Visitas de la última semana

domingo, febrero 26, 2012

Pesadilla

Uno tiene la creencia de que todo lo que uno crea o hace es especial y único entre todo lo que es creado o hecho por los demás. Uno tiene la orgullosa esperanza y el secreto deseo de que nuestras invenciones produzcan si no una prolongada y desbordada emoción, si una efímera y agradable sorpresa en los demás. Nos vemos en ellas, vivimos por ellas y somos capaces de morir por ellas. Uno vive deseando y creyendo en esta fantástica utopía hasta que lentamente va siendo minada y consumida por el carcoma de los años y por el peso aplastante y arrollador de la realidad. Es poco lo que se puede decir cuando descubrimos nuestras más íntimas creaciones, aquellas que modelamos con el mejor material, utilizando los más destacados procedimientos y las más puras emociones, adornando sin más virtud que su herencia despilfarrada, las vitrinas rotas y mugrientas de los más sórdidos tugurios, alumbradas apenas por sordas y opacas luces de neón escarlata que las hacen rielar fantasmagóricas entre las risotadas indiferentes de los más abyectos mediocres de pacotilla que las escupen con su bocas espumosas llenas de residuos a medio digerir y tufos de alcoholes vaporizados. Ausente está en estas obras de arte la delicada belleza y el halo de inocencia que el artista imprimió amoroso a través de varios años de desvelo. Ahora lucen como sombríos y húmedos bloques de concreto armado carcomidos por la lluvia ácida y de cuyas grietas brotan pululantes los hongos de la dejadez y la corrupción. Hoy se mimetizan tan perfectamente en este torvo y corriente entorno de muros carcelarios –rayados por manos violadoras y destripadoras– que son díficiles de reconocer incluso por su estupefacto y atónito creador ¿Cuando sucedió tan miserable y kafkiana transformación? ¿Por qué? nos preguntamos los artífices mientras contemplamos desolados y yertos nuestras otrora magnificas obras. La respuesta nos cae como espeso aceite hirviendo cuando presagiamos que esa imagen horrorosa que ahora vemos borrosa por el agua que nos brota incesante de los ojos puede venir de la reveladora superficie pulida de un espejo. ¡No! ¡No es posible! ¡Es preferible engañarse y pensar que fueron sustraídos de sus nichos por ladrones sin escrúpulos! ¡Sí! ¡Eso fue!

sábado, febrero 11, 2012

De lluvia y otras cosas

Días de lluvia, de goteo constante, de aire húmedo, de calles encharcadas, de paraguas a mano, de andar de prisa, de conducir despacio, de chocolate caliente, de café con canela, de sueño apacible, de brisa fresca, de lectura tranquila, de apacible coloquio, de humeante sopa, y también para el que escribe… de necesarias vacaciones.

lunes, febrero 06, 2012

Lunes de holgazanería

Llegamos la tarde del domingo a la colonia las garzas. Yo, con la intención de holgazanear sin tener una pizca de remordimiento y Gladis con el propósito de ayudar a su mamá a hacer los tamales que tanto le gustan, aunque con bastante frecuencia le hacen también renegar la tripa. Como siempre sucede arribamos con todos los arreos que nuestras muchas manías nos exigen cargar. Encontramos a Páchis en la puerta esperando por su comida y con las marcas de arañazos en los carrillos que ya son su sello distintivo. Sus mejillas son puro musculo y con el tiempo han adquirido la apariencia y consistencia de bolsas con canicas. No hay duda de que extraño el ambiente apacible de la colonia, roto únicamente por el gorgoreo constante de las múltiples especies de aves que se posan a socializar en el mango y por los maullidos ocasionales de Páchis apremiándonos por alimento. Otro lujo que me doy en la colonia sin mucho cargo de conciencia es comer unas ricas mojarras tenguayacas de rio que Gladis me prepara fritas acompañadas con el inigualable sabor que le agrega el chile amashito machacado solo con sal y limón. La agradable novedad es que por fin están arreglando el tramo carretero de acceso a la colonia que la última inundación dejó peor que la superficie lunar y hacía su tránsito poco más que tortuoso. Tengo que dejar por ahora esta bitácora porque según me dice Gladis me están esperando en la mesa un par de estupendas mojarras preparadas nada más y nada menos así como les conté.

miércoles, febrero 01, 2012

Pláticas

Conduciendo el coche con Gladis de acompañante.

