Visitas de la última semana

lunes, abril 23, 2007

Semana de inicios

Esta semana que esta a punto de expirar estuvo llena de inicios. Gladis abrió su negocio de tacos el viernes. Fue un día bastante ajetreado para ella. A cada momento los imprevistos le saltaban por todos lados: los quemadores (hornillas) no lanzaban la llama como deberían, el taquero resultó balín, el consomé resultó un tanto descolorido, los clientes se quejaron por el consomé frío, le pidieron un chile molido que no tenía, la publicidad no cumplió con las expectativas y la dependienta de la pollería se le escapó. Total, a media mañana ya estaba tan estresada que poco faltó para que lo mandara todo por un tubo. Por otro lado, Kory asistió a su primer día de trabajo en la compañía shulemberg. Aunque es cierto que en esta compañía se trabaja mucho, también es cierto que las oportunidades de desarrollo son muy buenas para los que demuestran una buena actitud y una buena disposición hacia el trabajo. La clave para un buen desarrollo profesional es simple: hay que poner siempre a lo que hacemos valor agregado y tener un gran sentido de la anticipación (hacer antes de que soliciten). Además, Pedro obtuvo un honroso segundo lugar en el concurso de mecatrónica de su escuela estableciendo además un record durante la competencia. Recuerdo que de chamaquito le gustaba desarmar todo lo que se le ponía enfrente para transformarlo luego en “algo que se moviera”. Debido a esta inclinación, Gladis siempre renegaba con él porque le sacaba las baterías a los controles remotos y a las linternas para luego adaptarlas a sus frankestein. Igual me pasaba a mi cuando necesitaba un desarmador u otra herramienta que no encontraba donde debería estar. Invariablemente, cuando algo no aparecía en su lugar, el que la buscaba gritaba ¡Pedro!…no había más. Ni que decir de las cosas que desarmaba, algunas de ella útiles aún. Del otro inicio yo soy el protagonista. En esta semana atendí una invitación para colaborar en el Complejo Procesador de Gas Nuevo Pemex para trabajar en un proyecto muy ambicioso de generación de energía eléctrica que Pemex llevará a cabo junto con la iniciativa privada. Por lo pronto mi comisión es por 90 días. Haber como pinta este asunto.Hoy Gladis ya se siente mucho mejor, se ve menos tensa, eso si, muy cansada. Mañana piensa descansar, y de aquí en adelante desea hacer lo mismo todos los lunes. Por otro lado, a Kory la están asustando sus compañeros de trabajo con el cuento de que el jefe que le tocó es muy gritón y exigente. Yo le diría que no se preocupe, tener un jefe exigente es lo mejor que le puede pasar a uno, más aún cuando uno lo tiene desde su primer trabajo. En lo personal, lo que sé es gracias a haber tenido la suerte de contar desde la escuela con algunos guías con esas características. Los jefes buena onda, complacientes y chistosos por lo general lo condenan a uno al ostracismo y la mediocridad profesional. Casi como regla general, cuando los jefes exigentes se convencen de la buena actitud y disposición de sus colaboradores, invariablemente los apoya y los promueve. En una corporación, la palabra de los exigentes vale, y vale mucho. Claro, existen algunas excepciones, de que hay brutos exigentes y con iniciativa los hay. Ojalá no sea este el caso.

sábado, abril 14, 2007

Guayacanes en Villahermosa

Hoy conduciendo por la calle de paseo tabasco de Villahermosa, no quise dejar pasar la oportunidad de capturar este momento en el tiempo. Por consiguiente me estacioné solo para tomar estas imagenes que muestran que no a todos los seres vivos les desagrada esta epoca tan calurosa del año. Cielo azul, nubes blancas, árboles soberbios y calor inclemente.
Entre el color amarillo y el calor de la primavera. Cuando pregunto a la gente el nombre de este árbol, la respuesta siempre es muy variada. Algunos dicen que se llama framboyán, otros dicen que se llama macuilí, y otros tantos lo identifican como guayacán. En los años que tengo de vivir en esta tierra he visto inumerables fotos o pinturas de este árbol en hoteles, restaurantes y dependencias de gobierno, pero en ninguno de estos cuadros he visto una pista que me arroje luz sobre su nombre. Mi opinión es que este árbol de flores cónicas de color amarillo intenso se llama guayacán.
A quién no le gustaría tener esta clase de basura en la banqueta de su casa?. He notado con el tiempo que los días de floración del guayacán son muy cortos, le calculo unos 15 día desde que brotan las flores hasta que se desprenden solas. Mientras tomaba esta foto, observé que las flores caían del árbol lentamente pero en forma constante. Era aproximadamente medio día cuando tomé esta foto y la bella carpeta amarilla que se observa se ha acumulado en lo que va del día. Otras vistas de la misma avenida.

viernes, abril 06, 2007

Hoy estamos completos

Hoy esta reunida toda la familia. Los integrantes que por elección propia no viven ya con nosotros, ahora están en su casa. Somos los que estamos, y estamos los que somos. Pedro llegó el jueves en la noche. Él quiso pasar las vacaciones de semana santa con nosotros, y aquí está una vez más, disfrutando un buen vaso de pozol, de sus enchiladas suizas, de su querido mondongo y la compañía de sus hermanas y amigos. Estoy complacido de poder verlos juntos. Cada vez va aumentando la dificultad de compartir el mismo lugar, y hay presagios de que estos momentos se irán esparciendo cada vez más, igual que su duración: irá siendo cada vez menor. Una vez que uno sale de la célula familiar todo cambia. A donde uno vaya, siempre lo acompañará la sensación de ser una especie de exiliado, un agregado, alguien que lucha por su adaptación, por su arraigo a las nuevas condiciones o costumbres, y en esa misma proporción, uno se va despegando de su origen, de su pasado. Asimismo, ese origen y pasado invariablemente también se va desarraigando de uno. He experimentado que se alcanza con el tiempo un punto de equilibrio. De pronto se ve uno en un punto intermedio, entre su origen y su destino, entre su pasado y su futuro, extrañando lo que fue y con miedo a lo que vendrá. Uno no se siente ya como parte de su origen, ni tampoco se siente uno totalmente incorporado dentro de su nuevo destino. Es una sensación extraña de orfandad, olvido y nostalgia. Este proceso dura años en desarrollarse, es un proceso lento, con cambios apenas perceptibles. De pronto se da uno cuenta de cuanto han cambiado las cosas que se dejaron atrás. Entonces toma verdadera dimensión lo que Heráclito dijo hace unos miles de años: “Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río. Las cosas son como las gotas de agua en los ríos, que pasan y no vuelven nunca más”. Esto lo decía en forma metafórica para referirse a que todas las cosas en la tierra (incluidas las personas) están siempre cambiando constantemente. Las personas con las que conversamos o convivimos en el pasado, como decía Heráclito, ya no son los mismos diez años después. A aquellas personas, igual que a las gotas de agua en la metáfora del filósofo, se las llevó el río para no volver jamás. Por lo pronto Ale y nosotros estamos pasando días buenos en la compañía de estas dos nuevas gotas de agua. Ale se la pasa diciendo a cada momento: hola hermana!, hola hermano!. Sus hermanos mientras tanto, tienen su cabeza llena de vivencias y escenarios de los que ya no somos parte. Igual nosotros, vivimos experiencias en las que ellos ya no han sido parte.

martes, marzo 20, 2007

Primavera y cucarachas

Hoy entró la primavera. Inició también el tiempo caluroso del año. Aunque no en todo el mundo se ha notado el cambio de estación. Por ejemplo, en España cayó nieve como si fuera invierno. Aquí el día estuvo caluroso y algo salpicado de ventarrones. Espero que los pronósticos se equivoquen y no sea el año tan caluroso como se espera. Serían lamentables sus efectos sobre todo en la agricultura y la ganadería.
Por otro lado, el efecto cucaracha (relacionado con el narcotráfico) se esta haciendo sentir como nunca en el estado de Tabasco. Se han venido produciendo últimamente en Villahermosa balaceras, asesinatos, emboscadas y todas esas cosas que sucedían solo en el norte del país. Ya fueron apresados en el municipio del centro algunos policías que se cree tenían nexos con el narcotráfico. Desarmaron además a los elementos de no sé que corporación policíaca de Villahermosa a cuyas puertas aventaron una cabeza humana. Por cierto, el cuerpo de esa cabeza lo encontraron tirado cerca de Reforma. Las señales son claras, las redadas en el norte han obligado que esta problemática se desplace hacia el sur. Este efecto cucaracha inició desde el año pasado y se ha venido acentuando cada vez con mayor fuerza en esta época del año. Creo que se les acabó la tranquilidad a los que ya de por sí se dedicaban a ese negocio en esta parte del país. Lástima Margarito!

Ayer llevamos a su casa a una amiga de Ale que se quedó desde el domingo en casa. Durante esta visita observé a Ale feliz. Bailaron zumba toda la tarde y vieron películas toda la noche. El lunes se la pasaron asoleándose como iguanas en la alberca. Llegaron todas coloradas a la casa ya de tarde. Ahora Ale camina como robot por la quemada. Ah, pero eso sí ¡se dieron gusto embadurnándose de bronceador!

lunes, marzo 12, 2007

Natalicio

Mañana 13 de marzo de 2007 Gladis agregará un año más a su pasado –No creo que le de mucha gracia escuchar a alguien decir que le restará un año a su futuro. Ayer le oí decir: La mejor época de mi vida fue hasta antes de los 18 años. A esa edad no me preocupaba nada, hacía lo que quería, andaba del tingo al tango; en fin, me divertí mucho –dijo con nostalgia. ¿Acaso me habrá querido decir algo?
Pero es cierto, es frecuente que después de cierta edad (digamos que después de los 45), muchos tengamos la creencia de que nuestra época pasada fue mejor. Pero esto no es verdad, es solo que tenemos más vivencias que recordar. Empezamos a descubrir la verdadera dimensión de la nostalgia. Por ejemplo, cada vez que ella escucha la canción de Blondie “Heart of Glass”, sus manos se zangolotean en el aire como movidas por un titiritero invisible y huapachoso y como seguramente también lo hicieran en aquella discoteca en la que bailó feliz esa canción. Entonces veo como se escapa brevemente a un lugar y un instante determinado seguramente para saludar a aquellos amigos y amigas que ya no ha visto desde entonces. Y es que no hay mejor transporte que la música para llevarnos en compañía de blancas, negras y corcheas a dar un paseo por nuestro pasado, haciéndonos volver fugazmente y como por arte de magia a momentos que ya habíamos olvidado. Germán Dehesa describe magistralmente en su libro “La música de los años” estos viajes furtivos y automáticos a donde nos llevan milagrosamente los ritmos y las notas de nuestro tiempo.
En las ocasiones que logro arrebatarle a Ale la radio del coche, sintonizo la música de mis tiempos y mis nostalgias. Ya vas a poner tu música de viejito –dice riendo. Pero ya no la escucho, en ese momento me encuentro ya saludando a mis amigos que no he visto desde hace 30 años. Ella no tiene idea que 20 años más adelante, se verá transportada de súbito a esta época cuando escuche la canción “celeste” de Rebelde mientras su hija quinceañera le dice: ¡Hay mamá, cambia esa música de viejitas!. Mañana haré escuchar a Gladis la canción “I will survive” de Gloria Gaynor para que vuelva a su juventud mas temprana, aunque sea por 2.5 minutos.

jueves, marzo 01, 2007

Adiós a los brakets

Un día de esta semana llegó a casa Ale ya sin sus brakets. Es increíble como hace cambiar algo tan sencillo la vida de una persona (sencillo pero muuuuuuy caro). Llegó con una sonrisa de oreja a oreja, como diciendo -¡Hey, mírenme! Yo, de plano, ya estaba cansado de pagarle sus vacaciones al médico. Un año y medio duró mi contribución. Entre mas subían las comisuras de Ale, más bajaban las mías. Pero valió la pena el sacrificio; la sonrisa de Ale me hizo olvidar los ganchos al hígado que recibía cada vez que su mamá la llevaba a su consulta. Lo más importante es que ella quedó satisfecha con el resultado. Se nota que así es. Pero yo no descanso, ahora esta asistiendo con una nutrióloga para que le quite esa manía que tiene de comer chucherías. Total, sigo siendo rehén de la estética y la salud. De plano, estoy pensando seriamente en ir con el psicólogo para que me ayude a superar la enfermedad de “botarate” crónico que me aqueja. ¿De cómo se siente Ale? Solo echen una miradita al metroblog de bulolu para que se den una idea.

