blanco de la casa tenemos que caminar siempre viendo hacia abajo para evitar pisarlo. Esto sería sencillo de no ser porque a Dobby le gusta confundir los pies de las personas con juguetes la mar de entretenidos. Así pues, Dobby también tuvo que entrarle a los ricos tacos de borrego. Luego, como a Gladis se le terminó su dotación de queso, pasamos por su mamá y enfilamos rumbo a Juárez. Como Gladis tiene un estómago muy particular: lo que no digiere le da alergia, los remplazos simples de alacena tienen para nosotros más de paseos turísticos que de compras de mercado. Pocos son los alimentos que cumplen ambos requisitos (digestivos y antialérgicos) y hay que estar siempre preparados para ir hasta donde sea necesario a surtir aquellos que tengan el balance y la alquimia requeridos por su buche.  Después de hacerse de sus quesos se instaló cómodamente en una silla mecedora a intercambiar con la dueña del negocio unos ricos y sabrosos chismes: el tema fue nada más y nada menos que el de sus respectivos y muy variados achaques que vienen por añadidura cuando las mujeres llegan a cierta edad en la que cambiar de humor se vuelve tan rutinario como cambiar de canal a la televisión. Ya de regreso se compró una bolsa de totopostes chiapanecos, que para aquellos que no los conocen, son unas tortillas de maíz tan delgaditas como obleas y tan grandes y redondas como una pizza tamaño jumbo ¿Como las hacen'? Misterio. Es bonito andar en las carreteras de estos rumbos por lo exuberante y diverso de la vegetación, lo malo es que uno no deja de lamentar la suerte de los animalitos que se ven en la necesidad de cruzar la carretera sin llegar a conseguirlo ¡Mira, pobrecita! fue la expresión usada por Gladis para llamar mi atención y viera a una pequeña y verde iguanita que a mitad de la carretera hacía lo posible por caminar sin lograr moverse de su sitio. Tal vez me hubiera detenido para depositarla en algún lugar seguro de no ser porque una camioneta de redilas venía atrás de mí con ganas de llegar pronto a su destino.

jueves, junio 23, 2011

Evocación 1

Hoy, leyendo el blog de mi ahijada Brenda (El revoltijo de Chu) chuishere.blogspot.com, hija primogénita de mis amigos Tony y Marta, surgieron levantando el dedo con no pocos aspavientos algunos recuerdos gratos de mi época de estudiante en Guadalajara, que dicho sea de paso, me gusta la sonoridad que le proporcionan al nombre de esta ciudad sus 5 silabas terminadas en “a”. En aquella época vivía bajo el cobijo y la seguridad que brindan la familia, la música y los buenos amigos. Mi tiempo libre lo dedicaba, al igual que algunos de mis amigos, a cantar en coro retazos de Salmos y Ave Marías que luego repetiamos muy mustios y modositos en la Parroquia. A aquél coro le llamábamos orgullosamente estudiantina y aquella Parroquia era la siempre honorable Iglesia de Santa Cecilia, guía y patrona de todos los músicos. Parece que fue ayer cuando sentados en aquellas frescas tardes dominicales sobre la amplia y larga base de concreto que además de servir de asiento servía para contener el espacioso atrio de la Iglesia, afinábamos alegremente entre Tony, Rafael y Yo guitarras y mandolinas. Regresan a mí el olor picoso y dulce del humo que se quema en el incensario y vuelvo a ver las lágrimas de cera derretida rodando espesas a lo largo de los gruesos y pulcros cirios. Era todo un rito reunirse cada semana para ensayar y cantar en aquellas dominicales y sabrosas misas de 7 pm. Los amigos nos íbamos reuniendo poco a poco en nuestro ya tradicional espacio con la misma alegría que lo hace un grupo de estudiantes al regresar de unas largas vacaciones. Buenos tiempos y mejores amigos.