Conversación. Caso 1.

Mario: ¿Donde tienes la refacción dañada?

Pausa......escucho timbrar su celular...

Gladis: Está atrás... (Contesta la llamada) ¿Bueno?... Bla, bla, bla, bla... Así todo el trayecto hasta que llegamos a nuestro destino. Ella deja de hablar por teléfono y yo me dirijo a la cajuela a buscar la refacción.

Mario: Gladiiiiis, ¡la refacción no está aquí!

Gladis: ¿Y quién te dijo que estaba en la cajuela? -me responde mientras cierra la portezuela del asiento trasero con la refacción en la mano.

Mario: Es que yo supuse...

Gladis: ¡Estaba hablando por teléfono!

(Pienso: después de todo tiene razón, "atrás" está además de la cajuela, el asiento de atrás... pero también puede estar "atrás" de la cama, del refrigerador, de la puerta del baño, del cilindro de gas... y así hasta el infinito).

Me rindo...



Conversación. Caso 2.

Gladis: ¿te enteraste de...?

Mario: No. No me enteré ¿Qué pasó?

Gladis: Sucedió que... (Inicia la explicación). Pero fijate que... (Pausa súbita)... En este punto le sobreviene una distracción que la hace interrumpir la conversación. Pasa la distracción y espero a que ella reanude la plática donde la dejó......silencio... pasa un rato:

Gladis: Preparé albóndigas para comer.

Mario: ¿Como dices?

Gladis: Que preparé albóndigas para comer.

Mario: Ha, si. Pero ya sabes que no me gustan las albóndigas.

Gladis: Es que el día de hoy he estado muy ocupada.

Me rindo... Después de todo pasados 3 o 4 días me lo volverá a contar.

domingo, enero 29, 2012

Rocordando el inicio

Empecé a escribir esta bitácora en 2005. En aquél tiempo me motivó el interés de mantener a mis familiares al tanto de algunas escenas que mis sentidos percibían del exterior. He procurado siempre (algunas veces sin éxito) mantener alejado de estos retazos de vida mis preferencias éticas o morales. En cambio, he preferido escribir el mensaje que me transmite lo que veo y el estado de ánimo que me produce una vez que lo decodifican los muchos paradigmas que arrastro desde mi más tierna infancia. En este punto he de decir que mis paradigmas funcionan como cristales de antiparras que distorsionan o filtran en diferente grado la luz que mi sentido ocular capta del exterior. Por consiguiente, he de advertir que el escenario que yo describo puede ser distinto de aquel que un compañero imaginario pueda percibir del mismo hecho. Esto no quiere decir que esta bitácora este llena de alocadas fantasías, solo quiero destacar el hecho que lo escrito aquí es la realidad vista desde atrás de mis propios e inamovibles cristales. Decía al principio que esta bitácora empezó con la única intención de tender un vínculo con las personas que quiero y que están lejos de mí. Con el tiempo, esta motivación fue lentamente reforzada por el propio gusto encontrado en la formación constante de oraciones. Esto me permitió escribir sin tener un motivo, tema o suceso previo en mente. Fue entonces que empezó en mí el interés por el estilo (o la forma) además del contenido. Fue así que llegó a mí la afición por la descripción literaria: “Estoy en mi sofá favorito. Frente a mí está el televisor enscendido. Estoy recostado sobre mi costado izquierdo escribiendo en la Lap lo que estás leyendo ahora. La Lap está sobre una mesa de centro que tiene la misma altura del sofá y también la misma antigüedad. Ambos están hechos de madera de cedro y están llenos de marcas indelebles que el tiempo les ha dejado impresas. Tengo a mi izquierda un escritorio viejo de madera comprimida que tiene el castigo añejo de cargar una antiquísima computadora de escritorio que no ha sido encendida desde que nuestros hijos se marcharon. A mi derecha, a media altura de la pared, cuelga un reloj redondo de unos 25 centimentros de diámetro que me recuerda en las noches que ya es la hora de dormir. Su marco es de imitación madera y tiene números arábigos grandes, ideales para gente de visión corta como la nuestra. Estoy en medio del recibidor en cuyas paredes están empotradas las puertas de todas las habitaciones: La nuestra y la de Ale al frente, la de Pedro y la de Kory atrás. Hoy, solo la nuestra tiene vida los fines de semana. De las otras, solo las reminiscensias de algunos ecos apagados quedan”.