Hoy hablé con mi hermano Guy. Nos echamos una buena platicadita por el chat –Bueno, sería mejor decir una escribidita. Me comunicó que en este día cumple 8 años su hijo Gustavo. A su edad, yo no sabía lo que eran las barras paralelas, ni las argollas, ni veía el tren pasar todas los días, por consiguiente…no había manera de que me subiera en él. Un servidor, apenas nadaba de perrito, diría que sabía lo indispensable como para no hundirme en el agua como lo haría cualquier piedra volcánica. En cambio, este niño de apenas 8 años, ya esta curtido en la férrea disciplina de la gimnasia, de la natación y de la escuela. Además ve pasar el tren todos los días, por consiguiente…puede abordarlo cuando así lo decida él. Un fuerte abrazo para mi sobrino Guy Junior, de parte de su tío, de Ale, de Gladis y de pititito el orejón…y muy patón.

miércoles, febrero 28, 2007

Links

No he agregado vínculos a esta bitácora por que no había encontrado algo que, siendo distinto, la complementara. Bueno, pues ha llegado el momento de publicitar a mi cuñado Lucio e invitarlos a pasar a su metroflog “bulolu”. Aquí nos comparte imágenes de su gente y de los lugares por los que vaga. También los invito a pasar a que le den una hojeada al Álbum de Pedro “pcB” que está lleno de chucherias y de tutifruitis.

sábado, febrero 24, 2007

Pueblos del viento norte

No hace mucho, terminé de leer esta joya histórica de mi tierra que contiene relatos de la revolución y la cristiada contados por los mismos protagonistas o sus familiares. Es un regalo que recibí de mi hermana Toña durante su paso por Reforma, gesto que le agradezco infinitamente. Estos relatos, y los lugares donde sucedieron, me hicieron recordar mis orígenes. Tierra y lenguaje de mis abuelos y sus antepasados. Su contenido me pareció del más puro realismo. Es un bello trabajo de recopilación realizado por Luis de la Torre y Manuel Caldera. Entusiastas que se dieron a la tarea de salir a la caza de vivencias que muestran de primera mano, lo que significó para aquellas personas vivir dos revoluciones. Descubrí en estos relatos la gran capacidad que la gente de antaño tenía para contar historias. Capacidad que hemos perdido ahora gracias a que nos hemos convertido más en receptores que en comunicadores. El exceso de tecnología y el gusto cada vez menor por la comunicación sustancial de persona a persona tienen mucho que ver en esta transformación. Estos relatos están llenos de sufrimiento, hambre y muerte. Abundan dentro de ellos los valores humanos como la valentía, la maldad, la caridad, la crueldad y todo aquello de que es capaz el ser humano cuando es llevado a los límites de la supervivencia. Descubrí también, a través de estas historias, que el interés individual predomina sobre los ideales, que la gente pacífica muere igual (o peor) que los belicosos, que tanto los “levantados” revolucionarios como las fuerzas del estado abusaban por igual de la población. Estoy seguro que más de algún antepasado mío anduvo en uno o en otro bando, recorriendo en su caballo aquellos llanos y barrancas, ya sea como perseguido o como perseguidor, terciado con cananas llenas de parque, con su sombrero de ala ancha embarbequijado, sus huaraches de correas, con su rifle 30-30 y su pistola de mazorca. La motivación para andar en la “bola” era diversa: algunos lo hacían por ideales, otros por necesidad, y algunos otros por gusto.

jueves, febrero 22, 2007

Somos la suma de nuestras elecciones

Hace algunos años, cuando nuestra familia aún comía junta, aventé un monologo a mis hijos que intentó ser un consejo. Días antes había tenido la mente ocupada en cavilaciones sobre los caminos que conducen a una persona a ser lo que es o a llevarla a donde está. ¿Por qué existen personas adultas que responden de manera tan distinta a estímulos iguales? ¿Por qué cuando se trata por ejemplo de crear algo nuevo, algunos se esfuerzan en dictar y otros en tomar dictado?
Después de hacerme esas y otras muchas preguntas más, concluí que simplemente somos lo que somos, y estamos donde estamos, gracias a las elecciones que fuimos tomando en cada segundo de nuestra vida. Entonces, aquella tarde, y después de la comida, como para hacer la digestión, creí conveniente comunicar a mi familia aquella conclusión. Si ahora, alguno de ellos lo recuerda, entonces valió la pena el sacrificio de escuchar aquel monologo. El que no lo recuerde, bastará con que eche una rápida mirada a su pasado inmediato para entender que en la actualidad es lo que es, y esta donde está por una simple suma de elecciones.
Hace unos días, leyendo un ensayo de Rafael Fouquié sobre “la autenticidad del artista”, fue grande mi sorpresa al encontrarme con su siguiente opinión:
…. Optar es asumir gestos, acciones, movimientos que, paulatinamente, nos identifican y definen. Al optar nos vamos constantemente dirigiendo hacia un espacio cada vez más reducido y más nuestro. La vida que vivimos, el camino que recorremos, los actos que realizamos: todo posee la forma de nuestras opciones, se dibuja con ellas. Optar nos va cerrando posibilidades: nos angostamos dentro de esas superficies que construimos en torno nuestro con nuestras escogencias. Optamos hacer y optamos ser en desmedro de muchísimas cosas que decidimos no ser ni hacer. La opción escogida niega a cualquier otra. Vivimos en medio de la selección, de la limitación, del descarte, de la parcelación. Nuestra vida va componiéndose de ciertas sumas y de muchísimas restas. Y en ese itinerario de sumas y restas va proyectándose…el sentido de NUESTRA obra…

martes, febrero 20, 2007

Las consecuencias

El día posterior a aquél 29 de octubre de 1960, Antonio Muñiz se dirigía al rancho las ánimas en compañía de Delfino Muñiz. Por los acontecimientos de la víspera, Delfino le recomendó a Antonio ir armado. Ya encaminados, se encontraron a un grupo de soldados que traían a dos sujetos presos. Uno de aquellos presos era conocido por ambos viajeros, de nombre Sabino. Antonio Muñiz ya sospechaba el motivo de aquella redada. Seguro ya andaban en busca de los protagonistas comuneros involucrados en la balacera de la noche anterior. Al pasar el grupo a un lado de ellos, Sabino dijo a sus captores señalando simultáneamente con el dedo
-¡Ese es Antonio, y trae pistola! y ¡Es uno de los más peligrosos de la región!
- ¡Y ese es Delfino!, vive en Jazmines pero ahora esta con su abuelo.
¡Comunicativo el Sabino este!
Ese mismo día, apresaron a Pedro Conchas González, Margarito Andrade, Alejandro González y Antonio Muñiz. Todos ellos fueron llevados ante el Juez de Huejuquilla el Alto Jalisco. Este juez, por supuesto, amigo de los “señores” hacendados, les comunicó –¿¡Quedan detenidos por haber contestado a la agresión!? –¡si, este fue el delito!
Después de este juicio sumario y ortodoxo, este juez hijo de su madre los remitió sin más a la prisión de Colotlán. Antes de que el día llegara a su término, llegó a oídos de los detenidos el verdadero plan que tenía reservado para ellos aquella flamante “autoridad”. Esta noticia llegó por conducto de una persona que escuchó casualmente una conversación que sostuvo el jefe del “orden” con los subalternos designados para custodiarlos durante su traslado –¡Llévenlos caminando y hagan lo que tienen que hacer!
Para los que no están familiarizados con la impartición de justicia en aquellos tiempos y en aquellos lugares, esto era una sentencia de muerte. Esta orden llevaba codificado el plan verdadero –¡Aplicar la ley fuga a los detenidos!
El informante les recomendó pues, que por ningún motivo aceptaran irse caminando. Así las cosas, se ofrecieron 40 comuneros para acompañar a los sentenciados durante todo su trayecto si la autoridad continuaba empecinada en enviarlos caminando. Los amigos del “orden” y sus jefes, viendo que las cosas se ponían cada vez más color de hormiga, aceptaron a regañadientes mandarlos en autobús siempre y cuando ellos cubrieran el costo de los pasajes de todos los custodios. Así fue que pudieron salvar la vida en esta oportunidad. A partir de entonces, el acoso sobre ellos fue grande, motivo por el cual Pedro Conchas González y familia (y otros que le siguieron después), tuvieron que emigrar de aquellas tierras. De quedarse, no tenía más alternativa que matar…o ser muerto.

domingo, febrero 18, 2007

Pedro Conchas González

Nació en el año de 1924 en La Soledad, municipio de Huejuquilla el Alto Jalisco. Nacido apenas dos años antes de iniciada la revolución cristera. Hijo de Pánfilo Conchas Marrufo y Apolonia González Sánchez. Aquella época fue mala para recibir el regalo de la vida, y es que era arto difícil mantenerla. Se hizo hombre él solo, igual que muchos otros que fueron producto directo de la revolución mexicana de 1910 y de la guerra cristera de 1926. Aprendió a leer y a escribir en forma autodidacta. Se enseñó a hacer cuentas con maicitos, frijolitos y piedritas. Le tocó vivir el rescoldo de los tiempos más difíciles del país. La ley en aquella época, era la que imponían los ricos hacendados y los jefes revolucionarios “levantados”. En esos sagrados tiempos, las haciendas no tenían linderos. Los límites de la “propiedad privada” eran movidos a capricho por los hacendados. Antes de la revolución, solo existían en México dos clases de personas: los hacendados y los peones. Por tal motivo estos últimos se fueron de “bola” a la revolución motivados por el grito de Emiliano Zapata: TIERRA Y LIBERTAD y su idea revolucionaria de: LA TIERRA ES DE QUIEN LA TRABAJA. Miles de muertos después, terminó la revolución con la promesa del gobierno de expropiar los latifundios (haciendas) y repartirlos entre los pocos sobrevivientes de aquella bola revolucionaria. ¿Pero que creen? Pues no pasó nada. Los ladinos hacendados hacían contubernio con las autoridades locales para darles puro “atole con el dedo” a aquellos pobres desletrados. Entonces dizque empezaron a “cumplir la ley” cediendo solo aquellos terrenos que no les servían de nada: las barrancas y los desiertos. Fue así que se empezó a poner fea la cosa otra vez. Los desposeídos empezaron a organizarse para formar un frente común que les permitiera litigar un reparto justo ante el gobierno. Estos grupos fueron conocidos como agraristas o comuneros. Mientras el gobierno emitía una resolución que obligara a los hacendados a cumplir la ley sin chapucerías (tarea arto difícil por la siempre viva corrupción) los pobres tenían que sobrevivir, y para lograrlo era necesario sembrar. Y pues ni modo, a sembrar donde se podía y a proteger la labor con la propia vida si así era requerido.
Así estaban las cosas cuando a Pedro Conchas González lo sorprendió la juventud. En la Soledad, había una guerra declarada entre los ricos hacendados y los pobres comuneros. Pedro Conchas era uno de los comuneros que mas hacía por la causa. Era famoso en las juntas que organizaba el grupo con el fin de recaudar fondos. Él era el primero (entre los pocos que tenían recursos) en ofrecer una vaca o un toro para los gastos del interminable litigio. Por este liderazgo involuntario, andaba siempre a salto de mata, huyendo de los soldados o de la policía federal que lo perseguían por calumnias infiltradas por los mismos hacendados. Y es que los “señores” de aquel rumbo lo consideraban un verdadero peligro para sus intereses particulares.
Yo tenía casi dos años de edad aquella noche del 29 de octubre de 1960. Empezó a correr el rumor, que los “señores” hacendados iban a destruir la labor (siembra) del comunero Margarito. Se lograron reunir 17 comuneros (de un grupo de 100) para ayudar a aquel compañero a cuidar su cuamil. Solo 4 de los 17 iban armados con pistola, uno de esos 4 era Pedro Conchas. El resto solo iba a la velada a comer elotes y a sacar plática. Así, entre plática y plática pasaron las horas de aquella noche, sin novedad, iluminada solo por esa hermosa luna de octubre (como dice la canción). A las 12 de la noche, cuando ya apagaban el fuego para regresar a sus casas, el infierno se desató. Entre los relinchos de los caballos y el ruido de los disparos, los comuneros alcanzaron a escuchar ¡Vámonos arrimando! ¡No, no se arrimen! ¡Aquí vamolos quemando!
Antonio Muñiz (cuñado de Pedro Conchas) recuerda que los compañeros que no traían arma, salieron a rastras en busca de refuerzos protegidos solo por la penumbra y la milpa. La luz de la luna antes amiga, ahora se convertía en enemiga. Aquellos fulanos eran como 35, todos armados y a caballo. Nosotros solo éramos cuatro y a pié. Después de 20 minutos de balacera, durante los cuales nos movíamos continuamente como lagartijas entre la milpa para no presentar blanco fácil, nos dimos cuenta de que el parque se nos agotaba. Si queríamos tener un chance, uno de nosotros tenía que ir por más parque mientras los otros se quedaban a continuar la batalla. Yo mismo me ofrecí para ese trabajito, les dejé el parque que me quedaba a los compañeros y conservé solo la carga de mi pistola por lo que se pudiera ofrecer en el camino, y pues ahí voy, arrastrándome entre arbustos espinosos, entre pencas de nopal, entre piedras filosas y picudas, y entre una lluvia de luces rojizas que me zumbaban por todos lados. El camino que llevaba a mi casa me obligaba a pasar cerca de la casa de uno de esos fulanos. Y mi sorpresa fue la lloradera de mujeres que escuché al pasar por ese lugar. ¡Ya nos echamos a uno! –pensé. Llegué a mi casa con el cuerpo todo ensangrentado y sin balas en mi pistola. En ese momento no sabía si me había alcanzado una bala o si la sangre era de tanta espina que traía encajada en las manos y en la panza. Oiga, viera que lloradera de mujeres también en mi casa, y es que de lejos se veía fea la cosa. Se oían bien los balazos y se veían mejor los fogonazos. Y mire, las mujeres ya no querían que yo regresara ¡Te van a matar Toño, no vayas! Y se me colgaban de todos lados para que yo no me regresara. Entonces mi papá Dámaso Muñiz Caldera me dijo –váyase hijo, no los deje solos. Lleveles el parque porque han de estar muy apurados, y que Dios me lo bendiga.
Estos cuatro valientes, aguantaron afortinados por espacio de 2 horas más la andanada de balazos de aquellos 35 sujetos dispuestos a matarlos sin piedad. La trifulca terminó cuando llegaron los refuerzos de los comuneros y los de a caballo se vieron obligados a pone tierra de por medio al verse igualados en número. Este hecho quedó inmortalizado en un corrido local, algunas de cuyas estrofas dicen:

Gritaba Pedro Conchas González
¿Por qué retroceden bueyes?
¡Haciendo uso de las armas
Desobedecen las leyes!

Antonio Muñiz Camacho
Hecho mano a su pistola
Y como las codornices
Se desbandó aquella bola

Decía Pedro Conchas González
Con la pistola en la mano
¡Si vienen a ver a su padre
Traigan todos sus hermanos!

sábado, febrero 10, 2007

México 70

Terminé de leer Agua Quemada de Carlos Fuentes. Libro que me trajo de regalo mi hermana Toña. La narrativa se ubica en la ciudad de México de los años 70. Carlos Fuentes representa a través de sus protagonistas el drama de vivir en una ciudad corrupta que resuelve sus diferencias por medio de la violencia. Una sociedad que premia a los oportunistas y castiga a los idealistas. El mejor ejemplo es el general Tompiates hijo de la revolución y protagonista del primer cuento. Sujeto avezado que siempre estuvo en el bando ganador en turno. Primero como capitán Villista a favor de Madero, luego como coronel constitucionalista luchando al lado de Carranza contra Villistas y Zapatistas. Después como coronel Obregonista pronunciado contra el Carrancismo, y por último como general Callista dándole duro al culto y a los cristeros. Ahora ya jubilado, su principal pasatiempo, es educar a su nieto para que no sea tan pusilánime como su papá, que por cierto es narco. Termina el libro con un cuento que describe los métodos del Estado (y el perfil de los políticos que los idearon) para meter en cintura a aquellos estudiantes revoltosos. Métodos que fueron llevados a la práctica en aquél celebre Halconazo o jueves de Corpus en el que resultaron muertos varios estudiantes (aún no se sabe cuantos). Lápida que aún carga sobre sus hombros el ahora ya senil expresidente Luis Echeverría Álvarez.

Los gansos

Llegó el tiempo en que los cocoítes empiezan a vestirse de color rosa pálido anunciando la próxima visita de la primavera. Están saliendo tímidamente sus primeros brotes rosados como asustados por estas lluvias tardías que no han dejando de caer por estos húmedos rumbos. Atrás van quedando las lagunas rebosantes que ya a estas alturas han perdido un tercio de su capacidad acuosa. Este último mes hemos sido visitados diariamente por un par de gansos que han hecho suyo un charco que las lluvias no han dejado secar en nuestra cochera. Estas aves son territoriales por lo que Gladis ha tenido que correr despavorida huyendo de los graznidos y aleteos de estas dos bolas emplumadas que la persiguen hasta la puerta de la casa cada que baja de la camioneta. Hoy sé que estas aves pescozonas son de una vecina que según ha dicho ya adoptaron como suya esta cuenca artificial y diminuta ubicada en nuestra casa. Lo malo es que dejan su “recuerdito” regado por todas partes, además de que su presencia no es muy del agrado de niño y patón que les ladran como si fueran perros de caza. Fuera de esto, me gusta mirar su gracia y el garbo con el que se desplazan sin temer a nada ni a nadie. Me gusta verlas picotear aquí y allá sintiéndose dueñas del territorio. No los espantan los paseantes, mas bien son ellos los que dan la vuelta para no pasar cerca de esa diminuta porción de agua turbia que ya consideran suya y que defienden aguerridamente. Ya los perros tienen pues otra cosa en que derrochar sus energías además de los habituales zanates que nunca los dejan en paz por ese afán que tienen de robarles sus croquetas. Otra novedad es que paco ya no está con nosotros. Por la irresponsabilidad de Ale (su dueña) y la impaciencia de su mamá de verse con el trabajito extra y diario de meterlo, sacarlo, darle de comer y de beber, ya lo regaló a doña Maty. Ahora extraño sus gritos y borucas que armaba: “burro”, “Pedro”, de la imitación que hacía de los graznidos de sus vecinos los zanates, su canto de la “diana” y otras palabrejas más que admiraban (o avergonzaban) a los que las oían. Por mi parte espero continuar disfrutando de este clima agradable del cual ya nos queda poco tiempo y prepararme para los días calurosos que nos esperan a partir de abril. Ni modo.

jueves, febrero 01, 2007

Ensayo sobre el Prometeo Kafkiano

Prometeo fue un dios mitológico griego que creo al ser humano mientras su hermano se concentraba en crear a los otros seres vivos. Esta tarea les fue asignada por Zeus, el dios jefe de jefes. Para realizar dicha encomienda, Zeus les entregó un tambache de partes (pelo, garras, picos, alas, etc., etc.) para que a modo de un juego de lego, fueran armando todo tipo de seres a placer. Como Prometeo le puso mucha crema a su taco, su hermano le agrandalló todas las características esenciales, dotando a sus animales de buenas armas para la supervivencia y no dejó ninguna para aquel desnudo mono de Prometeo, que por cierto lo hizo a semejanza de los de su especie. Conciente de la desventaja de su producto, Prometeo le birló el fuego a los dioses para dárselo a sus encuerados, no sin antes advertirles lo siguiente: de cada animal que maten para comer hagan dos porciones, después quemen en ofrenda la que los dioses elijan (así los dioses obtendrían también un beneficio por compartir el fuego y lo perdonarían a él por su robo). Sabiendo que los dioses iban a escoger la mejor porción, Prometeo nada tonto, enseñó a sus animales bípedos a camuflajear apetitosamente una porción de puro hueso y tripa cubriéndola de suculenta mantequita. La otra porción, la que contenía la carne magra, fue cubierta con puro pellejo. Ni para que contar cual escogió Zeus. Pero para aquel que no sospeche nadita le diré que eligió nada menos que el bulto que contenía la mantequita. Cuando Zeus se dio cuenta del engaño, de plano se le subió la bilirrubina y ordenó a todos sus dioses subordinados que le prepararan un “trabajito” al embustero Prometeo. Fue así que la bella Pandora y su mentada cajita apareció en el escenario. Este juguetito fue preparado especialmente para aquel dios chapucero y sus secuaces humanos. Lógicamente, la mujer era una bomba (y bombón) programada para hacer ver su suerte a nuestro paladín Robin Hood, y la cajita que llevaba era un “presente” de Zeus para aquella nueva raza de insolentes. Para aquellos que no sepan que contenía la cajita, solo les diré que estaba llena de las desgracias que hoy aquejan a la humanidad. Zeus le prohibió a Pandora que la abriera, imagínense ustedes!. Cuando hicieron llegar a Prometeo su regalito, este no cayó en la trampa, pero su hermanito sí. Por más que aquél le advirtió de lo endemoniado del asunto, aquel no hizo caso, y cayó redondito ante la belleza y los encantos de la mujer. Para no hacer el cuento tan largo, Zeus se cansó de que Prometeo le hiciera ver su suerte y ordenó que lo encadenaran a una roca en lo alto de la cordillera del Cáucaso para que las águilas le comieran el hígado todos los días (cada noche se le regeneraba por ser inmortal). Este castigo iba a durar nada menos que 30,000 años!.
Bueno, ustedes se preguntarán ¿que tiene que ver todo este royo con Franz Kafka?. Mi humilde opinión es que Kafka utilizó este mito para hacer una crítica mordaz a la naturaleza mezquina y desagradecida del ser humano. Su crítica inicia con esta sentencia: hay cuatro leyendas referidas a Prometeo…Desde mi punto de vista, solo la primera de estas leyendas concuerda con el mito real que aquí les conté, las otras tres mencionadas, son nada menos que de la cosecha del mismo FK. El común denominador de estas otras leyendas es EL OLVIDO Y EL ABANDONO con los que Prometeo padeció su castigo. Después de haberse arriesgado tanto para ayudar a sobrevivir al objeto de su creación, por todo pago recibe de ellos lo que esta implícito en ese pequeñísimo relato que FK garabateó tal vez con mucho desdén. ¿Tiene esperanzas Kafka de que la naturaleza humana mejore algún día? Esta respuesta la explica él mismo al final del mini cuento con estas palabras lapidarias: La leyenda (las suyas) quiere explicar lo que NO TIENE EXPLICACION. Como nacida de una verdad (la creación y los favores de Prometeo), tiene que volver a lo INEXPLICABLE (el pago regresado por su rebaño).

martes, enero 30, 2007

Apocalypto, la película.