jueves, junio 16, 2011

Tarde tormentosa

Estoy arrellanado en mi asiento en el que cada noche mi cuerpo se despoja de su ya crónico cansancio. Mientras tanto afuera de la casa ruje el viento que acompaña a la tormenta largamente contenida. Escucho el golpeteo profundo de cocos y de mangos al precipitarse a tierra y rebotar en la acera heridos de muerte por el furioso vendaval. Me paro a contemplar por la vidriera el barullo desatado por la naturaleza y veo árboles y palmeras zarandeados como marionetas. El aire y la lluvia se entretienen arrancando hojas, frutos y flores de las flacas y fibrosas extremidades de sus dueños. Es el precio que tienen que pagar como tributo al agua derramada. Entre el ronroneo estrepitoso de los truenos. los destellos bruñidos de los relámpagos y los lastimeros lamentos que el brioso viento arrebata a la hojarasca pienso en que no tardará mucho en fallar la electricidad. No bien termino de formar la idea de vernos sumidos en la oscuridad cuando todo se apaga a la vez cumpliéndose así mi premonición y siendo fiel a la costumbre. Pasó la tormenta, se calmó el viento, regresó el parloteo de las aves y todo vuelve a la normalidad. Al rato regresa la electricidad y todo vuelve a estar como antes ¿Como harán los pájaros para sortear estos ataques de furia en donde todo es caos en sus hogares? Afuera los escucho tan ruidosos como si nada hubiera pasado.

domingo, junio 12, 2011

El viejo que leia novelas de amor

Recomiendo esta novela del Chileno Luis Sepúlveda. Es la historia de Antonio José Bolivar Proaño casado con Dolores Encarnación del Santísimo Sacramento Estupiñan Otavalo. Fundador y único sobreviviente original del poblado El Idilio. Tenía solo dos pertenencias queridas: La dentadura postiza, que no usaba a diario por que se le desgastaba, y una lupa de aumento con la que leía las novelas de amor que dos veces al año le traia del exterior el dentista Robicundo Loachamín. Es un vibrante relato que nos introduce a la selva amazónica ecuatoriana para mostrarnos desde la perspectiva del viejo Antonio José Bolivar Proaño la vida del pueblo Shuar y su crudo encuentro con la civilización del hombre blanco. El libro es una crítica que muestra la condición depredadora y brutal del ser humano civilizado en su constante búsqueda de fortuna y aventura, condición que el autor contrasta con la inteligencia y capacidad que los indígenas naturales han desarrollado para sobrevivir en armonía con los seres vivos de la selva: El tigrillo es buen ejemplo de ello.

sábado, junio 04, 2011

Transmisor FM

Hemos tenido un par de días bastante benévolos. Tiempo en que el calor se ha portado con nosotros extrañamente condescendiente. El aire caldeado que nos cocinó hace apenas una semana ha mudado su vivienda dejándonos en su lugar un clima con mayor donaire. Es agradable no ser recibidos con un tizón ardiente en la cara cada vez que salimos de casa o cada vez que entramos al coche. Además de hacernos palpitar el seso y no dejarnos dormir tranquilamente, el calor suele hacer con nosotros o con nuestras pertenencias otras cosas igual de ingratas. Por ejemplo, la semana pasada quise utilizar un CD de música que días antes había guardado en uno de los compartimentos del coche. Para mi sorpresa (con boca abierta y todo) hace unos días al querer escuchar música lo único que encontré en aquél compartimento fue algo parecido a una hojuela de papa frita gigante con un agujero en medio. No había forma de meter aquél totopo oaxaqueño en la disquetera del radio por lo que opté en dejarlo en el primer contenedor de residuos inorgánicos que encontré al paso. Estacionar el coche en la sombra quedó rápidamente descartado como solución a este problema ya que el estacionamiento donde aparco diariamente el coche no cuenta con cobertizo y se me hace harto difícil que alguien me lo construya teniendo como única justificación que se me achicharran los discos de música que dejo en el interior. No me quedó otro remedio que tomar cartas en el asunto. Como primera solución elegí comprar una sábana aluminizada como protector solar para el parabrisas, y como segundo remedio me agencié uno de esos juguetitos electrónicos llamados Transmisores de FM como sustituto de los discos. Este aparatito se conecta al cenicero del coche y puede transmitir la música Mp3 almacenada en una memoria USB al radio del mismo coche. Ni modo, de aquí en adelante la disquetera será hogar solo de las arañas.