domingo, enero 22, 2012

Y que nos agarra el temblor

Por necesidades de trabajo este fin de semana nos quedamos en Villahermosa. Alejados de nuestros acostumbrados hábitos dominicales, Gladis y Yo nos sentimos como despojados de nuestra necesaria dosis de vigor. Para colmo de nuestros ya de por sí alicaídos ánimos y parafraseando aquella cita célebre de nuestro querido Chico Che “que nos agarra el temblor en medio de la cocina”. Después de haber asimilado el susto de soportar un terremoto de 6 grados guarecidos en un palomar de un tercer piso, enfilamos a nuestra casa ubicada en el Fraccionamiento Lagunas. Esta casa la tenemos olvidada por dos razones. La primera de ellas es que está en una zona inundable, aunque no de gravedad. La segunda es su difícil acceso dificultado siempre por un tránsito espantoso. Ya hace tiempo que Gladis insistía en que fuéramos a echarle una vuelta para ver si sus paredes aún permanecían en pie. Como era de esperar, la encontramos sin la bomba de agua, desbordando de basura y su cancelería asfixiada por vegetación ligera y trepadora. Tan pronto le dimos una manita a la cochera y a la cancelería volvimos a despedirnos de ella.

lunes, enero 16, 2012

Insomnio aprovechable

Esta fue una semana de lluvia intensa. Días de aire saturado de humedad y de calles encharcadas. Clima magnífico para el descanso del fatigado. Mi desventura es no haberlo aprovechado como mi cuerpo me lo pedía. Así es el insomnio de ingrato y de poco benevolente con sus anfitriones. Envidio el sueño fácil y placentero de Gladis que es capaz de extraviarla en sus laberinticos vericuetos tan pronto como su cuerpo adopta la posición horizontal. Admiro también su capacidad para reconciliarse con el sueño después de haber disfrutado una relajante y sustancial siesta. Mi sueño en cambio es muy nervioso y asustadizo, su carácter alerta y desconfiado se parece mucho al que adoptan los animales salvajes en los abrevaderos comunitarios africanos. Tengo que prepararle el terreno para que se anime a llegar. Aún así, muchas veces no lo hace. Ha de llegar cuando él quiere y su crónica esquizofrenia se lo permita. Yo lo espero sin perder la calma (más me vale) y mantengo la mente ocupada en algo mientras al sueño se le apacigua su paranoia. Tengo casi siempre un libro comenzado al alcance de la mano para estos casos de escasez onírica o hago planes mentales de diferente cuño. Como cabe esperar, una vez que el sueño viene y se instala, llegada la hora en que quiero que se marche no lo hace. Es tan rejego para irse como lo será a la hora del regreso.

domingo, enero 08, 2012

El recuento del 2011

Pedro se fue el viernes a Gdl a terminar el último semestre de universidad. Si todo sale como está planeado esperamos reunirnos con él en aquella ciudad allá por mayo. Ale dejó de trabajar para Smith y ahora lo hace en la sede estatal de un partido político –creado, según dicen, por seglares adeptos al miserere y fieles a la asperción bendita del hisopo. Planea en este año comenzar su maestría. Kory dejó de trabajar en schlumberger para emprender ahora junto con su esposo Alejandro algo nuevo por su cuenta. Salió bien de su segunda cirugía de columna. Aunque continúa en etapa de adaptación, el andamiaja de aleación parece sostenerla holgadamente. Nosotros (con Ale y el chihuahua Dobby) vivimos como nómadas: de lunes a viernes en Villahermosa y los fines de semana en la colonia las garzas de Reforma. Esta es la razón de que Paco –el perico– ahora viva exiliado en casa de mi suegra Doña Matilde. Las gordas –los cuyos– viven felizmente apacentando (así lo espero) en el rancho familiar de Cheli. Pachis –el gato– es el único habitante que aún vive en la colonia y en los días de semana que no estamos se alimenta de lo que él mismo caza. En realidad le dejamos comida en casa y una rendija abierta por la que se sabe colar cuando la tripa le apremia. Es todo lo que él necesita de nosotros. Por mi parte, la transferencia de trabajo a Villahermosa se hizo definitiva y puedo ya decir adiós a los complejos…aunque no definitivamente.