Cuando pienso en la cultura maya se me vienen a la memoria imágenes clave como son: pirámides, selvas, ríos, pantanos, animales salvajes, cuerpos celestes, arte, arquitectura, conocimiento, penachos, jade, agricultura, ceremonias, politeísmo, senotes, sangre, etc. Curiosamente, en lo personal no relaciono la cultura maya con una sociedad exclusivamente guerrera, mucho menos con una sociedad cuyas creencias hubieran girado en torno a los sacrificios humanos como lo acentúa esta película. Esto de la guerra y de los sacrificios humanos los relaciono más con la cultura azteca. El acierto de Mel Gibson (si se le puede llamar así) fue desarrollar una historia ficticia que aglomeró lo que en general se conoce de esta cultura y que es difícil refutar, y lo salpicó de toda clase detalles fantásticos que de ser falsos nadie puede refutar. Las distintas escenas de la película la sitúan al final del periodo posclásico de la cultura maya, en los siglos XV o XVI de nuestra era. Esto se puede deducir por las condiciones humanas y ambientales imperantes en la ciudad a la que fueron llevados los prisioneros. Lo que la película señala a partir de la llegada de los prisioneros a la ciudad es la hipótesis más aceptada entre los conocedores para explicar la razón de la decadencia y abandono de las ciudades mayas. Esta hipótesis propone que la causa principal que desencadenó el principio del fin de esta cultura fue la deforestación de la selva que se cree sirvió de materia prima para la construcción de sus grandes pirámides. Actualmente se piensa que quemaban los troncos para producir ceniza con la que a su vez elaboraban el aglomerado que utilizaban para unir las piedras de las pirámides. Esto ocasionó que grandes extensiones de terreno se erosionara en detrimento de la agricultura, base de su alimentación. La poca producción de maíz acarreó como consecuencia el hambre entre la población. Se cree que el pueblo atribuyó esta hambruna al deterioro de la relación entre los dioses y sus gobernantes. Se supone que gobernantes y sacerdotes hicieron lo único que sabían hacer cuando perdían la gracia divina: incrementar las ofrendas a los dioses para mejorar las cosechas (nadie cuerdo puede asegurar que cuerpos y cabezas rodaban desde lo alto de las pirámides, ni la existencia de cementerios a cielo abierto al estilo de la solución final de Hitler, esto es pura fantasía). Al ver que las ofrendas no mejoraban la situación, el pueblo maya se levantó inconforme contra la clase gobernante. La película pues, tiene tres etapas bien definidas, la primera que termina con la profecía lanzada por la niña a los rijosos y que es pura fantasía. La segunda que termina con el escape de garra de jaguar de la ciudad y que es una realidad a medias (a medias por ese ritual sangriento y fantasioso, clímax de la película y que representa el Apocalypto u holocausto de la cultura según la visión del escritor y director), y la tercera que termina con el final de la película, y que también es pura fantasía. Las etapas uno y tres son meramente Hollywoodescas, dosis de fantasía necesaria para vender y divertir, después de todo, su fin no es cultural sino de mercado. Con la tercera etapa me dolió la cabeza y mi esfuerzo fue grande para no salir corriendo como garra de jaguar lo hizo al ser perseguido por su tocayo felino (que por cierto, era albino). Ayer me llegó un correo en que el remitente criticaba encolerizado la violencia y cinismo atribuido a los mayas en esta cinta y animaba a los lectores a boicotear la película y a reenviar el correo a todos los contactos. Es más, aconsejaba hacer daño a la producción mediante la compra de la pelicula en el mundo de la piratería con el fin de desviar el flujo de efectivo a la gente de parche, garfio y pata de palo. Este mismo sentimiento despertó la anterior cinta de este mismo director (la pasión de Cristo). Producción por la que fue acusado de antisemita por los judíos que se sintieron agredidos por la forma en que se representó su “contribución” en este suceso (y creo que algo había de razón). Si esta pasión por Apocalypto continúa, su éxito está asegurado. Reacuérdese la película “El crimen del padre Amaro” y su polémica con el opus dei que solo sirvió de aliciente para que fuera vista masivamente con el fin de medir el grado de ortodoxia de nuestro clero. A veces me convenzo más de esa sentencia que dice: cuanto más se prohíbe una acción, mayor es el impulso que lleva a realizarla.

lunes, enero 29, 2007

Fahrenheit 451

Terminé de leer este libro de Ray Bradbury. El título en realidad no me decía nada, por ese motivo aplazaba su lectura. Dicen los eruditos que pertenece al género de la distopía (contrario a la utopía), y creo que con justa razón. Los invito a que conozcan la vida de Guy Montag y la sociedad en la que vive. Es una historia que nos acerca al futuro (o tal vez sea un mundo paralelo y contemporáneo al nuestro). En mi opinión, es un futuro que deja un fuerte sabor a presente. Si se interesan por conocer como viviría una sociedad tecnificada en donde la industria del entretenimiento es un artículo de primera necesidad, entonces tienen que leer esta novela. En esta sociedad como en la nuestra, la ley natural de “sacar el máximo provecho con el mínimo de esfuerzo”, es llevada a su cúspide más alta. Me pregunto ¿Será cierto que el único camino a la felicidad es la ignorancia? Los que piensan que sí se preguntan: ¿Quien vive feliz sabiendo que le queda poco tiempo de vida? ¿Quien vive feliz sabiendo que lo engañan? ¿Quién vive feliz sabiendo que ha sido un tonto o un mediocre? ¿Quien vive feliz sabiendo que no dejará huella en su paso por la vida? ¿Quien vive feliz sabiendo que ha sido utilizado? Siempre habrá personas infelices que nos muevan el tapete con advertencias melodramáticas que dizque porque han visto u oído algo, que porque tienen información privilegiada, que dizque esto, que dizque lo otro; entonces nuestra primera reacción será ignorarlas, injuriarlas o juzgarlas. Una cosa es cierta, en muchas ocasiones la verdad indigesta y lo primero que hacemos es ignorarla. Entonces ¿que caso tiene andar incomodando a la gente que es feliz con lo que sabe y con lo que tiene? Personalmente me niego a creer en esta simplicidad aunque todo parezca indicar que es lo más común. Prefiero seguir siendo un infeliz y continuar con mi afán de hacer infelices a los que quiero aunque parezca un completo orate.

viernes, enero 26, 2007

Días lluviosos

Desde hace como 15 días no ha dejado de llover por estos lugares. La lluvia no es intensa, aunque si frecuente. Hay días que no deja de caer agua día y noche. Para aquellas personas que viven en zonas bajas esto no es bueno. Esta gente es la primera en padecer los efectos negativos de habitar en una zona tropical. En lo personal, he disfrutado el ambiente fresco dejado por los chisguetes que sueltan las vejigas de Chac y Tláloc que flotan hinchadas en las entrañas de Itzamná por tanto pulque libado. Gozo cada día contemplando el creciente espejo de agua en el que se miran las garzas y que sirve también de aparador a una gran cantidad de especies emplumadas que aprovechan la oportunidad fugaz de exhibirse alegres. Cuando la lluvia nos da un respiro (tal vez Chac esta enfermo de la próstata), los colores de la naturaleza se miran más intensos, más nítidos, como si el agua hubiera lavado las impurezas que flotaban en el aire haciéndolas retornar otra vez a la tierra. Los lugareños salen con su cordel y anzuelo a atrapar aquellos peces que arrebatados nadan en su nueva y enorme pecera que hierve de vida por sus nuevos inquilinos voladores y rastreros. Contrario al gusto de Gladis que pelea en todo momento con la humedad y el “frío” y que no sale ni a la esquina sin su inseparable paraguas; yo me siento vivo con la brisa y el viento azotándome la cara y duermo tan tranquilo como pocas veces en el año. El ruido que el viento produce en las noches al pasar entre las hojas de los árboles, junto con el leve golpeteo que las gotas genera al chocar contra los ventanales de la casa, hacen que entre en un estado de relajación que me lleva casi de inmediato a un sueño profundo. Esto me ayuda a empezar el día siguiente con un ánimo renovado. Espero que este clima continúe unos días más antes de que lleguen los días de calor rabioso que hace que se le sequen a uno hasta las ideas.

domingo, enero 14, 2007

La vida de un peón en una hacienda del sureste

En el año de 1960, el Sr. GGC vivía con su familia bajo la tutela de su patrón RGH dueño de vidas y destinos de todo ser viviente que transitaban dentro del perímetro de su propiedad. La hacienda, ubicada en algún lugar del Panuco Veracruz, era como cualquier otra de aquél México prerrevolucionario que aún se niega a morir; con una gran extensión de buena tierra, sus planicies tapizadas de la mejor vegetación y un sinnúmero de cabezas del mejor ganado rumiando entre los altos y tupidos pastizales. En aquel lugar agraciado por las manos de Dios al dotarlo de abundante agua, las jornadas empezaban cuando aún el sol no había salido, y terminaban solo cuando el sol ya se había puesto. No había circulación de dinero entre los trabajadores. Aunque todos ellos, incluido GGC, tenían salario en pago a sus largas jornadas laborales en el campo, este solo les alcanzaba para pagar lo que el patrón “humanitariamente” les había fiado con anterioridad en su tienda de raya. Esto es, el patrón veladamente les pagaba en especie. A veces fiándoles más de lo que podían pagar para tenerlos siempre dependientes de su “ayuda desinteresada”. De este modo transcurría la vida de GGC y su familia. Trabajando y siempre pagando deudas (nada distinto a los asalariados de hoy día por cierto). Algunas anécdotas de GGC revelan los métodos que su patrón utilizaba para hacerse más rico. Entre estas, las más significativas tienen que ver con la afición que tenía por las peleas de gallo. Cuenta GGC que su patrón daba a cada uno de sus peones (a los de mayor confianza supongo), entre ellos a él, un morral lleno de dinero que ellos se terciaban a la usanza de los chocos. Entonces les ordenaba que lo apostaran todo en contra de su gallo. Claro, su gallo siempre perdía y él responsablemente pagaba su apuesta. En cambio, sus peones regresaban a la hacienda, con aquel morral rebozado de dinero. En otra ocasión, relata, la apuesta ascendió a mil cabezas de ganado (¡con la particularidad de que todos los animales deberían ser blancos!), y la hizo nada menos que con el gobernador de San Luis Potosí (No sé si en esta anécdota el Sr. GGC exagere un poquito). Al gobernador le dolió perder (¡a quien no!) y se armó una escaramuza entre ambos bandos que se calmó solo hasta que el político aceptó el pago de la apuesta. La tranquilidad terminó para el Sr. GGC cuando las concupiscencias de su patrón tuvieron como blanco la humanidad de su bonita esposa. Con todo, toleró y toreó la situación lo mejor que pudo durante un largo tiempo más. La situación se le hizo insostenible a GGC cuando al patrón se le empezaron a acalambrar las neuronas con la testosterona que le producía a raudales ahora, la presencia de una de sus hijas. El patrón, sabedor de su poder y de la gratitud que él creía le debía aquel humilde peón, además de considerarlo de su propiedad junto con todo lo que había en su corral, le soltó de sopetón la siguiente petición, que por su puesto al Sr. GGC le pareció una orden –quiero a tu hija! GGC ya no esperó más. Consiente del peligro que se cernía sobre él y su familia después de su negativa a satisfacer aquellos bajos instintos de su patrón, abandonó aquella hacienda que tenía como único sustento, en donde antes que él, su papá había dejado su vida. Salió huyendo con sus pocas pertenencias hacia un destino incierto, desconocido, solo con sus manos como inversión.