miércoles, junio 01, 2011

Un día bueno

La noche de ayer el sueño me llegó deprisa. Pasó como un soplo suave de éter llevándose mi conciencia como de rayo al incoherente mundo de las ilusiones. La acelerada transición de la vigilia al sueño se debió a una inesperada y benéfica exhalación que nos concedió la atmósfera como preámbulo a la lluvia que ya traía bajo la manga. Hoy fue un día sin calor lejos de aquellos otros plagados de ardores que le antecedieron. Es una noche excelente para abrir un libro, meterse en él y ver de cerca la forma en que un autor hilvana sus ideas con el fin de presentarnos su muy particular visión del mundo. En el interior de un libro es fácil ser tocado por la inspiración y la creatividad. Unas veces llegan hasta donde está uno a hurtadillas y otras nos arrollan como avalancha.

viernes, mayo 27, 2011

Luces del crepúsculo

Todos los días de regreso del trabajo me encuentro con el fuego del crepúsculo. Una brasa ardiente sin ceniza flota en el claro cielo de la tarde. La apacible esfera roja me acompaña mientras se divierte rozando su circunferencia contra la copa de los árboles. Es un círculo perfecto dibujado en un limpio lienzo azul. Es como si el cielo tuviera rostro. Un rostro rojo de venrgüenza al percibir que sus horas fulgurantes y fogosas ya pasaron. El ocaso es su kriptonita. No encandila. No quema. Es la hora de esconder de los hombres su tibieza y timidez tras el acantilado del horizonte.

sábado, mayo 21, 2011

Calor familiar

Todo esta caliente. El cuerpo se destempla. Se escurre igual que la cera de un cirio ante la flama de su pabilo. El sudor fluye por cada poro como vena de manantial. La gente anda irritable queriendo llegar lo antes posible al primer remedo de sombrita. Las enfermedades respiratorias proliferan al tener que salir obligadamente de interiores climatizados a exteriores resplandecientes y flamigeros. La migraña galopa en el cerebro haciendolo latir como corazón con taquicardia. Andamos pues de aquí para allá saltando y crepitando como pepitas en el comal.