sábado, diciembre 31, 2011

Un día como hoy

Estamos, como cada fin de año, con la familia reunida. Conforme las familias crecen y sus integrantes se hacen más adultos, cada vez serán menos los días de coincidencia. Serán siempre afortunados los que aún tengan la oportunidad y los medios para reunirse todos los que son una o dos veces al año . Llegará el día (verdad lapidaria) que esto no será posible a menos que gusten de hacer o participar (no aconsejable) en reuniones espiritistas. Particularmente, los recuerdos más vívidos que aún conservo de mis padres y hermanos, son aquellos días en que la tradición impuesta por ellos mismos nos reunía. Ahora que mi mente viaja veloz hacia aquellos festivos días, vuelvo a ver a Toña hablando acaloradamente del blanco y pulido diente (política) a la vez que se cura las agruras con aquél acanelado cuanto efectivo tónico (mezcal), a mi Madre preparando para sus hijos aquel rico mole rojo renegando mientras tanto de las múltiples apologías dentales, a mi Padre secundando a Toña con el remedio de las agruras y practicando entre ambos una delicada endodoncia, a Goyo filosofando siempre con aquella característica sobriedad tan suya y tan propia, a Chepina tan pizpireta, tan limpia y tan ordenada, a Chuy mirando el mundo a través de aquél interminable vaso de cristal lleno de vevida soporífera, a Guy oteando calladamente lo que ya sabía que encontraría más allá del horizonte, y a Yola ya bregando desde entonces por el sustento pero siempre con la sonrisa en los labios. Bailábamos, reíamos y platicábamos como si tuviéramos la certeza de que ese día fuera a ser el último de nuestras vidas.

Adiós 2011

Está por consumirse la última semana del año. No soy de los que esperan el último día para hacer los propósitos del siguiente año. Hago los míos el mismo día en que se me ocurren y una vez decididos me siguen como si fueran mi sombra. Los propósitos son buenos porque dan cause y dirección a la vida. Todo lo que uno hace día con día está relacionado directa o indirectamente con los propósitos elegidos. Algunos dirán que estudiar, o incluso trabajar son buenos propósitos. Yo pienso que no. Creo que estos son solo medios (entre muchos otros) para llegar a aquellos. Por lo general, alcanzar buenos propósitos puede llevar no menos de un lustro, incluso una década ¿Tú ya formulaste los tuyos? o ¿Ya vas en dirección a ellos? Claro, habrá quienes no alcance el día para terminar sus múltiples ocupaciones y no tener sin embargo propósitos definidos, pero estos son pocos y generalmente tienen mucho dinero. Hay que hacer propósitos, ni modo, y lo que es más, cumplirlos.