domingo, enero 07, 2007

De vuelta a la escuela

Ayer fuimos a Reforma casi a las 12 p.m. con el fin de que Pedro se despidiera de sus abuelitos. La razón de esta visita tan a deshora se la debemos nada menos que a Pedro. Llegó después de las 11 p.m. de la casa de su novia. Fue una larga despedida teniendo en cuenta que salió de nuestra casa como a las 6 de la tarde. Con vergüenza y todo, fuimos a despertar a don Lucio y a doña Maty casi ya de madrugada, para que Pedro pudiera despedirse. Como dice Gladis, llegamos como “don sapo”, nos abrieron y nos instalamos cómodamente en la sala a platicar como si el sol estuviera en pleno cenit. Ya esponjados en el mullido sillón, don Lucio no tuvo opción y sacó plática para espantar el sueño que aún le tenía apergolladas las pestañas. Le preguntó a doña Maty que si le gustó “la casita” que recién compró en el panteón (seguro que su reciente operación le hizo tomar esta decisión). Naditita –contestó rápidamente doña Maty. Hubiera estado de acuerdo si esa casita estuviera ubicada a un lado del palacio municipal, no allá donde la compraste!
Antes en Reforma sabíamos que había un muertito cuando escuchábamos martillar madera en la noche –comentó doña Maty. ¿Se oía claritito el golpeteo verdad Lucio? Fue entonces que salió a relucir el nombre de Leonardo Vasconcelos, don “Leoncito” como le decían los que lo conocían según adelantó don Lucio. Este señor era muy precavido y le gustaba estar preparado para cuando lo visitara el hombre de la guadaña. Así, un día tomó la iniciativa de mandar hacer su féretro nada menos que con el especialista del pueblo. De caoba o cedro para descansar a gusto. Quería su última morada bien hecha y con cierto lujo, pero sobre todo, que se notara y se sintiera el confort. De ahí surgió la necesidad de visitar frecuentemente al artesano, para supervisar y probar su última cama. Para esto, se metía a la caja, se acomodaba, se movía para un lado y para el otro, absolutamente concentrado para notar cualquier superficie áspera o algún borde incómodo que pudiera interrumpir su sueño eterno. Rebájele un poco a la altura de la cadera –decía con gravedad después de cierto tiempo. Ya terminado el trabajo, se lo llevaba a su casa en donde era colocado en el tapanco en espera de la llegara del día final. Pero ese día no llegaba para don Leoncito. Entonces el artesano, con el paso de los meses, y para evitarse el estrés de la siguiente entrega (los demás vecinos no eran tan precavidos como don Leoncito), empezó a pedirle prestada su caja para aquellos que se iban muriendo antes que él. Si, como no –contestaba el bueno de don Leoncito, convencido de que el artesano iba a poner más empeño en su próximo trabajo. Y cada que le hacían su nueva caja en pago de la anterior, se oía a don Leoncito decir. Quítele aquí, pórgale allá, púlale aquí, y así hasta que el viejito se acostaba cómodo sin chipote que lo molestara. Don Lucio perdió la cuenta de cuantas veces se repitió este proceso con el artesano, y don Leoncito nada que se moría. Por fin, llegó el día. Don Leoncito colgó los huaraches (no creo que hubiera tenis por ese entonces). Y que creen? No había caja para don Leoncito. Así que se vio obligado a ocupar su última morada sin haberla “probado”. Pobre don Leoncito, tan precavido.
Hoy dejamos a Pedro en el aeropuerto. Su vuelo salía a las 8:40 a.m. y llegamos a las 7:50 con la finalidad de que documentara con calma. De poco sirvió la anticipación. Había una fila larga, todos esperando documentar en el mismo vuelo de Pedro (aeromexico). Esperamos alrededor de 30 minutos para que empezara a avanzar la fila. Hasta ahí llegó la novia de Pedro para despedirlo. Aprovecharon el tiempo de espera para tomarse algunas fotos. Llegó la hora de las despedidas y se precipitaron las lágrimas y los pucheros. Pasamos a un lado de Arturo Núñez, el dolor de costado de López Obrador en los debates del año pasado. Se le veía tranquilo, por su semblante, es seguro que aún le quedan unos años más viviendo de los impuestos que ávidamente nos retiene nuestro honorable gobierno. Iba acompañado de una mujer más o menos de su edad, supongo que es su esposa por lo coloquial del trato entre ellos.

sábado, enero 06, 2007

Iniciando el 2007

Estoy viendo en la TV “lo mejor del año” del súper show de la kolorina. Programa musical realizado en un estudio de Guadalajara y que promueve ante todo la música de banda. Los instrumentos predominantes son de viento como la tuba, trompetas, trombones, clarinetes, acompañados de percusiones (tarolas). Mientras lo veo, caigo en la cuenta del enorme impulso que ha tomado este género de música entre sus habitantes. Estoy disfrutando de un pedazo de rosca acompañado de un humeante y aromático chocolate mientras escucho a la banda “el salitre” interpretando lo que parece ser uno de sus grandes éxitos: guanatos cumbia. Me gusta ver sobre todo los simpatiquísimos movimientos del “pasito duranguense” que conozco gracias a Jeny. Este baile de plano se me hace harto difícil. Es como si la mente se desentendiera de lo que hacen brazos, manos y tronco, y estos a su vez, tomaran el control de lo que cabeza y pies deben hacer (casi nada por cierto). Los movimientos se me hacen algo así como una enfermedad de parkinson magnificada combinado con movimientos de epilepsia controlada, produciendo todo esto una especie de encantamiento en el espectador. Casi engullo a Gladis cuando le cambió a la TV y me sacó del estado hipnótico en el que me encontraba y al que me habían llevado la música, el baile y guanatos. Bueno, ya me voy a la cama a esperar a los Reyes Magos Melchor, Gaspar y Baltazar. A ver si no los sueño bailando el pasito duranguense!

lunes, enero 01, 2007

La despedida

Hoy despedimos a mi hermana Toña. Me complace que haya estado 2 años con nosotros, desde el 25 de diciembre de 2006 hasta el 1 de enero del 2007. Nos ayudó a pasar unos días diferentes a los que estamos acostumbrados. En su compañía recorrimos sitios ya conocidos por nosotros pero que siempre continuaremos maravillándonos como la primera vez. A ella le sucedió lo que nos sucede a todos cuando hacemos algo por primera vez: nos sorprendemos y adquirimos nuevas experiencias que nos maravillan y fortalecen. Por ejemplo, cuando viajamos en avión, nos sometemos al rito de iniciación con el que la tripulación recibe a los pasajeros al comienzo de cada vuelo diciendo: ante una eventual pérdida de presión en cabina, favor de utilizar la mascarilla de oxigeno más cercana de esta manera (y empieza la demostración), si trae niños pequeños colóquesela usted primero y luego a los niños; abróchese el cinturón de seguridad de esta forma y desabróchelo de esta otra; las salidas de emergencia se encuentran aquí y allá. Luego viene el despegue en el que todos tratamos de hacer o pensar en algo que nos aleje de los pensamientos pesimistas que lo hacen a uno imaginar al avión convertido en una bola de fuego rodando por la pista en medio del ulular de las ambulancias y de los camiones de bomberos. Minutos después que el avión toma altura y deja su inclinación inicial de despegue, toma su posición horizontal hasta que el proceso se repite en forma inversa a la hora de aterrizar. Durante el vuelo, las azafatas inician el segundo ritual que consiste en transportar su carrito lleno de bebidas y bocadillos (generalmente galletas o cacahuates) para ofrecerla a los pasajeros. Es después del aterrizaje que da inicio el estrés del viajero primerizo. El aeropuerto internacional de la ciudad de México engulle como depredador voraz a los visitantes ocasionales. Uno ve con inédito sentimiento, aquel hervidero de bípedos que dentro del caos imperante saben a donde van (mientras que uno no), y eso hace que el pánico nos llene de angustia hasta derramarnos, que nuestras neuronas hagan corto, que el pulso se nos acelere. Así como don Quijote veía un enemigo en cada molino, nosotros vemos en cada viajero una bestia con largos colmillos, hocico babeante y mirada de fuego. Entra uno en una especie de síndrome del niño perdido. Empieza uno buscando con desesperación cosas que necesita y que ya cree perdidas, y sucede que por el nerviosismo uno las busca en donde nunca las pone. Este nerviosismo hace que hagamos movimientos bruscos que rompen cierres, rasgan bolsas, desprenden botones, trayendo como consecuencia un reguero de artículos a lo largo del pasillo. De pronto nos vemos a gatas nadando en un mar de piernas, peleando con todo tipo de zapatos, tratando de recuperar nuestras humildes y pisoteadas pertenencias. Al mismo tiempo pasan por nuestra cabeza sentencias tales como: ¿Quién te manda? ¿A que vas? ¿Por qué no haces caso? ¿Cómo pudiste?, etc., etc. De pronto, uno cae en la cuenta de que solo dispone de escasos 15 minutos para encontrar el lugar en el que se abordará el maldito avión de la conexión. A continuación, uno se ve corriendo, casi volando, por esos pasillos sin principio ni final, con artículos a granel en la diestra y otro tanto en la siniestra y con una bolsa sujetada con los dientes. Así las cosas, y para rematar, escuchamos por el altavoz nuestro nombre invitándonos a abordar nuestro avión en la sala X ¡ya próximo a salir!. Solo espero que a mi hermana no le pase nada de esto en su regreso.
Su estadía en Chiapas y Tabasco dejó anécdotas, coma la que le sucedió en las cascadas de agua azula.
¡Mira hermano, que hermosa se ve el agua! –expresó Toña al mirar un arroyito apacible que se desprendía del caudal principal entre arbustos perennes y platanales. Solo íbamos Ale, ella y yo. Si, muy cristalina, y también muy fría –respondí. Tócala y verás. Sin decir más, se dirigió al margen de la corriente con su mano en forma de cazuelita y se la llevó a la boca. Oh, si que es fría, y también saladita –comentó. ¿Te la bebiste? Si, pensé que era dulcecita como en el rancho. Minutos después salió a relucir el hecho con Gladis. Esta, a manera de anécdota y con toda inocencia, le comentó a Toña que aguas arriba los gringos y europeos gustan de bañarse encuerados (existe un campo nudista). Le vienen a uno a la memoria, esos gringos mochileros, sudados de caminar y oreados infinidad de veces, pasan por nuestra cabeza imágenes de rastas que no se bañan por no desbaratar sus búcles llenos de hilos y de borra de cobija. Entonces todos soltamos la carcajada. Al fin que ella es partidaria de la orino terapia –pensé a manera de consuelo.
Por otro lado, Toña les contó a mis hijos de mi renuencia a tocar guitarra cuando cualquiera de mis hermanos me lo solicitaba. La única oportunidad que teníamos de escuchar a su papá tocar guitarra era de contrabando, a escondidas –les decía. Cuando alguien de nosotros se atrevía a solicitarle que tocara para nosotros, volteaba con cara de fuchi emitiendo un rugido como de león –y acompañaba su dicho con una cara de pocos amigos y un GRRRRRRRRRR y Ale se despatarraba de risa. Después Ale preguntaba en todo momento a Toña: Tía, ¿Cómo le hacía mi papá cuando le pedían que tocara guitarra? –GRRRRRRRR, gruñía Toña con su respectiva cara de fuchi, a esto le seguía un ataque de risa incontrolable de parte de Ale. Realmente disfrutamos de la compañía y plática de mi hermana Toña. Estoy muy agradecido de los días que nos regaló y disfruté personalmente de nuestras largas charlas. Me queda claro que tenemos los mismos ideales e intereses. Aunque tenemos algunas diferencias en las formas, estamos muy de acuerdo en los fondos. Estoy convencido que las diferencias y los desacuerdos, han sido en el pasado, son ahora en el presente, y seguirán siendo en el futuro, el motor del desarrollo individual y social. La diferencia entre matarse por una diferencia o usarla como palanca para encontrar nuevas formas de solventarlas depende solo de nosotros. Es seguro que estamos de acuerdo en que Chimeli perdó vigencia, el hombre ya no es el arquitecto de su propio destino, solo es el albañil, o cuando mucho el “máistro” de obras. ¡Gracias Toña! Abrazos a tus hijos y nietos.

miércoles, diciembre 27, 2006

De vuelta

Por razones de trabajo he tenido este espacio en el olvido. Este año que esta a punto de expirar, fue de muchos sobresaltos. Anduve como saltimbanqui dirigido a placer por quien sabe que mano caprichosa y sin quehacer. He sido arrastrado vertiginosa e inesperadamente a profundos valles, y casi con el mismo impulso, he sido catapultado a lo más alto de sus crestas. Me ha mareado la velocidad con que he visto pasar los hechos, algunos malos y otros peores. Definitivamente fue un año de contrastes: mucho bueno y mucho malo. Al final me estoy sintiendo algo así como equilibrado; perdí mucho, pero también gané mucho. Por mencionar algo bueno, tenemos de visita a mi hermana Toña. Su visita sucedió como todas las cosas predestinadas a suceder de una forma u otra. Su visita no fue planeada, consiguió una muy buena promoción en el transporte, y yo conté con un permiso de trabajo inesperado. Hay situaciones que están predestinadas a suceder, todo se confabula, el mundo entero conspira, lo inimaginable se alinea, y aquel suceso, poco probable hace unos días, aparece ahora de pronto tocando nuestra nariz. Otro cambio al que nos estamos adaptando es a la ausencia de nuestro hijo Pedro, aunque estos días lo tenemos con nosotros. Vino a pasar la navidad y el fin de año a su colonia. Anda de aquí para allá, visitando a sus amigos y a su novia, descansando del acertijo que se le presentó por el cambio de ciudad y de escuela. Por cierto, hoy cumple 18 años y me alegra tenerlo con nosotros, ser testigo de las cosas que se están desarrollando en él. Unas buenas, como su integridad y paciencia para escuchar todas mis letanías sin emitir palabra, ni hacer las consabidas gesticulaciones de desacuerdo tan usadas por personas de su edad, cosa que agradezco y me complace. Otras mejores, como su capacidad de aceptar un NO como repuesta sin sentir que estoy conspirando o siendo injusto con él. Otras excelentes, como su capacidad de transformar sus derrotas en victorias, y su destreza refinada en convertir los comentarios desfavorables (que los hago en ocasiones a propósito) en motor de superación. Otras no tan buenas, como su falta de noción del tiempo, tan relativo para él como lo es para la física de Einstein, y otras de plano nada buenas, como su poca inclinación a la lectura, o su terrible, horrorosa y lamentable caligrafía.