lunes, mayo 16, 2011

Otra vez mudanza

Estoy en casa. Cansado y con sueño. Ayer llegué de Reynosa. De ida el viaje fue accidentado. El regreso tantito peor. Allá me alojé en la periferia de la ciudad, motivo por el cual mi estancia de 3 noches y dos días estuvo envuelta en no pocas polvaredas. Cuando el viento nos sorprendia en despoblado los ojos se nos entornaban en defensa propia y se negaban a mostrarnos el camino ya de por si muy difuminado por aquella atmósfera gris. Miré más llano que ciudad. Un llano plagado de achaparrados y frondosos arbustos verdes entre los cuales alcancé a distinguir un día un robusto y tímido conejo castaño, y otro día, un empenachado y pispireto correcamino gris. Tenía grandes planes para ocuparme hoy en la casa: sacudirme el cansancio con lectura y ver tele entre párrafos. Lejos la bala. Gladis ya tenía anotado en su agenda “Mudar a Ale de departamento el domingo. Impostergable”. La invitación de acompañante (estibador) me fue echa poco antes de que cayera el primer gol sobre las Chivas como caldo hirbiendo. Este gol me hizo aceptar sin remilgos la desinteresada invitación de mi esposa. Cinco minutos más tarde ya la esperaba impaciente en el coche con el motor encendido y listo para lo que viniera. En cuanto a la mudanza fueron necesarios 3 viajes con el coche rebozante de tiliches, siempre acompañados por un sol achicharrante cuyo vaho lo hacía a uno dar grandes bocanadas como pez fuera del charco. Bajamos los triques de un segundo piso para luego volverlos a subir kilometros más adelante a un tercero. Afortunadamente durante el primer viaje nos abordó un jovencito de unos 13 años que nos ofreció su ayuda. No bien había terminado de formular la solicitud cuando ya le había guindado yo un tambache de ropa en cada mano. Dijo llamarse Efraín. En realidad su cuerpo aparentaba menos edad quizas por una continua y añeja predisposición a la mala alimentación. El extraño color marrón cenizo de su tez que protegía del sol con una deslavada gorra de pelotero me dió la impresión de ser producto mayormente de la anemia que de los genes heredados de sus padres. Su pobreza era delatada por su calzado: unas botas de hule negras recortadas de forma tal que de lejos y con bastante imaginación simulaban ser zapatos. Mientras lo veía caminando con los bultos en la mano recordé que al entrar al estacionamiento ví de reojo a un Padre y a su hijo hurgando en un gran contenedor de basura. Entonces dirigí la vista en aquella dirección y esta vez observé solo al Padre acomodando el producto de su trabajo en el interior de un viejo triciclo. Deducí entonces que Efraín era en efecto su hijo. Aún nos quedan por hacer dos viajes –dije a Efraín ¿Quieres acompañarnos? Fue a pedir permiso a su Papá. Me dió la impresión de que a su Padre le encantó la idea porque al cabo de un minuto ya venía su hijo de regreso con una sonrisa amplia dibujada en su cara redonda. Entre un viaje y otro nos contó que es parte de una familia numerosa en la que predominan las hermanas. Su Padre y Él se dedican a recolectar desechos de fierro, cobre y aluminio. Aunque de ningún modo le hacen el feo a otras cosas que tienen la fachada de tener aún vida remanente como ropa, calzado, madera, etc. Dijo que recolectan diariamente el equivalente a 100 pesos en promedio. Al cabo de una hora terminamos la mudanza. Efraín nos ayudó hasta el final y su paga fue de 110 pesos (Yo puese 40 y Ale 70). Se fue feliz a donde lo esperaba su Padre que a esa hora ya estaba acompañado por una señora y un niño que habían llagado momentos antes en otro triciclo seguramente procedentes de otro contenedor de basura. La familia hizo corral alrededor de Efraín y todos le sonreían agradecidos y satisfechos por esa inesperada contribución. Esta familia me hizo recordar el programa que había visto en Discovery o History Channel la noche anterior sobre la vida de los “intocables”. Una casta entre las muchas que existen en la India en la que la “ocupación” de los Padres la heredan por ley los hijos: la ocupación del Padre en cuestión era cazar (y comer) ratas en los arrozales. Por este oficio (y su dieta) eran considerados impuros, parias y vivian ofensibamente marginados (separados). De aquí el nombre de intocables. Después de agradecer y despedir a la familia agarramos camino hasta el primer oxxo que encontramos y me bebí tres curtos de litro de agua de un solo envión. Ahora estoy aquí escribiendo mientras me late la cabeza como si tuviera adentro su propio corazón.

jueves, mayo 05, 2011

La lluvia y la Santa Crúz

Como cada año , y ya casi como tradición, disfrutamos este 3 de mayo el regalo de una lluvia ligera y de un aire renovado. Aunque fue muy ralita y menudita, fue suficiente para que el sediento entorno bebiera y reviviera. La gardenia se lavó el polvo de las hojas y resurgió en ella el antojo de sacar a la luz un puñado más de blanquecinas y aterciopeladas flores. Este nuevo amasijo de delicados pétalos esta muy lejos de aquella docena de capullos marchitos, amarillentos y yermos nacidos en días pasados y victimados como de rayo por las candentes ascuas caniculares del medio día. Los frutos verdes que ahora cuelgan del mango como crisálidas a media transfiguración hacen patente su agradecimiento mostrando sus brillantes y regordetas carnes de catrín con todo y su bombin, bastón y su monóculo. Desde el día de la Santa Crúz llega la lluvia de visita cada noche. Se marcha a horas de la madrugada no sin antes habernos arrullado con el golpeteo suave de sus gotas que se escuchan como los susurros que una madre amorosa y responsable canta ante la cuna de su amado hijo primogénito. Pronto la coloración castaña del pasto seco sederá su aspecto de breñal a los verdes brotes que sustentarán la fauna cada vez más disminuida por otro año más. Este ambiente de imperante calma me recuerda que lentamente se han ido resolviendo uno a uno los acertijos que desde el principio del año vinieron a nosotros como flujos piroclásticos. Gladis y Yo ya no teníamos mas uñas que comer. Hoy las vemos nuevamente crecer y pronto habrá que quitar el óxido a nuestro cortauñas.