jueves, diciembre 29, 2011

La tranquilidad y la angustia

Hoy es el primero de cinco días al hilo que tengo de descanso. Ya clamaba por un pequeño receso. Dormí como oso en invierno ayudado por la lluvia que desde el domingo nos ha salpicado con un desgano piadoso. No puedo decir lo mismo de Gladis. Su preocupación inició días antes de navidad cuando Cheli le anunció que se sentía mal y que se iría a su casa para regresar hasta después de navidad. Esta repentina enfermedad, muy a modo por cierto, hizo que a Gladis se le subiera lo chamula –mejor ya no vengas. Pasa por tu dinero a la casa de mi mamá –le respondió la Doña. Supe después que días antes se había descompuesto la lavadora –ahora entiendo la enfermedad de Cheli –pensé. Hay una sola cosa a la que Gladis tema más que tragarse una pastilla: lavar. Cuando existe la remota posibilidad de encontrarse de frente con ese monstruo apocalíptico que representa la acumulación de ropa sucia, ella se transforma en una madeja de nervios, la asaltan las pesadillas, se le espanta el sueño, y solo vive pensando en el día en que esa montaña colapsará sobre su cabeza atrapándola sin remedio y sin darle oportunidad de escapar. Hoy, con sorpresa y admiración, me enteré recién me desperté, que ya tenía ayudanta y no solo eso sino que ya tenía hasta lavadora. No me explico como la metió en el coche. Bien dicen: cuando la cosa es de vida o muerte, las capacidades humanas se multiplican exponencialmente.

jueves, diciembre 22, 2011

De problemas y resortes

Todos los problemas tienen un punto de inflexión, de no retorno a su estado original. En este sentido, los problemas se parecen mucho a los resortes: si se estiran más de la cuenta, entonces ya no regresan a su estado inicial. Se dice por lo tanto que sucedió un cambio o un accidente. Todos desearíamos poner una solución a los problemas antes que alcanzaran este maléfico, dañino e indeseable punto de inflexión, el problema es determinar acertadamente cundo tendríamos que comenzar. En principio tendríamos que reconocer (o saber por un tercero que nos quisiera lo suficiente para arriesgarse a que de ipso facto le mentáramos la madre) que ya tenemos un problema y es aquí donde al puerco le dió por arriscarse el rabo. Si inoculáramos la solución correcta en esta temprana etapa, el cambio y el accidente no sucederían y no tendríamos que padecer dolor, ni secuelas, ni la muerte en etapas tan tempranas de la vida. Desgraciadamente no siempre tenemos el control de las fuerzas que estiran nuestros resortes y cuando sí lo tenemos, y está en nuestras manos dejar de aplicarlas no nos da nuestra recanija y regalada gana hacerlo…vaya usted a saber por qué. Después que sucede ese ingrato punto de inflexión, en el mejor de los casos, ya nada será lo mismo, y en el peor de ellos ya mejor ni hablar.

martes, diciembre 20, 2011

El Depa

Por alguna insospechada razón no me da la gana escribir cuando estoy en el departamento. Lo encuentro tan divertido y aleccionador como chupar un clavo oxidado mientras veo el programa cultural de la señorita Laura. Esta noche sin embargo, estoy tratando de encontrar la punta perdida de la madeja; quien quita es chicle y pega. Vivir en un condominio no es cosa fácil de hacer ni tampoco de platicar. Compadezco a mis vecinos estudiantes que están obligados a cumplir con sus ya de por si trabajosas tareas en medio de este soberbio y tupido barullo. La mejor concentración lograda a la hora pico del ruido no sirve ni para ensartar una aguja aunque tuviera el orondo ojo de un pescado o el saltón y fosforescente ojo de un animal nocturno. Grita la tamalera, el pizzero, el aguador, el fontanero, el afilador y hasta el loco pepenador de basura. A este estridente bullicio se agrega además la infaltable contaminación vehicular producida por conductores que se creen pilotos en competencia de formula uno: rechinar de llanta, estrepito de claxon y rugido de motor. Pero todo esto junto queda eclipsado por las siempre nutridas y aleccionadoras conversaciones de pasillo de nuestra comunidad de vecinos cuyos temas de conversación oscilan desde la telenovela de moda hasta los más delicados y controversiales asuntos de índole freudiano. No se diga ya los ruidos que llegan desde los departamentos adyacentes a golpear como con un martillo de thor el delicado tímpano de su desprevenida víctima haciendola saltar con el corazón en las manos y el Jesús en la boca; me refiero a las incansables licuadoras, lavadoras, estéreos, regaderas, descargas de retrete, accionar de cerrojos, y un sinfín de ruidos más. Espero aprender pronto a filtrar la contaminación exterior a fin de irle allanando el camino a las asustadizas ideas y animarlas a salir de su actual e involuntario arrinconamiento.

lunes, diciembre 12, 2011

Victimas… ¿sin responsables?