domingo, noviembre 26, 2006

Círculos que se cierran

Hoy me levanté con la noticia de que Raúl Velasco ha muerto. Con Él muere su programa “Siempre en domingo” y su famosa frase “Aún hay Más”, frase que fue acuñada más por necesidad que por ingenio. Inventar una frase para evitar que los televidentes no cambiaran de canal durante los comerciales y que permanecieran cautivos por 5 o 6 horas continuas que duraba su programa era vital. Este programa duró 28 años al aire y terminó en 1998 cuando su conductor enfermó de hepatitis si no mal recuerdo. Mi generación se desarrolló viendo este programa y escuchando las canciones que ahí se cantaban por primera vez. Yo no había terminado mi primaria cuando empezó a salir al aire este programa. Este conductor de TV, querido por algunos y odiado por otros tantos, definitivamente influyó en mucha gente. Influyó sobre todo en los artistas y cantantes de esa época. Él decidía quién sería famoso y quien no. De ese tamaño era el poder que tenía sobre los destinos de la gente. Ahí nacieron cantantes como Luis Miguel, Ricky Martin, Juan Gabriel, Vicente Fernández, Maná, Yuri, Tatiana, Lucero, Flans, Pandora,…y la lista sería interminable. Quien no recuerda o sabe de la India María, personaje que se dio a conocer en este programa persiguiendo siempre a su guerito correlón?, Quien no conoce a Julio Iglesias que usó este programa como plataforma que lo impulsó al lugar en donde esta ahora?. Ese programa establecía modas, creaba necesidades, encausaba gustos, y además entretenía (y congelaba o destruía a los que no se disciplinaban). Las canciones que se dieron a conocer ahí, cuando las escucho ahora, me regresan a aquellas mismas escenas del pasado que viví en el momento en que las escuché. Podrá no gustarme la música, la letra, o la situación vivida, pero invariablemente me trae al presente (o me lleva al pasado) aquel misma pedazo de película, sea esta agradable o no. Así pues, ese ciclo se cierra ahora, de aquí en adelante “ya no habrá más”.

domingo, noviembre 19, 2006

Comida exótica

Hoy comí armadillo. Es una carne que por lo general consumo solo cuando me la invitan. Esta elección obedece a que prefiero ver estos animales vivos, deambulando libres en su hábitat natural. Tengo la esperanza (incauto) de que más personas, además de un servidor, puedan tener el placer de encontrarse con uno de estos animales en su estado natural. Entiendo que mi elección no representa ninguna diferencia en la futura suerte que le espera a las distintas especies comestibles que deambulan aún en estado salvaje en esta tierra. Cada vez se dificulta más encontrarse con iguanas, tortugas, monos, guajolotes salvajes, ya no se diga de animales mayores como venado, puerco de monte o cocodrilo. La razón de esto es la ocupación bípeda cada vez mayor en las áreas selváticas y su particular interés por el consumo de lo exótico. Desafortunadamente entre más escaso es el animal, más codiciado es su consumo o su posesión. Tengo el gusto de ver casi diariamente más de alguna de estas especies de animales. Algunas de ellas, con una gran capacidad de adaptación como negándose aguerridamente a su destino de extinción. Por ejemplo, en el edificio de oficinas en el que actualmente trabajo, existe un canal de agua casi estancada, oxigenado artificialmente a través de unos agitadores motorizados. En ese estanque de agua verdosa viven alegremente y sin que nadie las moleste, unas 50 iguanas de todos tamaños. Estos lagartos milenarios se pasean cómodamente por el área verde de la rivera, trepando a los poquísimos árboles y arbustos existentes. Nadie las alimenta ni tampoco las molesta y comen de los pequeños brotes y hojas de los árboles que a estas alturas lucen ya pelones. Estas iguanas son acompañadas por medio centenar de patos graznadores que nadan majestuosos en ese mismo estanque pantanoso. Este hábitat es de ellos y viven como reyes totalmente fuera del alcance de las personas ajenas a la empresa y que mucho les gustaría verlas en un plato al mojo de ajo.

sábado, noviembre 11, 2006

Cuadrúpedos al volante

La casa en la que vivimos esta ubicada en una zona rural. Esto nos obliga a ser clientes frecuentes de las carreteras para satisfacer la más mínima necesidad. Anteriormente disfrutaba manejar el tramo de 30 minutos que separa mi hogar de Villahermosa Tabasco. Ahora ya no me divierte tanto. La razón es el incremento de neuróticos al volante (o tal vez sea el agotamiento de mi inocencia) circulando con una actitud francamente porcina. Un automóvil dirigido por este tipo de ser antropomorfo es equivalente a un tiranosaurio rex. Si, ese animal instintivo y depredador cuya masa corporal es desproporcionadamente grande en comparación a su masa cerebral. Yo mismo he sido muchas veces hostigado y otras veces víctima de este tipo de energúmenos que piensan que las calles y las carreteras son sus vías y que es obligación de los demás “darles el paso” cuando por desgracia te encuentras adelante de uno de ellos en el camino. Una de las prácticas favoritas de este tipo de entes es evitar la espera en una cola de autos formada por algún accidente o algún trabajo de remozamiento. Su método es evitar la cola circulando por el acotamiento hasta la zona del taponamiento. Ya ahí, “avienta” el auto contra el primero de la fila cerrándole con esto el paso al siguiente. Así cumple su cometido; burlarse de todos los de la fila. Los que respetamos la cola somos para él unos pobres estúpidos que nos gusta perder el tiempo. Ah, y todavía ese animal te enseña los colmillos si le ganas el paso. Si le ganas el paso, esa actitud es suficiente para que uno sea víctima de un “cerrón” criminal más adelante, como una advertencia (o intento de asesinato): Pa’ que aprendas que a mí nadie me hace eso.
Hace unos años fui testigo de una de las peores actitudes de uno de estos depredadores; una señora al volante de un auto compacto iba en compañía de una niña, seguramente su hija. Circulaba por el carril lateral y se tuvo que parar porque le tocó la luz roja del semáforo. Este fue su único error. Digo error porque el carril en que paró había un señalamiento de “continúa con precaución”. Inmediatamente una camioneta que tenía tras ella empezó a usar el claxon de manera violenta. Lógicamente, la señora ya nerviosa con esta agresión directa, no se podía mover para ningún lado. Entonces este animal hizo lo impensable, se acercó al auto compacto hasta hacer contacto con su cajuela (por la diferencia de alturas no lo hizo con la defensa) y la empujó a la fuerza como medio metro hacia adelante. Ya a esta altura, la señora empezó a gritar desesperadamente, y la niña que la acompañaba lloraba a grito abierto asustada por la situación y además por ver el estado desencajado de su madre. Esta actitud de sus víctimas pareció avivar el instinto exterminador del animal y acto seguido se echó de reversa el medio metro que las había remolcado para embestirlas inmediatamente sin miramientos ni contemplaciones. Repitió la misma embestida 2 o 3 veces hasta que la luz verde del semáforo vino en auxilio de aquellas aterradas e inocentes víctimas. En cada envestida, los cuerpos de las infortunadas rebotaba en los respaldos de los asientos impulsándolas luego hacia adelante con violencia como muñecas de trapo. Este demente (como de 40 años) no tiene madre ni familia –pensé con franca cólera e impotencia.
Hoy, fui testigo de la misma escena. ¡Otro animal y otra victima! –pensé mientras caminaba por la banqueta en dirección a mi coche. Solo que esta vez el desenlace fue muy distinto. La escena se desarrolló igual que la anterior. Primero la típica violencia con el claxon y posteriormente el típico “empujón” con la defensa. El depredador estaba tan saturado de violencia y ávido ya de embestir a su presa que no se percató de que tenía a un policía federal de caminos ante su ventanilla. Justicia divina –pensé. La víctima en esta ocasión era nada menos que ¡ese mismo policía federal! que se había bajado de su RAM después de haber "sentido" el empujón del que fue objeto. En esta ocasión los papeles se invirtieron, el depredador paso a ser presa. Entonces subí satisfecho a mi coche esbozando una leve sonrisa de satisfacción por la escena contemplada y por ese desenlace inesperado. Deje atrás al nuevo depredador y a la nueva presa enfrascados en su lucha de poder y de violencia.

lunes, noviembre 06, 2006

Métodos gagsteriles

Es indudable que el extremismo esta echando raíces en México. Escucho en las noticias la explosión de tres bombas en el DF, veo con incredulidad los hechos en el estado de Oaxaca, con asesinatos y todo tipo de confrontaciones. Veo la incapacidad total del gobierno para manejar la situación y fomentar con su ostracismo la anarquía ascendente que vive esa población en la que son rehenes de ambos bandos (maestros y appo) la mayoría de la población. Ya vivimos nosotros mismos una situación igual en Reforma y no se la deseo a nadie. Estoy absolutamente seguro que existen personas que no comulgan con ninguno de los dos bandos y que desean que la tranquilidad retorne para la seguridad de ellos y de sus hijos. Esta parte de la población ¿a quién recurre? ¿Ante quien se queja? ¿A quién le reclaman que sus hijos perdieron el ciclo escolar y echaron un año de sus vidas a la basura? ¿A quien reclaman sus pérdidas económicas los comerciantes o los que viven del turismo? Que injusticia para todos aquellos que trabajan y que no viven especulando por lo que el gobierno les pueda ofrecer (para que se aplaquen) a través de mecanismos que tienen mas de chantaje que de movimiento social. A esta forma de “pedir” le veo más parecido a la antigua forma que tenían los gagsters de “vender” protección (de ellos mismos claro) a todos aquellos pobres y desafortunados comerciantes ubicados en su territorio. Esto es una vil forma de extorsión. ¿Quién parará esto? ¿Cuándo? ¿y a que precio?

jueves, octubre 12, 2006

Un remanso

Por ahora han dejado de dar lata los carros. Después de la reparación del alternador, la hipocondríaca camioneta ha decido regalarnos unos días de calma. Por un tiempo fuimos rehenes de sus achaques, convulsiones, temblores y ataque epilépticos. Recién ahora, nuestra vida familiar ha retomando su curso casi normal alterado desde mediados de julio por una ola de acontecimientos que nos revolcó por espacio de dos meses y que rompió entre arrecifes y acantilados la madrugada del 25 de septiembre. Por otro lado, es probable que comience otra etapa de mi vida profesional la semana entrante. El lunes de esa semana me presentaré en Villahermosa para iniciar mi nueva comisión administrativa que durará por lo pronto lo que resta de este año. No tengo idea del giro que pueda tomar nuestra vida familiar a raíz de esta decisión, lo único cierto es que este lacandón recorrerá diariamente mas kilómetros de carretera. Gladis ya retomó la manejada yendo de aquí para allá como lo hiciera antes de que la atacara ese atolondramiento crónico que le imposibilitó llevar una vida normal alrededor de tres semanas. Pedro y Ale continúan esforzándose por salir de esa espantosa rachita que causó el desplome de sus calificaciones y trajo el desasosiego de un servidor. Espero que hayan entendido la lección: no es suficiente con estudiar un día antes del examen y esperar sacar con ese raquítico esfuerzo buenas calificaciones. Hasta cuando dejaremos de engañarnos de que el éxito es inversamente proporcional al esfuerzo o directamente proporcional al deseo?