martes, mayo 03, 2011

En la autopista

Ida y vuelta a Coatzacoalcos Veracruz. De visita por la Terminal marítima. De ida presencié un lamentable accidente. No es frecuente verlos en autopistas de cuota, pero cuando suceden generalmente queda poco reconocible. En este ocasión en particular, si reconocí dos camionetas pickup. Una de ellas estaba estacionada en el acotamiento izquierdo de la carretera, en sentido contrario a la circulación. La otra se encontraba a la derecha, como a diez metros de la carpeta asfáltica y liada con el alambre de puas de una cerca. Ambos vehículos tenían la forma plegadiza de un acordeón a medio desinflar, como si dos transformers se hubieran quedado a la mitad de su metamorfosis. Más adelante observé dos vacas inertes tiradas sobre la caja de un camión de redilas. Después de ver estas evidencias fue fácil suponer lo sucedido: dos vacas blancas como la nieve escapan de sus linderos, cruzan la autopista en caravana en busca de mejores pastos para comer, o de alguna fresca y frondosa ceiba para mejor rumiar. Ambas se mimetizan con el concreto grisáceo de la autopista. Dos camionetas transitan una tras otra a unos 120 kilómetros por hora. El conductor que marcha adelante confiado en la rectitud de seda de la carretera se distrae unos segundos. Demasiado tarde se percata del mortal muro surgido de la nada. No queda lugar para evadir aquellas cachazudas moles blancas de patas y pezuñas. No hay tiempo de parpadear, mucho menos de pisar el freno. Para el conductor en punta, una fracción de segundo fue suficiente para que aquel horizonte de cuadrupedos blancos se convirtiera como por encantamiento en jinetes negros del apocalipsis. Para el conductor de atrás quizás hubo tiempo de volantear o de embarrar llantas en el concreto: caos total. Ya en Coatzacoalcos, me acompañó un viento bronco, uluante, capaz de alborotarle a uno hasta las ideas más enraizadas. Eso sí, disfruté el murmullo de las olas, el viento saturado de briza marina que arrancaba a puños el calor del cuerpo, la apasible espera de las grandes barcazas ancladas esperando turno para llenar la panza con su dotación de crudo. El regreso a Reforma fue de cautela. Gracias al ventarrón, el carro hacía extraños como de borracho: más vale vivo que llegar temprano.

sábado, abril 23, 2011

Escuchando a las palmeras

Después de un día de calor agobienta, tenemos una esplendida noche de viento fresco. Nuestras vecinas las palmeras, altas y esbeltas como mástiles sin vela, se mecen y murmuran empujadas por los intermitentes y vigorosos soplos de la noche. El roce del aire hace que las duras hojas palmeadas redoblen su cuchicheo. La noche esta despejada y la luz blanca de las estrellas se acentúa por un fondo de terciopelo negro. Me surge el deseo de conversar con mi gemelo inmaterial. Mejor dicho, él es quién habla primero. Me urge a agudizar los sentidos. Me señala las melenas alborotadas de las palmeras comparandolas con largos tentáculos de anémonas de mar. Me ordena dar bocanadas del vinto que corre, que me concentre en su aroma y que le encuentre sabor. Dócil, hago todo lo que me ordena. Miro hacia arriba, a la cima de las palmeras y veo los tentáculos de las anémonas de mar en su movimiento de vaiven. Aspiro el aire fresco. Su olor es de hierba recién cortada y tierra recién humedecida con un ligero sabor dulzón.

jueves, abril 21, 2011

Agua, sol y diversión

Llegó mucha gente a la alberca. Los arrastró hasta aquí el bruñido calor veraniego. Los bañistas hormiguean laboriosos alrededor de pequeñas palapas de cuya cima se desprenden sombras que cubren solo porciones de sus cuerpos. Cada tanto, los que se cobijan bajo sus sombras, orientan su silla siguiendo la raquitica faja de sombra que se fuga conforme el sol se aleja del cenit. Los niños gozan, chacualean, se montan a sus tiburones de plástico, o avanzan en el agua embrocados en su salvavidas amarillos, rojos o azules, estampados con sirenitas u otros motivos marineros. Los hombres sentados con su modelo de lata en una mano y con la mitad de un taco en la otra charlan animadamente, probablemente de la forma más segura y eficaz de contener la desatada delincuencia. Las mujeres montan guardia vigilantes de los quehaceres y aventuras de sus hijos mientras ellas mismas platican con un gusto singular con su homónima de a lado. Las preocupaciones diarias son olvidadas al menos por un rato, mejor aún si se tienen por delante otros tres días promisorios.