El sábado fue un día difícil. Por insistencia de Pedro llegamos a las Garzas desde el viernes. La inocencia de Gladis la hizo pensar que la urgencia de su tractorcito se debía a que durmió en el departamento sin aire acondicionado. Ellos llegaron a medio día y un servidor lo hizo en la noche. A decir de Gladis –Tan pronto llegamos a la colonia Pedro nos aventó de la camioneta a Cheli y a Mí como si fueramos costales de papas y se fue a Reforma como auténtico berebere sediento tras el único oasis a 500 kilómetros a la redonda –en caso de que se les haga tarde se quedan a dormir allá –le alcanzó a gritar tendida en el piso de la cochera su santa y resignada madre ¿Oíste? tenemos tiempo para darle vuelo a la hilacha –dijo feliz Pedro a su acompañante Daniel. Regresó al siguiente día ya bien puesto el sol proyectando la cándida inocencia de un bebedor intolerante a la lactosa después de haberse jondeado una docena de malteadas de fresa preparadas con leche entera. Soy testigo de que Gladis pasó una mala noche mientras su hijo tomaba horchata y cantaba tiernos y angelicales villancicos. Ale se quedó en Villahermosa pues el sábado tenía el compromiso de asistir a un "club de lectura” que le organizaron sus amigos intelectuales por ser día de su cumpleaños. En la colonia nos quedamos sin gas y a Gladis se le quedó el pollo a medio hervir que yo tuve que llevar luego a Reforma para que su mamá lo terminara de cocinar y no se desperdiciara. El sábado nos regresamos a Villahermosa puesto que teníamos el compromiso de asistir ese día a la posada que anualmente nos organiza la empresa. Además había que hacer los frijoles charros para la carne asada que el domingo hariamos en honor de la cumpleañera. No pudimos abrir la puerta y permanecimos afuera con tiliches, ropa de gala y perro por espacio de una hora mientras el cerrajero practicaba sus buenos oficios ¿Sabe Ale que a esta cerradura (el depa tiene tres) no se le debe poner seguro porque no abre desde el exterior? Claro que lo sabe. Fin del diálogo. ¿Quieren que le ponga por lo menos la perilla a la cerradura para que no quede el hueco? –Nos preguntó solícito el cerrajero una vez que terminó ¡No! repuse rápidamente, así me aseguro que no vuelva la burra al trigo. Gladis como pudo tapó el hueco. Tiempo después llegó Ale con sus amigos: Ale, ¿por qué le pusiste seguro a la puerta? ¡Mira todo lo que tuvimos que hacer para entrar! ¿Yoooo? ¡Para nada! Fin del diálogo. Tiempo después y antes de que Ale saliera a cumplir con el compromiso aún pendiente de aumentar el bagaje de conocimientos en el honorable y tres veces heroico “club de lectura” ¡Ale, no le pongas llave a la otra cerradura porque no abre desde adentro! –Gritó Gladis mientras batallaba con sus pupilentes. Ahá –se oyó entre risas que se alejaban. A punto estábamos de salir para la posada cuando Gladis cayó en la cuenta de que la orden dada a su intelectual y siempre comprensiva hija había servido para lo mismo que sirve dar clases de repostería a una recua de pollinos. A esperar otra media hora a que los doctos terminaran de leer el primer capítulo de Don Quijote para que el siempre amable (sin ironía) Jesús Nucamendi pudiera salir de aquel templo de la sabiduría y nos sacara de nuestro hasta ahora eventual claustro. Que poca...madre no, porque tienen una de las mejores.