domingo, octubre 01, 2006

Hablando de raíces

En la primera mitad del siglo XIX, entre las conmociones que definen los rasgos del México naciente –como escribió Carlos Monsváis –un grupo de indios huicholes llegó a la población de San Cristóbal de la Navidad Jalisco (La Soledad). La razón de esta migración se pierde en las páginas de la historia. Probablemente la causa de su arribo obedeció a la tradición milenaria de celebrar rituales y sacrificios en lugares que tenían por sagrados y que estaban esparcidos en diversos puntos de Nayarit, Jalisco y Zacatecas. Uno de esos centros ceremoniales se encontraba ubicado, si no mal recuerdo, en la periferia de La Soledad –Soleique, como coloquialmente le decíamos sus habitantes –sitio sagrado al que convergían algunas de esas peregrinaciones. Su estancia en los centros ceremoniales era corta, y duraba solo el tiempo suficiente para permitirles hacer los preparativos del ritual, como por ejemplo, cazar el venado que utilizarían en el sacrificio. El grupo de huicholes al que me refiero llegó a esta población probablemente a hacer lo mismo que sus antepasados: cumplir con la devota tradición de comunicarse con sus dioses mediante el trance inducido con peyote. Pero en aquella singular ocasión, hubo una pequeña diferencia; al marcharse, olvidaron un niño –con edad suficiente para recordar posteriormente su nombre –Juan Villa. La razón de esta separación no se sabe con certeza; tal vez a Juan Villa le cansó su tradición y linaje, o bien, todos ellos se cansaron de él. El caso es que se quedó a echar raíces en La Soledad. Quiero pensar que en este lugar lo acogió en su seno una familia mestiza de apellido Conchas (solo especulo). El hecho es que este niño huichol, al llegar a adulto –o quizá antes –desechó su apellido original adoptando en su lugar el apellido Conchas –se ignora el motivo –. Este Juan Conchas renacido y tal vez hasta bautizado, aproximadamente un siglo después, tendría entre su descendencia una tataranieta de nombre Marcos Patrocinio Muñiz Camacho y un biznieto llamado Pedro Conchas Gonzáles; mis padres.

domingo, septiembre 24, 2006

La sombra de la despedida

Veo un cuarto azul sin ventanas lleno de dolores, de lamentos, de suspiros, de rezos, de impotencias, de sufrimientos, de cariños, de te quieros, de ternuras, de melancolías, de encuentros y desencuentros,…. pero sobre todo de adioses (con deseos que fueran hasta luegos). Veo ojos húmedos azotados por una turbulencia de emociones. Veo semblantes pétreos esculpidos por la larga erosión del sufrimiento. Veo cuerpos etéreos atravesados por saetas de desesperanza. Veo almas atormentadas e inmóviles cubiertas con el manto oscuro de la impotencia. Veo espaldas encorvadas como sosteniendo una pesada caga invisible largamente transportada.
Veo también breves lapsos de quietud y de silencio. Veo un remanso….quizá el ojo del huracán.
¡Difícil es despedirse para siempre!.

miércoles, septiembre 13, 2006

Rayos!

En esta ocasión, esta palabra tiene doble significado para mí. El primer significado se lo doy por lo poco afortunado que hemos sido en estos días. El sábado Gladis se llevó la camioneta a Cárdenas Tabasco ocupándola por primera vez desde aquella desafortunada reparación de la transmisión. Ya de regreso, la camioneta se paró cual mula terca y no hubo poder terrenal que la hiciera avanzar un poquito aunque sea para salir del puente en que se quedó. No se si por venganza o desesperación (o ambas), Gladis decidió darle a la camioneta el mismo trato: la dejó tirada en la carretera y se fue a pedir ayuda a Reforma. Lucio y David fueron por ella y le cambiaron la batería después de diagnosticar que con seguridad era eso. La camioneta arrancó como si nada y ahí terminó el asunto. Gladis volvió a ocupar la camioneta hasta hoy y una vez más la dejó tirada (que horror!), ahora en Reforma. Fui a donde me dijo que estaban y encontré solo la camioneta. De ella nada! Me dirigí entonces a la casa de su mamá y nada! Maty chica la llevó tal vez con el mecánico fulanito –me informó Doña Maty. Enfilé entonces con el mecánico fulanito y nada! Yo creo que ya hasta esta echando mecánica don fulanito –pensé. Llegué otra vez a donde estaba la camioneta y nada!. Ni Gladis ni el mecánico fulanito. Mientras refunfuñaba mi desgracia, vi pasar una camioneta como la de Maty chica. Si fueran ellas me habrían visto cundo pasaron por aquí –pensé inocentemente. Esperé un rato más en el lugar (yo no traía celular). Ya medio inquieto decidí ir otra vez a la casa de su mamá. Ahí la encontré platicando sin trazas de acordarse de la camioneta. Creo que las vi pasar –dije. Si, Maty y Yo fuimos a comprar pollo –dijo. Tienes la póliza del seguro –le interrogué. No, supongo que ha de estar en la camioneta –contestó. Y nos fuimos de regreso otra vez a donde estaba la susodicha mula blanca patas de hule. Encontré la póliza del 2004 y del 2005 en la guantera pero nada de la póliza del 2006. Con seguridad esta en la casa –me comentó Gladis con un tono tranquilizador. Tal vez no la pusimos en la guantera porque te la dieron cuando estaba en el taller por lo de la transmisión y también por las carreras del viaje a GDL –se apresuró a decir. Cansados ya de tanta zancadilla de la suerte, nos fuimos a la colonia con toda la celeridad de que es capaz Gladis (poquito más rápida que una tortuga pochitoque). Ya con la póliza correspondiente, llamé a la grúa para que se llevara a la agencia de una vez a tan enfermiza troca (¿será cierto eso de que todo se parece a su dueño?). Necesito saber la dirección exacta en donde se encuentra el vehículo para enviarle la grúa –me informó la operadora al otro extremo de la línea. En que dirección está la camioneta? –pregunté urgido a Gladis. No sé –me responde. Madre mía, ayúdame con este trago! –pensé. Me vi en la necesidad de colgar porque nunca supimos el nombre de las calles. Gladis aprovechó el teléfono para llamar a la dueña de la tortillería de enfrente y nada, al empleado de la tortillería y nada. Por fin consiguió unos nombres de calles tan dudosos para nosotros como los resultados de las elecciones presidenciales para muchos mexicanos. Y ahí voy one more time a Reforma casi con la certeza de que la grúa se iba a perder en las calles intrincadas de ese pueblito de mi esposa. Y que creen? A un cuarto del camino ya recorrido se me vino a la memoria que no traía las llaves de la camioneta. Por enésima vez voy de regreso (por llaves y celular). Ya en Reforma esperé la grúa casi una hora y media y nada. Ya desesperado, me subí a la camioneta y encendí el switch y aleluya ¡encendió! Voy a dejarla con la mamá de Gladis –pensé. Antes de que se le ocurra fallar otra vez. Ni bien me estaba estacionando bonito en casa de mi suegra cuando suena el celular. Era Gladis informándome que José su hermano rescató la grúa de la perdición y le dijo santo y seña de la ubicación. Santo Dios! –exclamé. Trágame tierra!. Otra vez de regreso, y otra vez a carrerear. La camioneta llegó tosiendo, jaloneándose y con todos los focos de alarma encendidos a donde ya nos esperaba la grúa. Por último, con la pura inercia me estacioné. Por fin, la mula descansa en la agencia. El otro significado de la palabra me viene a la mente porque en este momento hay unos relámpagos acompañados por truenos que encandilan y ensordecen. De lo fuerte que llueve, creo que no tardarán en caer mojarras y pejelagartos de este cielo tan encapotado. Los perros (niño y patón) están muy inquietos ¡le temen a los rayos!, son unos berijones como diría mi mamá. Por mi parte no quiero ni levantarme de este mi sillón por temor a que algo más suceda antes de que termine este día tan desdichado. Solo falta un bonito corolario para este hermoso día de sobresaltos,…y acaba de suceder: se fue la luz.

sábado, septiembre 09, 2006

Cosas que pasan

Esta semana recibí dos propuestas de trabajo. Una de ellas me obligaría a radicar permanentemente en el DF y la otra, menos radical, se trata de trabajar temporalmente a nivel corporativo en Villahermosa Tabasco. Me estoy inclinando seriamente por la segunda. Aunque es un proyecto temporal, representa un cambio menos drástico para la familia que ya ha tenido muchos últimamente. Un ejemplo del efecto de estos cambios, lo noté en el trayecto de regreso a casa después de que Gladis y Ale fueron a recogerme a Villahermosa después de mi estancia en GDL. Ale empozó a llorar espontáneamente.
Que te pasa Ale –preguntó su mamá
¡Es que éramos cinco! –Respondió emotivamente cayendo en la cuenta de que ahora solo íbamos tres en el auto.
Ambos guardamos silencio momentáneamente tratando de asimilar su respuesta y entender su consiguiente estado de ánimo (y el nuestro).
Seguimos siendo cinco –Agregué. Para esto, Ale ya había contagiado la lágrima a su mamá.
Soñé el otro día que me veía poniendo tres platos en la mesa para el desayuno –Comentó Gladis rememorando con esto aquellos días en que nuestros tres hijos iban a la escuela.
-Le decía a Kory que se apresurara porque el transporte escolar ya no tardaría.
Estamos en esa transición otra vez, en la que se deja atrás una condición conocida y se entra a otra desconocida. Tomará algún tiempo para que las cosas tomen nuevamente su curso en nuestra casa. Lo que no ha cambiado, es la mala salud de Gladis. Ahora la encontré con síntomas de mareo agudo al grado de necesitar las paredes para sostenerse y caminar. Parece ser que esta borrachera se debe a una infección en el oído según le informó el médico.

miércoles, septiembre 06, 2006

De vuelta

Debido al deterioro de salud de mi padre, me vi en la necesidad de regresar a la ciudad de Guadalajara una semana después de haber regresado a Reforma de nuestra anterior visita. Esta vez regrese solo y hoy cumplo ya mas de 15 dias de estancia en esta perla tapatía disfrutando de la conversación de mis hermanos que cada noche se reúnen en la casa paterna con el fin de reconfortarle los dias al patriarca. Mañana regreso a Reforma a reanudar mis actividades. Hoy Vere (la esposa de mi hermano mayor Gregorio) y Yola, se dieron a la tarea de hacer carne asada. Yo me ofrecí a prender el carbón supervisado por Yola. Después de un momento (lo que dura un estornudo), viendo que yo requería periódico y alcohol para continuar con mi tarea, intervino diciendo: Déjame hermano, tu sabes prender el carbón urbano, yo se prender el carbón de rancho. Tomó una astilla de ocote y la encendió. A continuación le hizo “casita” con trozos de carbón y esperó orgullosa la fogata para que después la mirara este aprendiz de piromaniaco. Solo humo salió de aquel montón de carbón. Después de este fallido intento, entré en acción nuevamente ya preparado de antemano con todas mis herramientas. Ya con la flama en acción, a Cristian (hijo de mi hermana Josefina) se le ocurrió decir –tío, porque algunas personas le agregan sal al carbón?. No terminaba aún de pensar en el posible efecto físico culpable de aquella singular creencia cuando vi a Yola con un puño de sal granulada que sin miramientos esparcía ya en aquella débil flama que ya se batía desesperada urgida de oxigeno. Paso lo inevitable. Aquel “cerro” de sal limitó inmediatamente el poco oxigeno del que se nutría aquella endeble flama asustadiza. Me retiré de inmediato para no contemplar aquel artero flamicidio y con el firme propósito también de rehacer la próxima estrategia que hiciera posible interponer una separación considerable entre el asador y Yola. El próximo intento de encender aquél “cabrón” (favor de intercambiar la “b” por la “r” en esta última palabra) debería ser ineludiblemente exitoso, de otro modo esta comida tan ansiada se iba a convertir en una apremiante cena. Gracias a la intervención de muchos de los presentes que motivados por el hambre optaron por entretener a Yola (como aquellas personas que distraen a un niño con un dulce alejándolo cada vez que se le acerca). ¡Eureka!, ¡Aleluya! Eran los gritos de jubilo que nos vimos impulsados a exteriorizar pero que estoicamente aguantamos para no hacer sentir mas mal a mi hermanita que en ese momento tan dulce e inocentemente corría detrás de aquellos dulces prometidos. Ya encendido el carbón, todos estuvimos a la expectativa de otra posible ocurrencia que diera al traste con aquella flama vigorosa que tanto trabajo representó para todos los expectantes, hambrientos y desesperados comensales.

viernes, septiembre 01, 2006

Equilibrio

Decir “si” a veces suma, pero también a veces resta
Decir “no” a veces ayuda, pero a veces perjudica
“Participar” a veces multiplica, pero también a veces divide
Mantenerse al “margen” a veces da, pero también a veces quita