Dame un besito

Hicimos carnes asadas el sábado. Estuvieron con nosotros Ale y sus amigos: Roberto y Carla. Pedro y los suyos pasaron por aquí como un suspiro para luego continuar su recorrido hacia el sur que bien podría titularse 800 leguas dia viaje submarino. Después de despedir a los viajeros y sin más tiempo que perder, Ale, Roberto y Carla, con sus bañadores ceñidos y sus toallas al hombro, atravesaron como hálito la angosta calle que separa nuestra casa de la alberca. Todo el día fue asolearse igual que iguanas y garrobos y ponerse al corriente en sus respectivos y múltiples malabares materiales y en sus cada vez mayores cabilaciones metafísicas. Mientras nuestros invitados se achicharraban de puro y genuino gusto, Gladis y Yo fuimos de compras a Reforma. Estando en el supermercado decidimos comprar carne para recibir a los febriles bañistas con un asado después que ellos mismos terminaran de hacer lo propio a sus gueros y transparentes cuerpecitos. Ya con la tripita llena, la plática de los convidados se prolongó hasta la madrugada del domingo entre piñas coladas “sin alcohol” como posteriormente supe por dichos de la mamá gallina. El domingo llegó de visita Kory y nos anunció que tenía planes de irse a desestresar a Yucatán durante esta Semana Santa. Todos los visitantes aprovecharon el aventón que Kory les ofreció (no a Cancún sino a Villahermosa). Se fueron un poco más oscuros de como llegaron, cada uno ya totalmente al corriente de los avatares ocurridos a los demás, quizá con el plan ya delineado para la próxima reunión. Por último, ya en la noche, y entre las miradas atentas de Paco (el perico) y de la de los tres cuyos de Ale (las Gordas) Gladis se dió a la tarea de recoger de la cochera los implementos de labor con que asamos las carnes. De pronto, Gladis entró a la casa como tromba. ¡Mira!, ¡mira!, ¡mira!, me señalaba con angustia su brazo derecho. Yo miraba desesperado la zona indicada esperando encontrar las señales características de los colmillos de una nauyaca o cualquier otra alteración anormal en la piel producto de algún desconocido bicho, pero por más que me esforzaba en esta tarea no lograba distinguir nada fuera de lo normal. ¡No veo nada! ¡dime que te pasó!. Mira mis vellos como están de erizados –me decía mientras me acercaba más su brazo a la cara. ¡Bueno, pero dime por qué!. Es que Paco me repetía con insistencia: ¡dame un besito! ¡dame un besito! ¡dame un besito! pero lo decía con una voz ronca, casi concupiscente, nada parecida al timbre de voz de Ale que es la que le repite con frecuencia esa frase. ¡Qué escalofrío! murmuró Gladis mientras se frotaba los brazos con las manos. Con la sorpresa olvidé preguntarle si por fin le había dado el solicitado besito al volado de Paco.