domingo, diciembre 11, 2011

Mi percepción

Diríase que han existido desde tiempo inmemorial dos tipos de seres humanos: los que regularmente ordenan y los que de ordinario obedecen. Los primeros son relativamente pocos y los segundos reverberan. Generalmente nacemos con el mismo hardware, por consiguiente, podría pensarse que existe en la mayoría de nosotros la posibilidad de aceptar el mismo software. Pero no es así. Los primeros entienden tempranamente (he aquí el detalle) la dificultad de aprender y aceptan con disciplina (he aquí el otro detalle) el alto costo que demanda hacerlo bien. Los primeros son, según la percepción de los segundos, ratones de biblioteca (por gusto o por mandamiento), mientras que los segundos parecen más ratas de la montaña (por gusto o por dejadez). Los primeros trabajan para el futuro y los mueve un sano afán de progreso mientras que los segundos viven el momento y esperan obtener de la vida el máximo beneficio con el mínimo de esfuerzo. Los primeros aplazan la buena vida hasta su madurez mientras que los segundos viven buscándola toda su vida.

sábado, diciembre 10, 2011

Evocación 2

Es una tarde soleada de un día cualquiera en los Altos de Jalisco. Es el año de 1963. Tal vez verano. Veo a un niño güero de aspecto chamagoso como de 5 años jugando solitario en un camino rural y terregoso. Su aspecto cenizo y desaliñado hace juego con la aridez de la vereda en la que camina y que se encuentra amurallada por sendas y orondas cercas de piedra. Su cabeza está poblada de cabello rubio. Cabello grueso y lacio que me hace recordar la dura crin de los caballos. Sin duda un reto para el peine y cualquier cantidad de brillantina. Su piel blanca se mira muy aporreada por las inclemencias del sol y del frio. Lunares de piel rosada motean su cara y son rastros inequívocos de los estragos que el extremoso clima infringe a su pálida y enfermiza epidermis. Camina descalzo. Viste ropa sucia y desgastada. Juega con una lata de sardina que arrastra cuidadosamente valiéndose de un hilo delgado de cáñamo atado a uno de sus extremos ovalados. La lleva llena de guijarros y conforme la arrastra va dejando en el terreno polvoriento un rastro como de serpiente. Su rostro denota mucha concentración, señal de una febril y volátil imaginación. Inmerso en su fantasía, elige con sumo cuidado la próxima dirección que tomará su precaria troca. Veo que ejecuta giros imprevistos evitando riesgos invisibles. Lo escucho murmurar entre dientes apagadas incoherencias. Con el ceño casi siempre fruncido, veo que gesticula, a veces preocupado, otras veces más resuelto. No sabe si existen cosas más allá de lo que sus ojos sin pestañas han podido mirar, tampoco le preocupa. Su imaginación es tan poderosa y jacalera que es capaz de crear su propio mundo sin fronteras en el que vive con alegría sus desbordados ensueños. En ese lugar inmaterial protagoniza frecuentes y divertidas aventuras. Lo sigo con la mirada largo rato hasta que se pierde en un recodo del camino... y luego en la lejanía del tiempo.

domingo, diciembre 04, 2011

El bienestar y los hábitos

Entre más edad se tiene más hábitos se acumulan. Basta con salir un par de días de la comodidad del hogar para que estos broten en tropel protestando por los cambios. Llegué la noche del miércoles al DF y mi cuerpo extrañó de inmediato el clima húmedo y templado. Me hospedé en el Hotel Del Prado Galerías y nuevamente eché de menos cama, almohada y cobertor además de haber pescado una alergia urticante en la piel de esas que hacen gozar al afectado arrancándose el pedazo. Luego sobrevino el tormento de la ducha. Tenía que tomarla usando una regadera diminuta que aumentaba la presión a tal grado que los finos hilos de agua se convertían en agudos dardos de cristal. Ni que decir el efecto que me producía el aire gélido que me recibía fuera del baño. Mi nariz empezó pronto a hacer agua y hubo que andar con papel higiénico en la bolsa. Siempre que viajo, lo más delicado es la comida. Gladis guisa con poca grasa y utiliza con mucha mesura los condimentos. Esto me obliga a viajar con un botiquín bien surtido que ya lo quisieran tener en sus anaqueles las farmacias Guadalajara. Elegí probar el primer día la comida del restaurante El Portón de Galerías. Mala decisión. Pedí una arrachera por ser un corte de carne algo magra y casi siempre blanda. Me sirvieron una que tenía la misma consistencia que la suela de un guarache. Esto aunado al filo romo del cuchillo que me tocó me hizo ver mi suerte. Cada bocado era como masticar un puñado de ligas o de globos, al menos ese sabor tenía. Eso sí, el interior del establecimiento era impecable. Las meseras vestían unos faldones largos, amplios y coloridos con unas hombreras puntiagudas de color rojo. Estas mujeres me recordaban los Closplayers que he visto en internet. Bueno, quedó una vez más demostrado que no todo lo que se ve bien sabe bien. La culpa es de mi estómago: cuando está vacío toma el control y me lleva por el camino más corto.