Mario Benedetti escribió “La vida es un azar, que tentación echar una botella al mar”
Tomar una decisión es como echar una botella al mar. Nunca estaremos totalmente seguros de cual será su resultado.
Lo cierto es que no podemos vivir en una misma posición:
Ni siempre diciendo “si”, ni siempre diciendo “no”
Ni siempre “participando”, ni siempre manteniéndonos al “margen”

Si siempre recibimos, es seguro que siempre a alguien le quitamos
Si siempre damos, es seguro que siempre de alguien recibimos
Si siempre nos beneficiamos, habrá siempre alguien que se esta perjudicando
Si siempre trabajamos, habrá siempre alguien descansando
Si siempre estamos cómodos, habrá siempre alguien que se sienta muy incomodo
Si buscamos con afán el equilibrio, ayudamos a otros a vivir en equilibrio. Lo complicado es que solemos tener un centro de gravedad variable y muy escurridizo. En no pocas ocasiones, yo mismo lo he perdido.

viernes, agosto 25, 2006

El tianguis

Hoy fui al tianguis con Yola. Aquí se encuentra de todo, desde una muñeca tuerta y calva hasta un libro de William Faulkner. Caminamos entre las conversaciones cotidianas de vendedores y compradores: ¿Cuánto vale esa cámara de video? –preguntó un posible cliente a una joven de edad indefinible que atendía un diminuto montón de artículos usados. 800 –responde.
-¿Sirve?
-Solo le hace falta la batería.Era evidente que el estado de la cámara no correspondía en absoluto con el halagador diagnóstico de la muchacha. La cámara tenía huecos por todas partes, señal inequívoca de que esos hoyos sirvieron de alojamiento en alguna época remota a los indispensables botones de control. El inocente y crédulo comprador atinó a decir –pero, ¿y estos agujeros?. No esperé el desenlace de esta transacción. Continué mi camino algo intrigado pensando si este comprador realmente esperaba encontrar un artículo de esta naturaleza en buen estado, en ese precio, y que además ¡funcionara! o si tal vez se trataba de un estudiante avanzado de electrónica tratando de conseguir refacciones para reparar su propia cámara de video. Continuamos el camino sumidos en el incesante murmullo de la gente hasta que llamó mi atención un libro huérfano ubicado entre algunos hilachos deslavados cuyo título en letras de oro y fondo azul titilaba bajo los rayos del sol. Era una edición de 1982 de la novela “santuario” de William Faulkner impresa en España y bellamente empastada. ¿Cuánto cuesta? –pregunto. 12 -contesta una señora bajita de aproximadamente 60 años. Yola le extendió el dinero y ella puso en sus manos el libro. Mas adelante encontré entre novelas de jazmín y de Mariana Vargas, un libro de álgebra que pude comprar en 10. Yola compró un banco (para sentarse) en 20 que Juan su esposo anduvo cargando estoicamente hasta llegar a la casa.

jueves, agosto 17, 2006

Estrenando escuela

Al igual que Pedro, Ale esta estrenando escuela. Después de mucho estira y afloja, decidió por fin continuar en el mismo colegio en el que estuvo Pedro. La razón del cambio fue por que su anterior colegio no incluyó el bloque administrativo que ella quería. Los temores más grandes que Ale tenía para cambiar de colegio eran dos; dejar a sus compañeros actuales y a no adaptarse a los nuevos. Solo un día le bastó para desechar sus temores. Según nos contó la recibieron muy bien. Todos los compañeros se presentaron con los nuevos alumnos y esto le dejó una grata impresión. Me quedó la sensación de que la transición no fue lo incomoda que ella había imaginado. Lo que me preocupa ahora, es el ambiente relajado que impera en su salón, según se desprende de sus propios comentarios. Espero que no se adapte a esto y se mantenga a una distancia prudente de este movimiento. Por otro lado, Pedro nos contó sus planes. Continuará practicando Voli, deporte que ya había iniciado en el bachillerato. Además nos comentó de su plan de aprender a tocar violín. Particularmente, siempre había tratado de interesar a mis hijos por la práctica de algún instrumento musical, cosa que no había logrado con ninguno de ellos. Estoy totalmente convencido de que la lectura de la música ayuda a la mente a pensar rápido y por anticipado (igual que el juego de ajedrez), además de ayudar al ejecutante a desprenderse del estrés acumulado por los problemas cotidianos. Pedro tiene la ventaja de tener unas manos que serían la envidia de cualquier músico de cuerdas o de teclados (dedos esbeltos y largos). Ojalá se decida, y si lo hace, espero que pueda mantener el interés lo suficiente como para pasar la primera etapa de aprendizaje que por lo regular es la mas tediosa y en la que se quedan los músicos marca patito.

lunes, agosto 14, 2006

En el bosque.

Estando en GDL fuimos una vez mas a Mazamitla por invitación de mi hermano Guy. Fue grato estar una vez más en contacto directo con la naturaleza. Esta vez pasamos dos noches y un día disfrutando el aire fresco y limpio del bosque. Disfruté de las mañanas neblinosas y del susurro hermoso que el viento producía al pasar por el dosel de agujas formado en la copa de los robustos pinos. Me reconforté en las noches con el crepitar de la leña resinosa ardiendo en la chimenea mientras me arrellanaba en el sofá entre cobertores y almohadas. Me relajó recorrer los caminos empedrados y estrechos que serpenteaban entre pendientes pronunciadas amurallados casi siempre por cabañas rústicas o enormes pinos impregnados de rocío. Escuché con frecuencia el murmullo de algún riachuelo despistado al recorrer su trayecto irregular bañando con su cristalina sustancia las rocas musgosas de su camino. Pude observar la gruesa alfombra natural del bosque formada de hojas, ramas, agujas y piñas de pino que invitaban al paseante a recorrerla. Me fue posible observar a las ardillas juguetear con gracia y saltar de un pino a otro por los puentes formados por las ramas esbeltas entrecruzadas en lo alto de las copas. Disfruté de los amplios jardines ricos en plantas de ornato colmadas de flores de vivos colores que contrastaban siempre con la carpeta verde que formaba el pasto tupido y magníficamente recortado. Gladis se quejó un poco de lo frío del agua, pero a excepción de esto disfrutó igual de la tranquilidad y la paz que transmitía el lugar. Ale se divirtió de lo lindo en compañía de primas y primos sin resentir para nada el cambio brusco de temperatura. Pedro por su parte, seguramente tratando de habituarse a su futura condición de exiliado, lo observé algo retraído. Nos dimos una vuelta nocturna por la plaza en la que casualmente se rendía homenaje al patrono del pueblo. Aquello estaba abarrotado de personas. La mayoría de ellas vistiendo sus mejores trapos, daban vuelta alrededor del quiosco en el que una orquesta tocaba instrumentos de viento, interpretando claro esta, música de banda. Otro grupo de personas se reunía en torno a los juegos mecánicos disputándose entre si un lugar para sus hijos mientras que otros se enfrascaban en la compra-venta de todo tipo de productos característicos de las originales verbenas populares. Pude observar en un rincón de la plaza los últimos toques que los artífices de los fuegos artificiales hacían al típico “castillo” que tenían programado encender a las 12 p.m. Dejamos la plaza antes de las 12 p.m. con el firme propósito de dormir temprano y estar en GDL a las 8 a.m. del día siguiente para que Tania alcanzara a llegar a sus clases.

viernes, agosto 11, 2006

¿Por que leer literatura?

Personalmente, cuando tengo la necesidad de hacer una crítica, emitir una opinión o elegir una opción, por lo general recurro a la fuente inagotable de la literatura. Un escritor se vale de la prosa o de la poesía para desahogar sus problemas existenciales, comunicar su interpretación de la vida o explicar los sucesos que le tocaron vivir desde su perspectiva, estilo, y muy particular punto de vista. Todo esto bajo el disfraz de un cuento, de una novela, de una crónica, de un ensayo, de una fábula o de una poesía. Lo que escribe y transmite un escritor esta impregnado por sus vivencias y el alcance de su obra esta acotado solo por su propia censura a diferencia de los que escriben en periódicos, revistas, televisión, radio o artículos de opinión en donde tienen que ajustarse además a “determinadas” reglas impuestas por los patrones y sus intereses. Aunque es cierto que existen muchos escritores que alquilan su pluma para hacer propaganda sobre pedido en medios masivos de comunicación, hay otros que lo hacen por ser el único medio que tienen de subsistir. Esto se debe a que los mexicanos no acostumbramos comprar su producto “independiente” (sin censura): El libro de literatura. La persona que compra un libro de literatura con la intención de leerlo solo como pasatiempo (como se lee una tira cómica, un hecho histórico, una novela de amor o una de vaqueros), esta iniciando un proceso que lo llevará a ser uno mas de tantos lectores decepcionados que no comprenderán lo leído. Introducirse en la prosa de la literatura no es cosa fácil cuando se hace por primera vez. Exige de nosotros paciencia, concentración, capacidad para asociar ideas, dominio del lenguaje, imaginación y sobre todo una gran disposición para pensar e investigar. Otra cosa importante es leer la mayor cantidad de autores (nacionales y extranjeros) posibles. Esto evitará saturarse con una sola ideología y un solo estilo de comunicar ideas. Si se lee siempre un mismo autor o una misma corriente ideológica es más fácil caer en el fundamentalismo excluyendo toda oportunidad de conocer los hechos desde otras perspectivas y otros diferentes estilos. El escritor hace una crónica de un suceso como un fotógrafo hace una película de una boda. Un fotógrafo filmará solo aquellos sucesos que le parecerán importantes y dignos de preservar (desde su punto de vista). Es más, si se contrata a dos o más fotógrafos, cada uno filmará cosas bien distintas. Uno tal vez se interese por las ocurrencias de los invitados. Otro tal vez prefiera las discusiones de los borrachos. Otro tal vez se incline por la solemnidad de los familiares. Viéndolas separadamente, ninguna de las películas mostrará lo mismo que las otras y no por eso una será más verdadera que las demás. Indudablemente verlas todas nos acercará mejor a la realidad. Nada nos conducirá mejor a la verdad de un acontecimiento que la literatura porque es el resultado del pensamiento libre de un autor que escapa a menudo a la tijera voraz de los editores –Al cabo nadie lee y si se hace pocos entienden –piensan. Muchos escritores usan la literatura para mostrar las “señales” que antecedieron a los problemas del pasado no tanto para evitarlos en el presente sino para preparar al lector para que los reciba de la mejor manera posible ya que estos siempre se repetirán. Ni modo, así es la humanidad: crédula en su mayoría, de memoria volátil y con una disposición obsesiva para volver sobre sus pasos.

miércoles, agosto 09, 2006

En Guadalajara

Salimos de Reforma 4 personas el domingo 23 de julio y regresamos solo 3 el lunes 7 de agosto. Pedro se quedo a estudiar la universidad en este lugar. Lo dejamos en casa de mi hermana Yola. Fue difícil la despedida. Me recordó las ocasiones en que yo mismo me despedía de mi Mamá. Fue como una regresión al pasado. Hay despedidas que calan hondo y sin duda esta fue una de ellas, al menos para mí. Después de la despedida y ya de regreso, guardamos silencio por espacio de media hora (Ale, Gladis y Yo), cada uno sumergido en sus propios pensamientos, tratando de asimilar o explicar el asiento vacío que ahora llevaba nuestro coche. Ahora nuestra casa tiene ya dos recamaras vacías y cada que pienso en eso me invade un desasosiego algo difícil de explicar. Pienso que ya no somos una familia joven, en la que todos nos sentábamos alrededor de la mesa al regreso de la escuela y del trabajo. Ahora somos una familia mas bien madura en la que esas mismas reuniones (antes diarias), ahora se dilatarán algunos meses. La despedida de mi papá fue muy difícil. Su enfermedad lo tiene postrado casi permanentemente. Me despedí de él con la desagradable sensación de que tal vez sea la última vez que nos veamos, nos toquemos y nos dirijamos la palabra. Su vista cansada, su delgadez, su andar pausado y sus infinitas dolencias contrastan con el recuerdo de aquel hombre recio, trabajador y valiente que guardo de él. Ahora los dos Pedro Conchas se juntan, coinciden en el mismo lugar al mismo tiempo. Uno lleno y el otro casi vacío. Me complace que el Pedro Conchas de acá este junto al Pedro Conchas de allá (su abuelito) después de todo el Pedro Conchas de acá lleva el mismo nombre en honor del Pedro Conchas de allá.