miércoles, abril 20, 2011

La gripa

Gladis y yo apenas estamos saliendo de una mortificante y colosal gripa. Nuestro andar aún esta lejos de ser garboso y nuestra enclenque figura aunque rolliza continúa desprovista de su natural color. Deambulábamos por la casa igual que figuras de cera transparentes. Pareciamos fantasmas en busca del huidizo pueblo de Comala de Pedro Paramo, cada una con su rollo de papel higiénico en la mano, único consuelo y paliativo contra la ingrata y acatarradora enfermedad. Los apenas tolerables síntomas tales como la tos espasmódica, la respiración chillóna y agitada, el abundante moco acuoso, la temperatura nocturna, el lagrimeo de mojina, la nariz tapada, así como la sordera recalcitrante y muchas noches de insomnio y mal dormir fueron nuestros inseparables acompañantes por espacio de 15 largos días. Afortonadamente los días vuelven a ser otra vez luminosos, disfrutables y placenteros. Aunque el sol tiene ya días extrayendo a las personas abundante sudoración, nosotros apenas nos enteramos de ese su acostumbrado e impertubable pasatiempo de sorber el seso y evaporar el agua de la gente. En estos días vuelven a nuestros oídos las felices arengas de los habitantes arbóreos, a nuestra naríz los aromas intensos de las olorosas gardenias y por nuestros ojos, libres ya de lágrimas sin tristeza, entran en tropel los colores del arco iris además de las muchas tonalidades lilas de los macuilis, del amarillo fosforescente de los guayacanes y del rojo carmesí de los nada timidos framboyanes.

domingo, febrero 27, 2011

Nada que celebrar

Fin de semana de trabajo. Ir y venir a (de) Villahermosa atravesando no pocos retenes militares. Calor en ascenso reforzado por aires acondicionados remilgosos. Días deslumbrantes seguidos de noches largas de insomnio. Tiempo de cuidarse esperando no estar en el lugar equivocado, a la hora equivocada. Temor a salir de noche por culpa de tanto parásito guevón convertido en eficiente ladrón con la asesoría y complicidad de bizarras autoridades porcinas. En fin, la vida continúa. La naturaleza no se equivoca y espero ver pronto un escenario mejor.

sábado, febrero 19, 2011

Buen día

Día agradable y con pinta para ser utilizado para leer trepado en una bulliciosa hamaca. Día saturado con el canto de las aves: pitidos agudos, graves, lentos, rápidos. El sonido es continuo y armónico. Los rayos del sol se afilan y mejoran notablemente su puntería situación que aprovecha la vegetación que con lentitud y sin remilgos ya prepara su vistoso ajuar para recibir con júbilo la próxima primavera. Como ya dije en mi post anterior, los macuilis ya empezaron a mudar sus hojas verdes dejando espacio a los redondos ramilletes de flores lilas semejantes a bocinas de fonógrafo en miniatura. El calor va en ascenso, lento pero continuo, inyectando energía a todo lo que se mueve y/o crece. Este efecto de excitación se siente en todos los rincones: agua, tierra y viento. La vida está despertando de su sueño (pesadilla) invernal.

miércoles, febrero 16, 2011

De un año siniestro a otro ambisiniestro

Los macuilis están iniciando su floración. Es curioso ver como florecen escalonadamente como para no competir por los espacios en los que más adelante todos tendrán que depositar sus semillas. Poco a poco el aire fresco va dando paso a otro más templado. Todo esto pasa a nuestro alrededor mientras que nosotros (Gladis y Yo) apenas podemos mantenernos lúcidos tras una avalancha de acertijos que nos ha lanzado algún perverso guasón. El inicio del año anterior fue probablemente uno de los peores que me ha tocado vivir en muchos años. Sin embargo, el tiempo transcurrido de este otro ha estado plagado también de malos momentos y de tintes muy sombrios. Estoy en espera que se resuelvan dos de los principales, y que por desgracia ninguno depende de lo que yo haga o deje de hacer: el robo de mi auto y la suspensión de mi salario. Seguiré esperando que la pasiente administración gubernamental trabaje, mueva sus pesados engranajes rechinadores, y machaque lo que tenga que machacar. No hay más.

domingo, febrero 13, 2011

Día de agradecer

Ante esta ola de violencia en que vivimos hoy en día no me queda más que agradecer que sigamos caminando bajo el sol. Deseo a toda la gente de bien que ha padecido de cerca esta pandemia que Dios les de fuerza y tengan la voluntad de sobreponerse a sus terribles secuelas. Para aquellos afortunados que aún no se han topado con un tiroteo, un secuestrador, un asaltante o un estafador hagan lo posible para que disminuya esa posibilidad. No asistan a bares o discotecas y no transiten de noche por lugares solitarios. Para aquellos que tengan la desgracia de toparse con cualquiera de estos depredadores no se resistan y traten de conservar a toda costa lo más valioso que tenemos: la vida.