domingo, noviembre 27, 2011

Mi gusto es...


Gladis y Yo estamos en las Garzas como casi todos los fines de semana. Admito que extraño el ambiente de tranquilidad que se vive en la colonia. Me gusta estar aquí sobre todo cuando llueve y hoy amaneció lloviendo. Me relaja escuchar el murmullo que el viento arranca a las palmeras. El rumor que produce el golpeteo continuo de las gotas al chocar oblicuas contra las hojas de los árboles. Qué gran sensación. Ya no se diga salir al umbral de la puerta y recibir en el rostro la briza fresca que el revoloteo del viento lleva a todas partes. Aspirar el olor dulce de la tierra y el zacate mojados. Escuchar el trino de las aves que no cesa a pesar del viento y de la lluvia. Luego la calma. Esa calma en la que solo se oye la conversación del silencio, el sigilo de la noche, los pasos del secreto y el susurro del misterio.

sábado, noviembre 26, 2011

Soneto

A raíz de que no hace mucho leí un Soneto de Francisco de Quevedo que me gustó, me surgieron sendas y fugaces interrogantes ¿Qué recursos técnicos (que no ingenio) se deben poseer para construir uno apenas parecido? ¿Seré Yo capaz de buscarlos, digerirlos, combinarlos y hacer que brote de todo ello algo que pueda ser reconocido? Con este cúmulo de dudas, cierto día de fin de semana, me zambullí en la Enciclopedia Wikipedia para buscar, leer y releer (que no aprender) sobre el verso endecasílabo (11 sílabas: sexta y décima acentuadas), sobre los ritmos del cuarteto y del terceto (ABBA, CDC), sobre las palabras graves, esdrújulas y agudas, sobre sílabas débiles y fuertes, uff… En fin, va a continuación el resultado:


Flor de Noche Buena


Incienso que se esparce en noche fría, fragancia que camina lentamente, su aroma nocturnal en el ambiente, es fuente que nos llena de alegría;


sus brotes escarlatas son señales, de fiestas y reuniones familiares, principio de amorosos afanares, alivio de trastornos abismales;


sus hojas verdes fuente de esperanza, son manos que acarician y apapachan, y nos colman de amor y remembranza;


son colegas en noches estrelladas, amigas de verbenas y posadas, Tañido de campanas encantadas.

domingo, noviembre 20, 2011

53 vs 21

Plática de sobremesa entre un padre y su hija:


¿Cuántos años cumples? –me preguntó Ale ayer a mitad de la comida.


No sé –respondí categórico mientras tomaba un rico taco de cochinita pibil.


Ale puso cara de sorpresa como si hubiera sido testigo de una realidad monstruosamente inenarrable.


¿Qué? ¡No imagino como alguien pueda olvidar cuantos años cumple!


Nací en el año 1958 –respondí aún ausente del caos existencial que se desarrollaba frente a mí y mientras daba impertérrito la segunda mordida a mi sabroso taquito.


¡Caray eso fue el siglo pasado! –pensé de pronto al mismo tiempo que se me atragantaba el bocado recién deglutido.


Mi mente empezó entonces a trabajar rápidamente (al menos esa fue la impresión que a mí me dio).


Cumpliré 53 años –dije, como si acabara de rebelarse ante mí una realidad que apenas sospechaba.


Es pronto para que Ale se proyecte tanto hacia el futuro. Llegado el momento sabrá que con la edad todo disminuye (menos los kilos) y comprenderá que lo importante de ayer no es lo mas importante ahora.